Una Francia de abundancia para los 'cerebros tunecinos'

Artículo publicado el 18 de Junio de 2014
Artículo publicado el 18 de Junio de 2014

En los úl­ti­mos años, el nú­me­ro de "ce­re­bros" que huyen de Túnez no ha pa­ra­do de cre­cer. In­ge­nie­ros, doc­to­ra­dos y uni­ver­si­ta­rios optan por Fran­cia para con­ti­nuar sus ca­rre­ras. Para en­ten­der sus ra­zo­nes, nos ci­ta­mos con ellos en París, donde acep­ta­ron com­par­tir sus ex­pe­rien­cias per­so­na­les.

En la te­rra­za de un café, cerca del par­que de la Vi­llet­te (XIX dis­tri­to de París), me en­cuen­tro con Amine, un in­ge­nie­ro de 30 años en In­for­má­ti­ca In­dus­trial y Au­to­má­ti­ca. Amine vino a Fran­cia des­pués de una ex­pe­rien­cia de 2 años en una em­pre­sa en Túnez. Un tra­ba­jo bien re­mu­ne­ra­do, pero mo­nó­tono y con poca res­pon­sa­bi­li­dad: "tra­ba­já­ba­mos como má­qui­nas en un pro­yec­to sin saber real­men­te lo que ha­cía­mos. Me ha­bría gus­ta­do tener una vi­sión ge­ne­ral, saber lo que se hacía por en­ci­ma de mi tra­ba­jo". Así que le sur­gió la idea de so­li­ci­tar­le tra­ba­jo al pro­vee­dor de su em­pre­sa tu­ne­ci­na en Fran­cia. "Lo que que­ría, lo he con­se­gui­do. Ejer­zo un ver­da­de­ro tra­ba­jo de in­ge­nie­ro y me sien­to rea­li­za­do", añade Amine.

4 meses en fran­cia más ren­ta­bles que 24 en túnez

Estos sen­ti­mien­tos de es­tan­ca­mien­to y de falta de pro­gre­so se ha ge­ne­ra­li­za­do entre los jó­ve­nes "ce­re­bros tu­ne­ci­nos", y cul­pan tanto a las em­pre­sas pri­va­das como a las pú­bli­cas. Lo de­mues­tra Helmi, de 34 años, con­sul­tor  de Se­gu­ri­dad de Sis­te­mas de In­for­ma­ción. Des­pués de pasar 5 años en la Agen­cia Na­cio­nal de Se­gu­ri­dad In­for­má­ti­ca, de­ci­dió poner rumbo a Fran­cia por­que "los jó­ve­nes no pue­den evo­lu­cio­nar en el seno de la ad­mi­nis­tra­ción tu­ne­ci­na, y un buen nú­me­ro de ex­per­tos se 'mue­ren' allí". Joven in­ge­nie­ro y padre de fa­mi­lia, Mhen­ni ter­mi­nó sus pla­nes de es­tu­dio en Fran­cia en 4 meses, y afir­ma que han sido más be­ne­fi­cio­sos para él que 24 meses en Túnez. Una frase cho­can­te que so­li­di­fi­ca el pro­ble­ma del aban­dono de las éli­tes tu­ne­ci­nas hacia Fran­cia. Mhen­ni dice que más allá de las com­pe­ten­cias téc­ni­cas que él ha po­di­do ad­qui­rir en el He­xá­gono, ha en­con­tra­do en su lugar de tra­ba­jo un am­bien­te agra­da­ble donde le dan im­por­tan­cia a los va­lo­res hu­ma­nos, y donde los em­plea­dos son tra­ta­dos como hom­bres y no como má­qui­nas. En Túnez, la men­ta­li­dad es to­tal­men­te di­fe­ren­te para él, entre mues­tras de in­do­len­cias, actos in­cí­vi­cos y una evi­den­te falta de or­ga­ni­za­ción.

Esto tam­bién fue un fac­tor de­ter­mi­nan­te para Nadia, de 28 años. Ella de­ci­dió cursar un más­ter en Econo­mía y Fi­nan­za In­ter­na­cio­nal en París 13 des­pués de ob­te­ner un di­plo­ma por haber su­pe­ra­do dos años del IHEC (Ins­ti­tut des Hau­tes Etu­des Com­mer­cia­les) de Car­ta­go, con la es­pe­ran­za de con­se­guir un tra­ba­jo en Fran­cia. "La so­cie­dad aquí es menos exi­gen­te y los va­lo­res cí­vi­cos son más im­por­tan­tes que en Túnez", con­clu­ye ella.

"In­te­lec­tual­men­te co­lo­ni­za­dos"

Mona, de 28 años, doc­to­ra­da en Mercadeo y pro­fe­so­ra-in­ves­ti­ga­do­ra en Pa­ris-Sud, evoca ra­zo­nes fa­mi­lia­res: "Quie­ro ga­ran­ti­zar un buen fu­tu­ro para mis hijos y sería egoís­ta si no les hago apro­ve­char las mis­mas opor­tu­ni­da­des de mi tra­ba­jo". Además, también se refiere a los mis­mos pro­ble­mas de falta de ci­vis­mo se­ña­la­dos por Mhen­ni. Con tris­te­za, dice que ella "ya no se ve vi­vien­do en Túnez".

Des­pués de 75 años de co­lo­nia­lis­mo, el fran­cés es la len­gua de en­se­ñan­za, par­ti­cu­lar­men­te cien­tí­fi­ca, y es la fa­vo­ri­ta tam­bién en el de­par­ta­men­to de las éli­tes. Para Mehdi, de 28 años e in­ge­nie­ro en un gran banco fran­cés, "Fran­cia co­lo­ni­za ahora la Túnez in­te­lec­tual. Los es­tu­dian­tes que salen con mejores notas de la se­lec­ti­vi­dad consiguen un puesto en las gran­des es­cue­las fran­ce­sas, y los alum­nos de las es­cue­las pre­pa­ra­to­rias pasan a los exámenes fran­ce­ses". Los in­ge­nie­ros que se gra­dúan en el país son des­pués "bom­bea­dos" para Fran­cia, dada la enor­me de­man­da del mer­ca­do he­xa­go­nal.

La de­ci­sión de vol­ver al redil es di­fi­cil de tomar de­bi­do a que las opor­tu­ni­da­des en Fran­cia so­bre­pa­san am­plia­men­te a las del país de ori­gen. Pero la nos­tal­gia está ahí, y los ex­pa­tria­dos bus­can una si­tua­ción fa­mi­liar es­ta­ble. Con este ob­je­ti­vo, Mona es­pe­ra ca­sar­se, mien­tras que Amine ha so­li­ci­ta­do un re­agru­pa­mien­to fa­mi­liar para tener a su mujer a su lado. Mona con­fía en que la si­tua­ción en Fran­cia sea más ven­ta­jo­sa para una pa­re­ja ca­sa­da. Re­gre­sar a Túnez es una op­ción que ha con­si­de­ra­do Helmi, pero no hasta que no pasen, al menos, 5 años pues sus hijos están es­co­la­ri­za­dos en Fran­cia. A Amine le gus­ta­ría vol­ver e in­de­pen­di­zar­se des­pués de haber ad­qui­ri­do un poco de más ex­pe­rien­cia. Pero cuando le planteo la cuestión: "¿Tie­nes pla­nes de vol­ver algún día a Túnez?",  la res­pues­ta más es­pon­tá­nea y dada por el resto es: "¡Si Dios quie­re!".

ESTE AR­TÍCU­LO FORMA PARTE DE UNA EDI­CIÓN ES­PE­CIAL DEL PRO­YEC­TO "EU­RO­MED RE­POR­TER" INI­CIA­DO POR CA­FÉ­BA­BEL EN COOPE­RA­CIÓN CON SEARCH FOR COM­MON GROUND Y LA FUN­DA­CIÓN ANNA LINDH.