¿Una generación low cost ?

Artículo publicado el 9 de Enero de 2006
Artículo publicado el 9 de Enero de 2006
Son europeos, tienen entre 20 y 30 años y celebran la era del consumo a bajo coste, sobre todo en los transportes aéreos, telecomunicaciones y alimentación. ¿Una revolución de dimensión europea?

El concepto de low cost puede ser una filosofía de vida cuando una necesidad y su satisfacción se vuelven muy sensibles a los precios, representando un estándar de calidad solo en contados casos. Esto identifica a los jóvenes europeos del siglo XXI: tienen entre veinte y treinta años y sus disponibilidades económicas se encuentran muy limitadas, siendo estudiantes o jóvenes con alta formación académica pero que tardan bastantes años en encontrar un empleo digno. En una fase de estancamiento económico que aflige a casi todo el continente europeo con altas tasas de desempleo juvenil que en algunos países de la Unión Europea rebasan la franja del 20% de la población activa.

¿Algo que es bueno lo es para siempre?

Cada vez más el precio se convierte en una variable crucial, pero ¿cuál es el precio justo para nuestros jóvenes europeos? ¿Cuánto es un precio sensible? La propensión a pagar má o menos depende en todo caso del producto que intentamos adquirir. En lo que respecta a la alimentación, por ejemplo, uno no se fija tanto en el gasto: "prefiero pagar un poco más porque la calidad de lo que como será aún mayor", nos relata Miriam, estudiante de ciencias interculturales e internacionales en Barcelona. En el mismo sentido opina Rahel, estudiante de derecho en Postdam que se declara "dispuesto a comprar productos biológicos" mientras sus cuentas se lo permitan. "son productos muy caros", explica, "aunque para la fruta y la verdura no vale la pena puesto que existe la certeza de que no se tratan de productos genéticamente modificados".

Respecto a zapatos y vestuario, en cambio, los jóvenes europeos se muestran más divergentes. Los hay quien, como Judit, que trabaja en el Parlamento húngaro, piensa que un buen par de zapatos y de gafas de marca disminuyen mucho la sensibilidad hacia el precio. Por otro lado, los hay quien, como Vanessa (empleada en una multinacional en Bruselas), cuando está de buen humor se va de compras, adquiriendo sobretodo vestidos: "es entonces cuando me sale mi vena americana", confiesa esta franco-americana afincada en Bruselas. En este caso, la fiel compradora vence a la variable precio. Hasta el momento, ninguno de los entrevistados se declara dispuesto a gastar en marcas de lujo en el sector de la moda: si bien el precio refleja en efecto más o menos la calidad de un artículo, se muestran todos de acuerdo a la hora de afirmar que ciertas marcas se cotizan más sólo porque son el último grito y no porque ofrezcan una calidad superior. En ropa y en electrónica es en lo que más se gasta en tiempos de rebajas: en enero y en julio.

Bajos costes + grandes números = Más Europa

Pasemos ahora a aquellos sectores en los que el precio marca realmente la diferencia e influye notablemente en la "sensibilidad" de la eurogeneración, la primera generación que vive Europa día a día. Los vuelos aéreos a bajo precio, los grandes descuentos, los medios de comunicación a bajísimo coste y el comercio electrónico (sobre todo para adquirir productos tecnológicos) son las cuatro puntas del diamante según nuestros entrevistados. Permiten alcanzar un óptimo compromiso calidad-precio en los placeres más cotidianos (comer, comunicar, escuchar música o disfrutar de un vídeo), que en aquellos que son "extraordinarios". Los vuelos aéreos son el ejemplo más significativo, motivando a su vez una revolución en el estilo de vida de muchos jóvenes. Estos, al contrario que sus padres, pueden permitirse viajar con mayor frecuencia y a destinos más lejanos, gracias al desarrollo de las compañías aéreas de bajo coste, las cuales se han concentrado sobre una dimensión más europea que nacional. "¡Pero cuánta Europa te has hecho!", me comentó mi madre a la vuelta del enésimo viaje "made in Ryanair", una compañía aérea que ha sumado más de veintiocho millones de pasajeros entre los meses de abril de 2004 y 2005. Los otros nombres de esta revolución que conjuga bajo coste y más Europa son Vueling, Germanwings, skyeurope, Skype, Msn Messenger y Google Talk, que ofrecen solcuciones de mensajería instantánea o Voip: la telefonía vía Internet también intercontinental. Basta dotarse de un par de auriculares y un micrófono. ¿Su coste? Únicamente la conexión a la red. El alcance del cambio se presupone masivo: solamente Skype, recientemente adquirida por eBay aúna a 55 millones de usuarios alrededor del mundo, y se prevén 197 millones de usuarios Voip en 2010. En el futuro, los escenarios podrán realmente ser sorprendentes: se podrán impartir cursos de idiomas con nativos, estando cada uno en su país, como ya hacen Linda, estudiante de Budapest, y Sara, becaria de ciencias políticas en Roma. A la enseñanza internacional se añaden además los productos de grandes descuentos que llevan consigo una gran relación calidad-precio también para los jóvenes europeos que, como Miriam y Rahel en la elección alimentaria anteponen la calidad a la cantidad. La pasta de marca Lidl, de su homónimo supermercado de descuento, por ejemplo, se produce en Italia, se comercializa en toda Europa siendo su excelente calidad reconocida por todos.

Low cost más por necesidad que por filosofía: los jóvenes prefieren utilizar sus modestos presupuestos para una calidad de vida que pasa por una auténtica calidad de bienes y servicios adquiridos. Productos cuyo precio se convierten en una variable de evaluación de manera crítica y a menudo indicadores de una ventaja ficticia. Es además un punto directo de intercambio de información sobre las ofertas más ventajosas que continúan floreciendo a través de las community en línea: eche un vistazo a la simpática página italiana Zingarate.com, que juega con las low cost europeas. Hoy en día, se ha convertido en un fenómeno de costumbre.

¿Y en el futuro?: a bajo coste en aún más sectores, quien quiera más Europa para todos.

Han colaborado: Judit Járadi de Budapest, Vanessa Witkowski de Bruselas, Rahel Weingaertner da Berlín, Miriam Rodríguez de Barcelona y Letizia Gambini de Florencia