Una historia de amor turca en las orillas danesas

Artículo publicado el 29 de Febrero de 2008
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Artículo publicado el 29 de Febrero de 2008
Con 3,8 millones de inmigrantes turcos en la Unión Europea, nos dirigimos a Dinamarca donde se encuentra la séptima mayor población turca en Europa. Aydin Ozturk, de 50 años, se asentó en Odense con su pareja danesa y halló su lugar en la sociedad.

16 de abril de 1980. Un barco privado perteneciente a la acomodada familia turca Sadikogullari arriba a puerto en Nakskov, al sur de la costa danesa. Aydin Ozturk, de 23 años, miembro de la tripulación, queda impresionado desde le inicio por las diferencias entre su ciudad natal, Estambul, la mayor de Turquía, y este pequeño pueblo en Dinamarca. Con una población de 5 millones de personas (hoy en día 12,5 millones), Estambul bulle con su gente y su tráfico. En cambio, aquí sólo se puede atisbar un par de coches y gente de camino al trabajo. Las señales de la ciudad contribuyen a la alienación, pero cuando un poco más tarde llega a una bodega en una esquina, siente que lo suyo es amor a primera vista hacia su hermosa vendedora rubia.

Aydin y Liz tradujeron el lenguaje del amor en un inglés imperfecto, y se mantuvieron en contacto cuando él volvió a Estambul. Liz, con 18 años, se mudó a Estambul, tras haber convencido a sus prejuiciosos padres sobre sus sentimientos hacia este turco. Se casaron a los dos meses. La toma de Turquía por los militares hizo que la joven pareja retornara a Nakskov, cerca de los padres de Liz. Ella quedó embarazada y Aydin hizo un curso de soldura de un año para trabajar en un astillero de Copenhague. En su tiempo libre, jugaba al fútbol profesional en la tercera división.

Familias que cambian

Las familias de migrantes turcos están cambiando con los años. La primera generación, en los años sesenta, todavía prefiere vivir en Turquía, aunque las cosas cambiaron bastante desde que en efecto se fueron. La segunda generación siente como si estuvieran en medio de ninguna parte cuando llegan a Dinamarca como adolescentes. Liz fue a la Universidad en 1992, convirtiéndose en profesora de inglés y alemán, y envió a sus dos hijas a estudiar a Turquía en 2000 mientras Aydin trabajaba en Dinamarca en empresas privadas. Cuatro años más tarde, la familia se reunió de nuevo y se mudaron a Odense.

El reducido número de programas de adaptación no podía ayudar a los inmigrantes turcos a integrarse de pleno en la nueva cultura donde se hallaban inmersos, siendo Aydin una de las excepciones. “Jugaba a los dardos con mi suegro, tratando de aprender danés con su ayuda”, dice este hombre a sus 50 años. Su hogar es la perfecta combinación de dos culturas: alfombras persas colocadas junto a un mueble sueco de Ikea y lámparas de diseño sueco colgando en una esquina. El olor a café turco impregna el aire mientras la familia atiende a las noticias en la tele danesa. Tienen también canales turcos, gracias a la antena parabólica. “Nunca dejé de trabajar y conocí tantos daneses como pude para mejorar mi idioma y mi vida social”, cuenta Aydin.

Las nuevas medidas que el Gobierno ha adoptado son dignas de mención. Bunyamin Simsek, un consejero municipal de Arhus, explica que el gobierno danés tiene en cuenta las reagrupaciones familiares. “Desde 2002, cada persona que planee emigrar a Dinamarca tiene que pasar un examen de lengua y cultura danesas y seguir un curso de danés durante tres años. Los ayuntamientos ofrecen asimismo actividades sociales para su mejor integración”.

Creando espacios en sociedad

Dichos programas ya han demostrado ser exitosos para los recién llegados. Según Estadísticas Dinamarca, una organización gubernamental danesa dependiente del Ministerio de Economía y Negocios, la tasa de empleo de los inmigrantes aumentó considerablemente. Una entrevista realizada por el Instituto de Análisis de Mercados demostró que el 76% de los empleadores privados están satisfechos con los nuevos inmigrantes. El porcentaje alcanza el 79% en los espacios de trabajo público.

“Nunca pasé demasiado tiempo con turcos”, finaliza Aydin entre sorbos de café. “Si te mantienes demasiaso e el círculo de turcos, no te puedes adaptar a la nueva cultura. Muchos inmigrantes aquí están parados. No me gusta perder el tiempo en una cafetería jugando a cartas todo el día. Tienes que haces sacrificios, ser el mejor en tu trabajo. Si tienes éxito, todo el mundo te respeta, sin importar de donde vengas.”

Fotos en texto: (Heloise/Flickr)