Una juventud comprometida

Artículo publicado el 23 de Enero de 2008
Revista publicada
Artículo publicado el 23 de Enero de 2008
El aniversario de la revuelta de Mayo del 68 se aproxima. A pesar del disgusto de algunos, el legado del levantamiento popular aún sigue presente y los jóvenes, a su manera, toman el relevo.

Para retornar con la polémica, basta con poner la oreja. Las reacciones se han reavivado como consecuencia de las declaraciones del presidente francés Nicolas Sarkozy el 29 de abril de 2007. Por entonces afirmó querer “acabar con el Mayo del 68”. Una provocación en sí misma, a jóvenes y mayores que creen en el progreso social, en la libertad y el humanismo. A partir del día después de su elección, se lanzó una gran fiesta Revival Mayo 68 en Myspace. Ahora es posible comprobar el florecimiento en las paredes de París de una enorme cantidad de graffitis convocando a un mayo 2008.

Nostalgia de las barricadas para algunos, fantasma para otros: el recuerdo de Mayo 68, de tanto en tanto, sale a la superficie. Sobre todo cuando la juventud se cabrea. Durante las manifestaciones francesas contra el “contrato de primer empleo” (CPE) en 2005, algunos “adultos” temieron un evento de las mismas características. Un cierto número de ingredientes, en efecto, se habían reunido: discursos racistas, sexistas y homófobos pronunciados en público por ciertas personalidades políticas, represión policial, desigualdades sociales, restricción de las libertades individuales, deterioro de algunos logros en el marco del orden social.

Sólo que en 40 años ya llueve sobre mojado. Una parte de los valores defendidos en esta época han transformado a la sociedad. La mundialización e internet han modificado de manera increíble las reglas del juego. Se han disfrazado con marcas degradadas y han saturado todo de “jóvenes” evolucionados en una sociedad en la que la elite dirigente es, en parte, la de la “generación de 68”.

En cada época su compromiso

El compromiso es otro. Algunos jóvenes vislumbran su actuación por fuera de la adhesión y apoyo a una organización. La duración de su compromiso es mucho más limitada en el tiempo. De la misma manera que en el mundo laboral, los jóvenes tienden a multiplicar sus experiencias.

Las formas clásicas de la acciones contestatarias, ya sean manifestaciones, huelgas o boicots, aún perduran. Pero no conservan la misma fuerza de impacto. Actualmente, las nuevas generaciones vienen cargadas de diplomas, trabajan en empleos a menudo precarios y se presentan despolitizadas y fuera de los canales sindicales. Renuevan por completo las armas del compromiso creando colectivos de acciones puras, espectaculares y, con frecuencia, usando el arma del humor.

Ya se trate de casser la pub (“romper la publicidad”), de denunciar la condición de los becarios como ha ocurrido con la Generación Precaria, o de denunciar la crisis de la vivienda como son los casos de Jeudi Noir (Jueves Negro) y Les Enfants de Don Quichotte (Los Hijos de Don Quijote); estos jóvenes militantes tienen un punto en común: dirigen sus acciones y son muy hábiles con la imagen y las nuevas tecnologías. ¿Cuál es el futuro y la influencia de estas acciones en la evolución del compromiso juvenil? Difícil de pronosticar. Una cosa sí es segura: saben atraer la atención de la opinión pública sobre los temas que no abordan los medios de comunicación.

Iniciativas colectivas e individuales

¿Entonces cuáles pueden ser los motores que empujen a los jóvenes a comprometerse? Puede bastar un simple hecho que nos pille por sorpresa, como el terremoto en Argelia en la primavera de 2003. Varios jóvenes, la mayoría de origen argelino, se inscribieron en una acción solidaria a favor de las víctimas después del impacto.

El compromiso se halla también en el interés personal o profesional que cae en picado: construcción de sí mismo, precariedad… Encontrarse, encontrar el lugar de cada uno, en suma, su “utilidad social”. Sin olvidar llevar a cabo una experiencia de voluntariado a menudo percibida como un punto a favor en el currículum vitae.

La creación, colectiva o individual, asimismo, permite a los jóvenes demostrar su compromiso con una causa. El fotógrafo JR, por ejemplo, expone sus obras de jóvenes “urbanitas” haciendo muecas en el atrio del Hôtel de Ville (Ayuntamiento de París). Su objetivo: cuestionar al espectador y al paseante acerca de su propia mirada.

Actuar, sí…, ¿pero y después?

Los jóvenes tienen buena voluntad, pero también contradicciones. Se reconocen, con frecuencia, perdidos entre un sentimiento de impotencia, una ideología de la renuncia y una voluntad de espíritu de cambio, como subraya, en un ensayo, la socióloga Anne Muxel.

Denuncian entre otras cosas, el hecho de ser “subempleados” y utilizados. ¿Impaciencia o falta de confianza por parte de los adultos hacia la juventud? Para Elisa Braley, de la Federación de Asociaciones de Estudiantes (FAGE): “Son pocas las asociaciones que tienen en cuenta las competencias que los jóvenes han adquirido en términos de responsabilidad, de autonomía, de experiencia y que les proporciona modos de compromiso interesantes.”

El motor asociativo

De acuerdo con las encuestas publicadas por el Observatorio francés de la Vida Estudiantil (OVE) y el INSEE (Instituto francés de estadística) en 2006, 4 de cada 10 estudiantes se vieron tentados por una actividad asociativa voluntaria. Casi uno sobre dos, relacionado con actividades deportivas. El 23% de los estudiantes manifiestan otros compromisos, sobre todo culturales o solidarios.

Por último, el compromiso asociativo de los estudiantes en Francia se reparte así: representación estudiantil (13% de los miembros), acción social de proximidad (12%), solidaridad internacional (9%), y ayuda mutua escolar (6%). Hecho sorprendente, a pesar de la importancia de la comunicación y del debate público sobre el tema, el medio ambiente no atrae más que al 3,5% de los comprometidos, es decir a menos del 1% del conjunto de los estudiantes.

El colectivo Jeudi noir (Foto, William Hamon/Flickr); El fotógrafo JR pega sus imágenes en las paredes de París (Foto, e-chan/Flickr)