Una ley europea contra el odio racial

Artículo publicado el 18 de Diciembre de 2008
Artículo publicado el 18 de Diciembre de 2008
Jacques Barrot, comisario de la UE para la Justicia y la Seguridad, anunció, el 29 de noviembre de 2009, la aprobación de la ley marco contra el racismo. Para su integración en la legislación nacional hay un plazo de dos años

“El racismo y la xenofobia no caben en ningún lugar de Europa”, ha declarado Barrot, “y vamos a castigarlas de forma estricta, con medidas duras y eficaces, porque la intolerancia es una violación directa de los principios de la libertad, la democracia y el respeto de los derechos humanos y libertades fundamentales sobre los que se construye la Unión Europea”. La ley marco aprobada el 28 de noviembre prevé la pena de cárcel, de uno a tres años, para quien incite públicamente al odio racial y a la xenofobia, también cuando se hace a través de la difusión escrita, fotos y otros materiales, dirigidos contra un grupo o una persona individual por razón de su raza, religión, origen nacional o étnico, o bien que tolere, niegue o minimice de manera importante los crímenes de genocidio, contra la humanidad y de guerra. ¿Es demasiado tarde para Italia?

El pueblo romaní: emergencia humanitaria y política

“El caso italiano es una emergencia humanitaria. Aunque debería ser también una emergencia política, solo que los políticos instrumentalizan el problema para conseguir el consenso, la verdad es que no hay diferencias entre la derecha y la izquierda cuando se habla de los gitanos”, explica Roberto Malini, el responsable del grupo Everyone, que se ocupa de los derechos del pueblo romaní. A propósito de la ley aprobada el 28 de noviembre en el Parlamento Europeo, se siente a la vez contento y preocupado: “Finalmente ha llegado una señal fuerte desde Europa, en cualquier caso debemos seguir alerta. La comunidad romaní en Italia se ha reducido mucho, permaneciendo solo en Pesaro y Florencia, donde la actividad es más fuerte. Y en Milán, aunque con características diferentes. En Roma Casilino, 900 está en riesgo de desalojo. Los pocos romaníes que quedan están en malas condiciones, y no hablan porque tienen miedo. Se sienten amenazados por las autoridades locales. En la práctica, dos generaciones presentes (de los años 70 y 90) han desaparecido, y quedan solo los de la última generación (proveniente de Rumanía) a los que les gustaría irse, pero que por motivos económicos no pueden y están "prisioneros en su propio país". 

"Vamos a España, donde la comunidad romaní es mas fuerte y está aceptada"

Esto ha llevado a un éxodo fuera del país de miles de ellos en un período de menos de cuatro meses: “Vamos a España, donde la comunidad romaní es más fuerte y está aceptada. Y también en Francia, además el gobierno francés favorece la repatriación con una asignación de 3.200 euros, por ejemplo. En cambio, Alemania controla bien el ingreso. Otros simplemente están haciendo el camino de vuelta a casa, a sus naciones de origen como Hungría o Rumanía. Estos Estados debería destinar ayudas a facilitar la reinserción de estas personas y evitar que haya otras manifiestaciones de intolerancia”.

De la promoción de la ley, junto con el grupo Everyone, se ha ocupado también la eurodiputada húngara Viktoria Mohacsi: “He viajado por toda Europa para observar y analizar la situación de los asentamientos romaníes. Nunca he visto un nivel de violación de los derechos humanos similar al que las instituciones italianas han establecido contra mi pueblo”, ha recordado en un dosier, Viaje a través de la Italia del odio racial. “Además de la pobreza, la negación de los valores de igualdad y convivencia, he presenciado operaciones étnicas similares a las del Tercer Reich. Los niños están siendo robados por las autoridades con el objetivo de impedir que las familias romaníes puedan vivir y educar a sus hijos en el territorio italiano”.

Dos años -que es el plazo de tiempo que disponen los 27 Estados miembro de la Unión para adaptarse a la legislación europea- parece un lapso de tiempo demasiado largo, sobre todo para Italia, que en solo seis meses ha echado abajo tres cuartas partes de los campamentos gitanos.