Una peatonalización de a pie

Artículo publicado el 6 de Abril de 2011
Artículo publicado el 6 de Abril de 2011
De lo concreto a lo abstracto.
De la peatonalización como candente problema urbano, en este comienzo de siglo en el que alborea, al fin, una seria preocupación por el clima, hasta el carácter del pueblo mediterráneo, tan rico en manifestaciones culturales, tan vivo en lo que a la ocupación de espacios físicos y artísticos se refiere, a la par que moribundo en lo que concierne a la movilización social y a su tejido asociativo.

Es evidente que no podemos seguir por más tiempo en el carril petrolero de la segunda mitad del siglo veinte. Es más evidente aún que los recursos son limitados, y que la proverbial manta para cubrir a la mujer desnuda cada vez se hace más corta, menos tupida. Es evidente que tenemos que frenar nuestros ritmos, nuestras apetencias, nuestro consumo, que tenemos que peatonalizar nuestras vidas, que volver a ser mediterráneos.

La peatonalización en las grandes ciudades, el problema del transporte urbano en general, se resiste a las grandes ideas, a los conceptos generales, para descender a la casuística concreta de cada calle y cada barrio. La peatonalización fallará con casi total seguridad si es otorgada, al uso dieciochesco, por los ilustrados municipales de turno.

Son las asociaciones de comerciantes, las vecinales, el pueblo articulado en entidades representativas de base, las que deben señalar a los técnicos de traje gris el sendero cercano, concreto, las necesidades reales y sobre todo, evitar que se diseñe una peatonalización sobre el papel y no sobre el latir preciso de la calle.

Me temo que esta cuestión incide precisamente en una de las carencias de nuestro pueblo mediterráneo: la persistente dejadez, y el excesivo individualismo, casi siempre insolidario, que nos conduce a paliar los problemas por no haberlos prevenido antes desde nuestro tejido social.

Es este un tema aparentemente anecdótico en la agenda política, pero más esencial de lo que pudiera pensarse a tenor de los insostenibles modelos económicos vigentes.

Aparquemos nuestro cómodo e individual utilitario y tratemos de caminar en esta crucial primera mitad de Siglo. A ser posible juntos.

Joaquín Saravia

Foto: Elena Urbina

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