Una semana de Ramadán/Ramadán en Sarajevo

Artículo publicado el 26 de Agosto de 2011
Publicado por la comunidad
Artículo publicado el 26 de Agosto de 2011
Por North “Amer” Campbell. Traducido por Xabier Ojer. Mi primer y falso “Iftar” tras un fallido día de ayuno. El Ramadán es el mes en el que muchos musulmanes se alejan del sol y son partícipes de la noche. Durante estos días he podido ver todas las tardes a un hombre de pie en la esquina de mi calle, al lado de unas cajas de cartón sosteniendo bolsas de pan “Somun”.
Algunas de las barras sudan al sol de Sarajevo y la condensación se percibe en las bolsas de plástico. El “Somun” es un pan tradicional que se degusta en las cenas rápidas al ocaso del sol de este periodo llamadas “Iftar”.

No todos los años coincide el Ramadán con un mes de verano ya que el Ramadán se rige por el calendario lunar islámico y no por el Gregoriano que todos conocemos. Cada año este periodo se inicia unos diez días antes que el año anterior. El mes viene a simbolizar el tiempo en el que los primeros versos del Corán fueron revelados al profeta Mahoma.

Además del ayuno, hay otros requisitos que deben cumplir los musulmanes. No deben tener sexo, ni beber (ni siquiera agua), ni fumar, en definitiva evitar cualquier tentación hasta la retirada del sol. Además deben leer durante este periodo el Corán y seguir el estilo de vida de Mahoma a pies juntillas.

El lunes no me di cuenta de que había comenzado el Ramadán hasta bien entrada la tarde y hasta ese momento había comido pan, queso, nueces y otras cosas. Fue entonces cuando decidí acudir hacia Baščaršija, la parte vieja y el centro islámico de la ciudad de Sarajevo, en la que sería mi primera noche de Ramadán.

Lo único que había cumplido de los preceptos ese día fue lo relativo al sexo y al uso de internet y sabía que uno de ellos lo podría encontrar en mi café favorito. Una vez quebrada mi abstinencia cibernética y mientras degustaba un cortado en el café Sova, uno de los camareros se sentó en la mesa de al lado con una bolsa de comida bosnia para llevar. Se llamaba Nadir y me invitó a unirme a él en su “Iftar”. Como ya había comido decliné sus ofrecimientos culinarios, aunque sí acepté un poco de su zumo. “Tengo tanto hambre que no sé si podré comerme todo esto” me dijo. “¿Has estado alguna vez tan hambriento que no puedes comer casi nada?. “No, nunca” respondí.

Nadir me explicó el significado del Ramadán basado en los cinco preceptos del Islam. Estos son algo así:

1. Alá es el único Dios y Mahoma fue su mensajero.

2. Reza cinco veces por día.

3. Destina una proporción lógica de tus rendimientos económicos a caridad.

4. Ayuna durante el mes de Ramadán.

5. Si te lo puedes permitir peregrina a La Meca al menos una vez en tu vida.

Sobre la recomendación de dar a aquellos que tienen menos Nadir me advirtió que “no todos los musulmanes lo cumplen. Si cada Musulmán de Qatar diera lo que debiera, toda África podría comer sin problemas”. No sé de donde sacó Nadir esta información, pero dudo que esto fuera cierto, aunque los qataríes decidieran abrir sus bolsillos para África.

De todas formas lo que extraigo de todo ello es que hay un cisma importante entre lo que es la filosofía islámica y la práctica caritativa.

-Nadir: “Existen ¡1.500 millones de Musulmanes en el mundo! Si todos ellos dieran un poco las cosas irían mejor…Pero el día del juicio final llegará” aventuró.

-“¿Pero no ha llegado ya?” le espeté yo.

-Nadir: “Llegará. Debemos prepararnos para ese día. Estate preparado”.

-“Y no será un buen día, ¿no?”

-Nadir: No! No. Será caótico. Quizás estemos en este mundo y quizás ya nos hayamos ido. No hay manera de saberlo”.

Nadir me convenció para que me acabara sus sobras de la comida. Cuando había llegado allí, el bar estaba vacío y todavía era de día, pero poco a poco el resto de mesas se habían poblado. Baščaršija comenzaba a tomar vida y Nadir tenía que volver al trabajo. Antes de irse Nadir me dejó una chocolatina de tamaño gigante en mi plato y me dijo “tras el Iftar tienes que comer algún dulce”.

Esa noche, mientras cruzaba toda Baščaršija camino de vuelta a casa, vi a un montón de gente rezando en el patio iluminado de la Gran Mezquita y a grupos de amigos y familias completas paseando sobre los adoquines de la calle. Las tiendas de baratijas estaban abiertas y hay un sentimiento de disimulada emoción durante los tiempos de oración en las fechas del Ramadán con palabras suaves pronunciadas durante los ayunos quebrados.