Una tele para despertar las conciencias europeas

Artículo publicado el 22 de Abril de 2003
Publicado por la comunidad
Artículo publicado el 22 de Abril de 2003

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Falta mucho para terminar de construir el espacio público europeo. Los medios de masas constituyen en la materia potentes aceleradores. Pero le cuesta a la UE lograr su campaña mediática.

La televisión, medio de masas por excelencia, es un terreno de expresión privilegiado para los gobernantes que pueden, por este medio, alcanzar un gran número de ciudadanos e informar, e incluso manipular la opinión pública. Esto es cierto para los Estados miembros (EM), pero en apariencia no para la UE, a la que los programas de televisión reservan a menudo una muy pequeña parte. La idea de una UE víctima impotente de los medios sólo convence a medias a los ciudadanos europeos. Europa no puede escapar a los principios democráticos de información y de comunicación pública y debe encontrar los medios para poder alcanzar a la mayor parte de ciudadanos.

No qué pensar, sino en qué pensar

La cuestión de la influencia de los medios sobre las sociedades vuelve a aparecer y evoluciona a medida que la tecnología permite una comunicación masiva, a la que nadie puede escapar. Es el caso, en particular, de la televisión. Si los programas de televisión son el reflejo de la sociedad en la que viven y propagan los valores sociales más compartidos, el contenido audiovisual es también una herramienta para direccionar a la opinión publica. Históricamente, el estudio de los efectos de los medios de masas sobre las poblaciones conoce varias edades. En un primer tiempo, se considera el mensaje televisivo como una fuerza persuasiva casi-total. Los especialistas utilizan la imagen de la jeringuilla hipodérmica que permite inocular a los telespectadores un prêt-a-pensar imperativo. Luego, numerosos estudios relativizan los efectos de los medios de masas. Se insiste entonces en las capacidades individuales para usar racionalmente el contenido televisivo.

A fin de cuentas, se puede pensar que si la tele no dice exactamente qué pensar, por lo menos logra orientar los espíritus e indica en qué hay que pensar, ejerciendo así un cierto enfoque de la realidad y de las preocupaciones sociales. Los políticos tratan de utilizar esta herramienta: algunos éxitos electorales en Europa parecen deber mucho al control de los medios. Las cosas son muy diferentes para la UE que progresa lentamente en un paisaje mediático casi hostil.

¿Porqué no sale la UE en la tele?

Europa sale poco en la tele, demasiado poco sin duda, si tenemos en cuenta los resultados de los Eurobarómetros [herramienta de análisis de la opinión pública de la Comisión europea, en forma de sondeos]. A la pregunta “¿Dónde la gente busca información sobre la UE?”, la tele ocupa el primer lugar desde lejos entre las respuestas (69%), frente a los periódicos (47%), la radio (20%) o Internet (14%) (1). Desde este punto de vista, podemos constatar un cierto inmovilismo de la UE, por lo menos en apariencia. En efecto, la necesidad de pasar por los medios de masas es la principal recomendación dada por los informes parlamentarios, desde hace por lo menos 10 años. En marzo de 1993, decían ya: “hasta ahora, la comunicación de la Comisión se hacía mayoritariamente en soporte papel, mientras el público que se quiere alcanzar recibe la mayor parte de su información por vía audiovisual. Como media, el ciudadano pasa 3,5 horas por día frente al televisor. Las costumbres de los receptores no deberían modificarse en un futuro próximo, así que por consecuencia, son las costumbres de los emisores las que deben cambiar si quieren establecer un contacto eficaz” (2).

Mientras tanto, la UE tomó la opción de Internet, con cierto éxito. Pero la cuestión de los medios de masas vuelve sin cesar. Es cierto que debemos reconocer que importantes resistencias existen y persisten en el paisaje audiovisual europeo actual. En efecto, las cadenas de televisión de los EM nacieron y se desarrollaron conjuntamente a historias nacionales, en las que están inscritas. Es el caso también de la prensa y de la radio. Por lo tanto, podemos imaginar que la competencia entre los políticos nacionales y europeos para salir en la tele está más a menudo a favor de los primeros. Se puede observar que la programación de las cadenas de los EM sigue mostrando timidez a la hora de proponer programas europeos. La excusa es que la UE no es lo suficientemente “sexy” y podría hacer caer la audiencia. ¿Europa debe pues aceptar estar privada de tele?

¿Hacia una cadena de televisión europea?

Si bien los medios nacionales están tan cerrados a los mensajes y los políticos europeos, pero más generalmente a la idea de una cultura europea, la UE explora diferentes escenarios para ocupar la pequeña pantalla. En primer lugar, hay que seguir tejiendo relaciones privilegiadas con las redacciones nacionales para consolidar la parte que reservan a Europa. Para otros, como Jacques Séguéla, Europa es un producto. El famoso publicitario francés asegura que un buen spot, difundida en todos los EM en los once idiomas oficiales de la UE, permitiría crear una relación de afecto entre la UE y sus clientes, perdón y sus ciudadanos. “¡Europa, te quiero!”, grita un niño al final de la publicidad. ¡Y la guinda sobre el pastel: se puede llamar para ganar un viaje!

Bueno, al fin y al cabo, creemos que lo mejor seria quizás una cadena de televisión europea (o varias), una especie de Europa-TV, cadena de un eventual servicio público comunitario, que podría transmitir mas allá de las fronteras de los EM, por todos los ciudadanos europeos, en todos los idiomas de la UE. Europe by Satellite es un ejemplo embrionario, únicamente difundido por Internet. Arte o Euronews son también buenos precedentes.

La creación de una verdadera cadena de televisión europea sería una medida simbólica importante. Concretamente, seria deseable que esta herramienta sirviera no únicamente para la la información sobre los desafíos comunitarios sino también, por supuesto, para el conocimiento intercultural entre los pueblos de Europa. Una comunicación demasiado institucional correría el riesgo de ser contraproductiva y una cadena dedicada a las instituciones europeas sería más bien vista más como un instrumento de propaganda que de información.

El dilema sigue siendo el mismo para la UE (3): las instituciones europeas quieren ser transparentes, pero, sin impacto mediático, corren el riesgo de ser invisibles. ¿Cómo manejar un proyecto político de Unión Europea sin herramienta mediática de masas, permitiendo informar sobre ella y hacer compartir sus convicciones políticas, históricas y culturales con sus ciudadanos? ¿Cómo preservar esta eventual cadena única de las tentaciones propagandistas? Y en medio de todo eso, ¿cuál es la opinión de los Estados miembros, sentados sobre sus respectivas soberanías catódicas?

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(1) Ver el Eurobarómetro Standard n°58, marzo de 2003.

(2) Ver Reflexión sobre la política de información y de comunicación de la Comunidad Europea. Informe del grupo de expertos presidido por M. Willy De Clercq, eurodiputado, marzo de 1993, pág. 17.

(3) Ver sobre este tema, la entrevista de nuestra redacción con M. Niels-Jorgen Thogersen, director del polo «Comunicación, media y servicios» a la Comisión europea.