¿Una UE verdaderamente democrática?

Artículo publicado el 23 de Mayo de 2005
Artículo publicado el 23 de Mayo de 2005

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Una de las críticas más frecuentes hacia la UE es que sufre de “déficit democrático”. ¿Solventará esto la Constitución?

La UE no es un ejemplo perfecto de democracia participativa, ya que la única institución elegida directamente (el Parlamento Europeo) está en gran medida subordinada a la voluntad de un ejecutivo no elegido (la Comisión). Sin embargo, debe recalcarse seguidamente que en los últimos 25 años, desde la introducción de las elecciones europeas directas, la democracia se ha ido estableciendo gradualmente en el modelo europeo. Recientemente esto se ha hecho patente en el "caso Buttiglione", en el que el Parlamento hizo que Durao Barroso, virtual presidente de la Comisión, se echara atrás en su empeño controvertido por nombrar a uno de los comisarios. La Constitución hará que el papel del Parlamento aumente, lo que incrementará la legitimidad democrática de la UE. Si se dirige correctamente, demostrará que los miembros del Parlamento están en Bruselas por algo más que por los aperitivos, y los votantes podrán ver su voto en acción.

Más eficacia significa más democracia

Otra característica fundamental -y muy controvertida- de la Constitución es la extensión del "voto por mayoría cualificada" (QMV) para cubrir áreas tales como la Cooperación del Judicial y la Policía en Asuntos Criminales. Según el actual sistema base, las decisiones adoptadas en estas áreas deben ser unánimes. Aunque aquellos que se oponen argumenten que el voto por mayoría cualificada interferirá en el derecho soberano al veto de cada nación, se entiende que este cambio es esencial para mejorar la eficacia y elevar la legitimidad democrática de la UE. Empleando una analogía, si se comparte casa con 24 personas sería difícil decidir quién compra la leche si una sola persona pudiera frustrar todo el proceso. Aunque la ponderación de votos fue controvertida durante las negociaciones (especialmente en el caso de España y Polonia), es lógico que en un sistema democrático la toma de decisiones opere por consenso siempre que sea posible y no por oposición limitada. Otros ejemplos de cómo la Constitución mejoraría su eficacia, y por lo tanto también la democracia, serían la elección de un presidente del Consejo Europeo (en lugar del sistema actual de rotación cada seis meses) y un decrecimiento gradual del número de comisarios, partiendo de los 25 actuales a un total de 14.

Democracia participativa

Abraham Lincoln destacó que uno de los aspectos fundamentales de un gobierno democrático es que debe ser “del pueblo, por el pueblo, para el pueblo”, y guiarse por este “mantra” ayudaría a la UE a ir más allá de las reformas institucionales arriba mencionadas y verdaderamente mitigar el aparente déficit democrático de la Unión. Un elemento interesante del texto constitucional es que introduce el "derecho de iniciativa" para los ciudadanos de la UE. Esto permitirá, hipotéticamente, que cualquier grupo de más de un millón de ciudadanos de una cantidad significativa de Estados miembro pueda pedir a la Comisión que se introduzcan sus iniciativas. Una cláusula similar se sometió a debate en el

Tratado de Amsterdam, e incluirla en la Constitución establece un vínculo causal directo entre el ciudadano y las instituciones de la UE. Si esta cláusula se hace efectiva como se merece y se une a una mayor transparencia, supondría un reto al prejuicio de que la UE esta más allá del alcance de los ciudadanos.

El cambio en las votaciones, una mayor eficacia, más poder para el Parlamento Europeo y el derecho a petición incluidos en la Constitución parecen ser, al menos sobre el papel, un paso adelante para librar a la UE de su ubicuo déficit democrático. Sin embargo, no siempre es sencillo trasladar la teoría a la práctica. Asegurar que estas innovaciones se llevan a cabo es fundamental si se quiere sacar el máximo partido de esta oportunidad de reforma institucional y así mejorar la percepción democrática de la Unión.