'Une histoire américaine': Excuse My French 

Artículo publicado el 18 de Febrero de 2015
Artículo publicado el 18 de Febrero de 2015

La segunda película del joven director francés Armel Hostiou no cambiará las ideas de un cine ya conocido por los franceses. Simplemente porque Une histoire américaine se encarga de contar una nueva historia del cine francés. Las explicaciones os las exponemos a continuación.

Une histoire américaine no es una gran película. El segundo largometraje del joven director de Rennes, Armel Hostiou, no alterará la lista de películas que un francés considera que hay que ver antes de envejecer ni sus conversaciones de sobremesa cuando el tema sea decir los nombres de cineastas taquilleros. El argumento tampoco satisfará todos sus deseos de evasión narrativa. Une histoire américaine cuenta simplemente la vida de Vincent, locamente enamorado de Barbara, recorriendo Nueva York para tratar de reconquistarla a toda costa. 

Obsesionado 

La base argumental de la película es la obsesión de un tío por una chica, algo bastante bien visto desde que uno se da cuenta de que la película se vuelve interesante porque su estructura gira en torno a la enorme diferencia sociocultural que puede revelar la terquedad de un francés en Estados Unidos. Titulado Stubborn ('terco') en la versión inglesa, el largometraje permite sobre todo tratar la obsesión en aquello que tiene de cómico. Encarnada por un personaje que rompe totalmente con su entorno, la obsesión se transforma en algo rotundamente trágico. "Nueva York es una ciudad donde las relaciones humanas están muy codificadas y donde esos códigos se respetan por encima de todo", precisa Armel Hostiou cuando se le pregunta por su opinión sobre la terquedad. "Tenía la idea de crear un personaje que se enfrenta a esos códigos, como cuando uno se golpea la cabeza contra la pared para poner a prueba su resistencia".

Tráiler de Une histoire américaine.

Así transcurre el día a día de Vincent, completamente perdido en una ciudad que sólo existe porque Barbara reside allí. En Nueva York, el protagonista pone por testigo unas veces a la ciudad, con una foto de su ex. Otras, a una chica desconocida que utilizará de edredón en los momentos de desaliento.

Más allá de su estructura narrativa, después de todo bastante común, el interés de Une histoire américaine radica sobre todo en las técnicas de montaje. El equipo técnico cabe en una tarjeta de visita. La mayoría de los actores se seleccionaron in situ. Muchas de las escenas se filmaron de forma improvisada, en lugares inesperados, sin que siquiera la gente supiera que allí se estaba rodando una película. Esta decisión da una sensación de naturalidad y proximidad bastante extraña con el espectador, que sigue las tribulaciones del personaje como cuando se rueda a alguien con cámara oculta.

Una determinada idea del cine francés

Une histoire américaine cuenta sobre todo una determinada idea del cine francés contemporáneo. Experimentales, imperfectas, falsamente ingenuas, son numerosas las películas de jóvenes directores del Hexágono (Francia) que intentan descubrir esta idea flirteando para ello con el desengaño. De Justine Triet a Guillaume Brac, pasando por Antonin Peretjako, toda una generación de cineastas treintañeros está actualmente transformando el panorama y las reglas de un cine (demasiado) estereotipado durante mucho tiempo. Caracterizada por un marcado gusto por el arte puro, la esencia de esta nueva guardia se resume perfectamente en la portada que los Cahiers du Cinéma (foto´de la izquierda) les ha dedicado: un grafiti al estilo de los que hacen los punk à chien (punk con perro) en una pared de ladrillo, donde se puede leer la frase "Los jóvenes cineastas franceses no estamos muertos".

La cinta está protagonizada por Vincent Macaigne, un artista proteiforme que es a la vez director de teatro, actor de cine y guionista. Desde hace algunos años, este actor de 36 años encarna con frecuencia a personajes apáticos y con corte de pelo de sindicalista cuando se pone delante de la cámara de los cineastas citados anteriormente. Siempre con el mismo gimmick, o sea ese papel -que le viene que ni pintado- de tío completamente perdido, a la vez tierno y violento con las tías que intenta recuperar. En su papel de roquero depresivo en Tonnerre (Guillaume Brac) o de ex desquiciado en La Bataille de Solférino (Justine Triet), Macaigne borda la interpretación del personaje que no se entera de nada, personaje que se vuelve cada vez más interesante a medida que se aproxima al precipicio.

En la película de Armel Hostiou, Vincent Macaigne es el protagonista y coguionista. Esbozando los rasgos del personaje de Vincent en Une Histoire américaine, el artista se muestra también perdido pero se encuentra siempre en el centro de una historia francesa que inventa, altera y trastoca los códigos del cine. Mucho más rápido de lo que los franceses piensan.

Nota: Une histoire américaine, de Armel Hostiou, se ha estrenado en los cines franceses el 11 de febrero de 2015.