UNESCO: en vigor la convención sobre la excepción cultural

Artículo publicado el 16 de Marzo de 2007
Artículo publicado el 16 de Marzo de 2007

Atención, este artículo no ha sido revisado ni publicado en ningún grupo

El 18 de marzo entra en vigor la Convención sobre protección y la promoción de la diversidad de las expresiones culturales de la UNESCO. De los 25, sólo 12 países la han ratificado.

En la actualidad, existen unas 6.000 lenguas, pero según la UNESCO (Organización de las Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura) más del 50% corre el peligro de desaparecer. Han tenido que pasar más de 60 años desde la creación de la UNESCO, en 1945, para redactar la Convención sobre Protección y la Promoción de la Diversidad de las Expresiones Culturales, que entra en vigor el 18 de marzo de 2007. Solo 37 países, de los que 14 son europeos, la han ratificado (Reino Unido, Portugal, Bélgica, Países Bajos y otros, no la han ratificado).

Según el Instituto de Estadística de la (UNESCO), tres países (EE UU, Reino Unido y China) producen el 40% de la cultura mundial, mientras que dos continentes juntos (Latinoamérica y África) solo producen el 4%. En diez años el comercio internacional de bienes culturales se ha duplicado y la tendencia es de un crecimiento exponencial, aunque desigual. Cada vez menos países controlan más mercados. Los gustos de un americano y de un ruso se parecen cada día más. En Barcelona todo el mundo vive cerca de un restaurante japonés pero en la mayoría de los cines no se proyectan películas catalanas.

La excepción cultural

Es la primera vez que un acuerdo cultural despierta un debate tan intenso entre las posiciones liberales de países como EEUU, Japón o Reino Unido (defensores de que la cultura es un producto como la carne o los automóviles, que no tiene que protegerse y que tiene que supeditarse al libre mercado) y las tradicionalistas, encabezadas por Francia y Canadá, también llamadas de la excepción cultural (que legitiman la intervención de los poderes públicos para corregir las distorsiones internacionales de la economía de mercado, sobre todo en relación con la cultura).

En esta línea, en 1993, y a raíz de las negociaciones del GATT (Acuerdo general sobre comercio y aranceles) en materia cultural, la Unión Europea, con Francia al frente, puso sobre la mesa la problemática de la excepción cultural y se enfrentó a EE UU por ello. Los “excepcionistas” defienden las industrias culturales de cada país frente a las superproducciones comerciales (como el cine de Hollywood) y consideran que el mercado mundial es un falso libre mercado dominado por pocas empresas multinacionales capitaneadas por EE UU.

En este nuevo contexto, se toma conciencia de que la excepción representa la necesidad de afirmación identitaria de las minorías regionales y la UE empieza a trabajar en este sentido, demostrando que es posible la conciliación entre libre mercado, proteccionismo y diversidad (lo que avalan acuerdos como Televisión sin fronteras y los programas MEDIA en el ámbito audiovisual).

¿Debate filosófico o económico?

¿Se puede conciliar la liberalización del libre comercio con la diversidad cultural? En su texto, la UNESCO parece decir que sí: “Los bienes y los servicios culturales son portadores de identidades y valores y no tienen que tratarse como si solo tuvieran un valor comercial”, y añade que “la diversidad cultural se refuerza mediante la libre circulación de ideas”.

A mitad de camino entre la visión liberal y la tradicionalista, Josep Ramoneda, filósofo y director del Centro de Cultura Contemporánea de Barcelona (CCCB), argumenta que “los Estados tienen que favorecer las manifestaciones culturales diversas, pero hay unas fuerzas culturales cosmopolitas que están por encima de todo y no se pueden poner trabas al cambio. Por fortuna, la transmisión de ideas de punta a punta del mundo es imparable y aunque existe el riesgo de que gane el más fuerte, mucho mayor sería el riesgo de intentarlo impedir y producir imposibles guetos. La cultura es una, universal, y está muy por encima de todas las realidades nacionales”.

Menos optimista y más pragmático se muestra José Maria O’kean, catedrático de Economía de la Universidad Pablo Olavide de Sevilla: “No existe un poder supranacional que regule los errores del mercado global. Organismos como la UNESCO plantean normas que los Estados firman pero que después no todos cumplen. ¿Quién puede estar en contra de la cultura de los pueblos? Nadie. Pero yo soy muy escéptico. El inglés es el idioma predominante y aunque se tienen que respetar todas las lenguas, no sé si tiene sentido enseñar a un niño una lengua que no le servirá igual que el inglés, sólo porque sea cultural.”

¿A quién interesa la simplificación de las culturas, las lenguas y las ideas? ¿Queremos otra Torre de Babel, donde todos hablemos la misma lengua con el objetivo de tocar el cielo del mercado? Están en juego las culturas y las identidades. Entre los objetivos de esta última convención de la UNESCO, destacan el fomento del diálogo, la igualdad, la solidaridad y la cooperación cultural. Europa ahora tiene una gran oportunidad de fortalecer los vínculos entre sus miembros, pero también tendría que trabajar para que los países que no han ratificado el texto, tomen conciencia de la importancia de tener una Europa unida y, a la vez, plural.