Unión Europea ¿traducción o burocracia?

Artículo publicado el 2 de Diciembre de 2013
Artículo publicado el 2 de Diciembre de 2013

La Dirección General de Traducción de la Unión Europea es uno de los servicios de traducción más grandes del mundo, con un gasto de casi 300 millones de euros al año. Sin embargo, pese a los esfuerzos de la UE por promover y expandir una cultura común ¿existe una política real de intercambio literario?

Muchas asociaciones en defensa del intercambio literario, como la Sociedad Europea de Autores (SEA), se muestran algo escépticas. Es evidente que el porcentaje de libros traducidos sigue siendo bastante pobre. Invitado a una charla coloquio realizada en mayo de 2013 por la fundación franco-germana-polaca Genshagen, cuyo tema era "Arte y Lengua", el director de la SEA, Camille de Toledo, remarcó la negativa ¿Por qué? En la era de las traducciones electrónicas y de los códigos de transcripción preestablecidos, Toledo ve la muerte del autor. Uno de los objetivos del comité de expertos es permitir que surja un núcleo literario independiente de los servicios de traducción modernos que usa la UE. Camille de Toledo propone "construir una plataforma tecnológica que proteja todo elemento simbólico o sin valor mercantil (textos, traducciones, mensajes o correspondencias) de depender de las tecnologías americanas inconscientes que no se preocupan lo más mínimo por el mundo del texto".

Salvar La poesía de las palabras

Los servicios de traducción de la UE funcionan de manera burocrática, esencial tanto por la gestión de los asuntos corrientes o jurídicos como para la redacción de boletines oficiales, entre otras cosas. Aunque necesaria, útil y admirable, la traducción en este contexto es impersonal por naturaleza. De hecho, los textos traducidos (tratados, actas, informes...) no reivindican autoría en la mayoría de casos. Entonces ¿dónde está el problema? Muy sencillo: transportar este método de traducción a textos de literarios supone un peligro, según Camille de Toledo. Por ello, lejos de esta práctica cotidiana y usual, la UE necesita un esfuerzo poético en la traducción de sus textos que impulse una política de intercambio literario.

Camille de Toledo destaca aquí una distinción fundamental entre la traducción comunicante, propia de las prácticas de la UE, en ocasiones "una tarea de máquinas", y la traducción literaria, que es, por el contrario, "una tarea de hombres y mujeres". Así, todos los esfuerzos de la UE se centran en este aspecto "comunicante".  abandonando la promoción literaria, según las empresas del sector. En consecuencia, Camille de Toledo se pregunta "¿quién se encarga del coste de esta traducción?". Y lamenta que "los libros tardan en viajar y pasar de una lengua a otra, ya que la traducción es cara. No obstante, la Unión Europea se ha construido desde el desconocimiento de esta cuestión cultural que está ligada a la lengua común".

"la lengUA de EUROPA ES LA TRADUCCIÓN"

Volviendo a la cuestión de la traduccción en un contexto más global, Camille de Toledo propone una tesis interesante. La crisis identitaria actual de la UE y sus correpondientes tensiones podrían estar ligadas a esta negligencia de la lengua. Entonando un elogio a la traducción, el arte de la intermediación, nos insta a "entender la ciudadanía europea convirtiéndonos en ttraductores, esforzándonos para pasar de un contexto a otro, de una gramática a otra y de una cultura a otra".

Tomando la frase de Umberto Eco "la única lengua común en Europa es la traducción", la SEA quiere "retomar la cuestión poética" de los textos. En efecto, debe emanar del traductor un deseo de escribir tan profundo como el del autor. La traducción es un verdadero acto de escritura. Una acción ineludible en una época de intercambio económicos, comercial y cultural. La literatura tiene que exportarse tan bien como la gastronomía italiana o los automóviles alemanes. Es el desafío que se ha propuesto la SEA, entre otros, a través del Proyecto Finnegan, nombre de un personaje de la obra de James Joyce en el cual el escritor redacta en diversas lenguas. Gracias a esta iniciativa, se generará un patrimonio literario europeo, reactivando las comunicaciones entre autores y traductores de las lenguas oficiales de la UE, así como de los idiomas no reconocidos por la misma.