Unión monetaria y tensión en los medios: debate entre un joven alemán y uno griego

Artículo publicado el 25 de Febrero de 2010
Artículo publicado el 25 de Febrero de 2010

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Los alemanes los llaman ‘los impostores de la euro-familia’. Los griegos los acusan de hipócritas y de participar en su inmensa deuda desde 1945. La sangre llegó al río diplomático después de que Grecia anunciara sufrir un déficit de 12%, cuando el máximo en la eurozona es de 3%

Giorgos, desde Atenas: Apoyo dentro de una 'familia'

Parece que los alemanes encontraron el brazo perdido de la escultura de Venus, que ocupa la portada de la revista semanal Focus del 22 de febrero. Admirable. La Venus de Milo es una de las numerosas cosas griegas que se encuentran repartidas por capitales europeas. Los europeos tienen una buena razón para estar enfadados con Grecia; todos estos años ha gastado más de lo que producía a expensas de otros estados miembro. 

Sin embargo, es fácil pedirle que recorte su gasto en defensa cuando tus vecinos son Bélgica, Luxemburgo o Dinamarca. Es fácil cuando nunca le has tenido que pedir a Turquía que respete las fronteras griegas y las reconozca al fin como una frontera europea para que el recorte en defensa sea viable. Al fin y al cabo, Grecia compra armas de Alemania y Francia, ¿no?

Seguramente, los alemanes no deberían sacar a Grecia de sus problemas. O Atenas no le debería pedir dinero a Berlín. No queremos que ellos paguen por nuestros errores pero, ¿no es cierto que ellos deberían compensar a Grecia por todo lo que hicieron durante las dos guerras mundiales? Alemania le debe a Grecia más de 10 billones de euros desde 1945. Cuando los nazis destrozaron casi toda su infraestructura, forzaron a la Grecia ocupada a pedir un crédito por más de 3.5 mil millones de dólares para soportar la economía militar alemana.

El argumento de que ‘a través de la OTAN y la Unión Europa (UE), Alemania ha pagado más de lo que le debía a Grecia’ es populismo puro y duro. Analicemos cómo el dinero se distribuye dentro de la UE. En efecto, los estados más saneados ayudan a los más débiles. Pero también los estados con problemas le echan una mano a los nuevos miembros. Al final, hablamos de distribución de fondos, no de devolución. Es verdad que la UE ha dado mucho dinero a Grecia en los últimos 25 años. Pero la política no hace magia. En 2009, Alemania dio a Grecia 1.3 billones de euros a través de los fondos de la UE. Sea como sea, gracias a las exportaciones germanas a Grecia, este país ha ganado más de cuatro billones de euros.

Los problemas griegos revelan un problema europeo. No puedes tener una unión monetaria sin una unión económica. Maastrich resultó positivo para los días de prosperidad, pero las cosas han cambiado. La UE necesita mecanismos para prevenir los problemas futuros. Irlanda y otros estados miembro de la UE también enfrentan graves dificultades. Mientras el euro cae frente al dólar, los productos alemanes se vuelven más atractivos y competitivos en el mercado mundial. No puedes ayudar a un alcohólico acercándole una botella de whisky, pero un poco de apoyo nunca viene mal y no cuesta dinero… y, en el seno de una ‘familia’, es obligatorio.

Por Giorgos Kokkolis

Sonje, desde Berlín: ¿De qué se quejan los griegos?

¿De qué se quejan los griegos, en realidad? ¿Qué esperaban? Durante años han estado muy poco preocupados por reducir su déficit en su política presupuestaria, jugando a propósito con los otros países miembro al presentar números falsos y, cuando finalmente todo estalla, ¿simplemente debemos olvidar todos estos contratos rotos y ayudar a Grecia a salir de su agujero? No es tan simple. Los griegos han vivido por encima de sus posibilidades demasiado tiempo y sus cuentas deben ser resueltas por la propia Grecia.

Los alemanes se han molestado bastante con esto de la crisis griega, ya que fueron ellos los que más perdieron con la llegada del euro: el banco central alemán, el Bundesbank, que una vez dominó la política monetaria europea, hasta el punto que otros estados miembro se sentían casi obligados a apegarse a la política alemana, perdió su casi ilimitada autonomía. A cambio, pidieron que la unión monetaria tuviese unos cimientos firmes, desde el criterio de Maastricht y el pacto de estabilidad y crecimiento europeo (un acuerdo para limitar el déficit presupuestario de los países de la eurozona). Ahora que está claro que el gobierno griego ha abusado sin ningún tipo de vergüenza de esta confianza, es comprensible que Alemania sienta que se están riendo de ellos.

Hasta ahora, los medios de comunicación alemanes han criticado abiertamente los errores griegos: no solo con respecto a su propia política presupuestaria, sino también sobre su evidente falta de competitividad. Pero en lugar de pensar en su crítica situación, los griegos no se lo han tomado nada bien. Están ofendidos porque los alemanes generalmente esperan algo a cambio, incluso por su solidaridad. Los alemanes, por su parte, están sorprendidos por la forma en que los trabajadores griegos han protestado contra el aumento de la edad de jubilación de los 61 a los 63 años. Alemania la ha subido de los 65 a los 67.

La estrategia de convertir a Alemania en el chivo expiatorio pro sus problemas domésticos no tiene sentido. En lugar de acusar a este país de difamar a Grecia y acusarlo del oscuro ‘financiamiento nazi’ (el periódico francés Elefthero Typos respondió a la portada de la revista Focus con un fotomontaje de la estatua de la Victoria sosteniendo una esvástica nazi en la puerta de Brandenburgo), el país helénico debería asumir la responsabilidad de sus errores y enfrentar la situación. Los griegos deberían estar agradecidos: le han dado una patada a la unión monetaria; de hecho, cada vez más parece que los otros estados miembro acabarán ayudándoles financieramente, a cambio de los contratos que ellos han roto. A pesar esta decisión, lo único que ha resentido la política presupuestaria griega en los últimos años es la petición de ser más disciplinada (sobre todo por parte de Alemania). Y esto es una petición legítima y justa.

Por Sonje Schwennsen