Vagina revolucionaria

Artículo publicado el 1 de Julio de 2008
Artículo publicado el 1 de Julio de 2008

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La obra teatral de Eve Ensler es un éxito global. En Los monólogos de la vagina las mujeres hablan de sexo, amor, dolor y violencia. El día de San Valentín se celebra un día-V. Porque la sexualidad es militante.

“Como me preguntaba a menudo qué es lo que las mujeres piensan de sus vaginas, un día me decidí a hacer algunas entrevistas: fue una revelación. Un viaje a lo inesperado. Una exploración chocante de la existencia. Todas las respuestas me sorprendían. Así nacieron Los monólogos de la vagina. Entrevisté a más de doscientas mujeres: viejas, jóvenes, casadas, solteras, lesbianas, madres, abuelas, maestras, actrices, obreras, trabajadoras del sexo, afroamericanas, hispanas, asiáticas, caucásicas, musulmanas bosnias, judías… Al principio se mostraban tímidas, dubitativas. Pero después, cuando se lanzaban, era imposible detenerlas. La verdad es que a las mujeres les encanta hablar de sus vaginas”. (Eve Ensler)

Desde hace más de diez años Los monólogos de la vagina (The Vagina Monologues), de la norteamericana Eve Ensler, baten récords de crítica y público en todo el mundo.

(2008 V-Day) Los números cantan: traducidos a 45 idiomas y representados en 120 países, son el fruto de más de doscientas entrevistas a mujeres de edades, clases y orígenes distintos. El libro descubrió un velo del universo femenino, alternando la ironía, la amargura y la indignación, con ‘Ella’ −la vagina− que actúa como caja de resonancia de una hermandad global declarada. Para Ensler, la vagina es la historia de toda mujer. Una historia que contar y de la que sentirse orgullosa, aunque a menudo debe soportar el peso de la violencia masculina. Además, en la base está el concepto de la superioridad sexual de la vagina sobre el pene: el clítoris es la única parte del cuerpo cuya única función es el placer físico.

La tortura del tampón

“El ejemplo de Eve Ensler es un testimonio de que la solidaridad entre mujeres puede cambiar el mundo y de que debemos querernos a nosotras mismas y que podemos ser la voz de quienes sufren. Los monólogos han realizado un milagro: las mujeres piensan en sí mismas y en las demás de forma distinta; hay algo que las une a nivel planetario, aunque a menudo se trate de la violencia”, dice Danijela Dugandzic, organizadora de la última representación de los Monólogos de la vagina en Sarajevo para la Fundación CURE.

Cartel | (nickyfern/flickr)En efecto, teoría y praxis, literatura y realidad, se han interrelacionado desde el principio en el trabajo de Ensler. Desde su estreno en Broadway, en 1996, ha conocido una sucesión de representaciones en todos los rincones del mundo. Han participado en ellas estrella del calibre de Jane Fonda, Glenn Close, Melani Griffith, Winona Ryder y Alanis Morissette. En Italia la han representado, entre otras, Susy Blady y Angela Baraldi. Estas voces nos relatan su primera menstruación, sus organismos, sus experiencias lésbicas y también la “tortura” de tener que utilizar tampones o soportar una consulta ginecológica. 

La representación ha sido merecedora de premios prestigiosos −el Obie Award, el Berrilla-Kerr Award, el Elliot Norton Award− pero también ha provocado reacciones contrarias, como la del dramaturgo israelí Rafael Milo-Amar que, irritado por la ‘vaginamanía’, llevó a escena The Holy Phallus (El santo falo), una especie de oda al pene en crisis.

Día-V militante

En 1998 se produce un punto de inflexión: los monólogos, pasan a ser de un acontecimiento literario internacional a un movimiento global contra la violencia hacia las mujeres: el Día-V. Una manifestación −que no tiene nada que ver con el ‘Vaffanculo day’ de Beppe Grillo− que se celebra el 14 de febrero, fiesta de San Valentín, y en la que la V significa victoria, Valentín y, naturalmente, vagina. En esta ocasión la pieza es representada por voluntarias en todo el mundo: “Esta es la quinta vez que participo en la producción de Los monólogos de la vagina y lo he hecho porque quería dar voz a las mujeres que se ven obligadas a vivir, o, mejor dicho, a sobrevivir, en situaciones de violencia”, explica Ginny Hekinian, organizadora, pero también actriz y directora, rigurosamente amateur, en la última producción del espectáculo en Saint Renan, en el noroeste de Francia. Cada año se añade un monólogo que hace referencia a acontecimientos que tienen por protagonistas a las mujeres. Así, por ejemplo, junto a los testimonios de las víctimas de violación en Bosnia, se ha añadido desde 2003 un relato procedente de Afganistán.

(2008 V-Day)

La del proyecto de Ensler es una solidaridad global, sí, pero también comunitaria, más allá de las diferencias socioeconómicas y culturales. “Muchas de las mujeres que han participado en nuestro espectáculo han sido víctimas de violencia doméstica, de violación o de abusos sexuales, otras están comprometidas con los derechos de las mujeres como militantes o profesionales, en el ámbito de la asistencia social. A pesar de estos bagajes tan diversos, gracias al espectáculo ahora nos sentimos muy cercanas las unas de las otras, como hermanas”, añade Hekinian. Pero ¿puede el arte verdaderamente incidir tan profundamente en la realidad? Responde con seguridad desde la otra punta de Europa Eva Smoczynski, responsable del día-V 2008 de Estocolmo: “Aunque sea solo por un día, ya podemos hablar de cambio: ¿cómo llamar si no a cinco mil actos en todo el mundo?” Desde Sarajevo la secunda Danijela: “Desde el día del espectáculo hemos recibido correos electrónicos de mujeres que nos dan las gracias y dicen que se sienten cambiadas. Hablan de dolor, lágrimas, sexo, orgasmos, amor y nos preguntan cómo pueden echarnos una mano”. Que el milagro continúe.