Vecinos separados por una alambrada

Artículo publicado el 3 de Noviembre de 2014
Artículo publicado el 3 de Noviembre de 2014

Estamos en el campo, en un pueblo como cualquier otro. Austria está a unos metros de distancia. Hace 25 años estaba prohibido venir a este lugar. Los habitantes de Jarovce, un pueblo a las afueras de Bratislava (Eslovaquia), fueron aislados de sus vecinos austríacos en la ciudad de Kittsee por una alambrada. Era parte del Telón de Acero que separó el Este y Oeste de Europa durante cuatro décadas.

"Los agricultores eran los únicos que podían entrar aquí, con un permiso especial", me explica mi guía, Viliam Karácsony. Su casa está a unos cientos de metros de donde comenzada la frontera. Recuerda que, cuando tenía 7 u 8 años, iba en bici con sus amigos cuando cruzaron a la zona fronteriza sin darse cuenta. ¿Y qué pasó? Varios soldados les pararon y les acompañaron a casa, hasta sus padres. "Podía ver Austria desde aquí pero no pude cruzar la frontera hasta que tuve 17 años", comenta Viliam. Sus padres, en cambio, tuvieron que esperar 40 años para poder visitar el país vecino. El único día que podían ir a la zona fronteriza era durante la celebración anual de la Insurrección Nacional Eslovaca (también llamado Levantamiento de 1944), cuando visitaban los barracones militares.

Fronteras cambiantes

El pequeño pueblo de Jarovce tiene una historia muy turbulenta. Voy a conocer a un hombre que ha vivido tiempos muy distintos. Ján Wolf tiene 90 años. Cuando nació, Jarovce formaba parte de Hungríay se llamaba Horvátjarfalu. Después se convirtió en parte de Checoslovaquia en 1947, y la alambrada se construyó poco después de que el Partido Comunista se hiciera con el poder en 1948. "Antiguamente íbamos a Austria con regularidad. Teníamos pasaportes anuales y podíamos cruzar la frontera sin problemas". Ján Wolf nos habla de los viejos tiempos. Al principio la valla no cubría toda la frontera, así que no es de extrañar que algunos locales aprovecharan para huir, especialmente mientras trabajaban en el campo. Uno de estos fugados fue el cuñado de Ján Wolf, que terminó por emigrar a Canadá.

Pregunto si la gente intentaba cruzar la frontera. Los padres de Viliam me cuentan que los locales sabían que era casi imposible, "pero había habitantes de otras regiones y países, como Polonia, que venían con la esperanza de llegar al Oeste". Nadie sabe cuántos lo consiguieron ni qué les pasaba a los que eran capturados. Excavar túneles bajo la alambrada, como se hacía en Berlín, era casi imposible. Incluso si consiguiesen excavar el túnel, seguirían apareciendo en territorio checoslovaco y caerían en manos de los guardas.

Aunque todo lo relacionado con el Telón de Acero es trágico, también hay historias divertidas. Un zapatero del pueblo consiguió escapar a Austria, pero lo más sorprendente es que volvió una semana más tarde. Nunca quiso huir pero estaba borracho y, sin saber cómo, consiguió pasar al otro lado. Sin embargo, no recordaba cómo lo hizo, así que no pudo compartir esa información con los demás.

¡No saludéis a los austríacos!

El padre de Viliam tiene sus propias historias sobre cómo era vivir bajo una vigilancia militar constante. Trabajó en el bosque, en la frontera, durante un tiempo, pero ni siquiera estos trabajadores podían interactuar con los granjeros austríacos del otro lado. "Si les saludabas, los soldados amenazaban con no dejarte volver a ir allí a trabajar", me relata Viliam Kkarácsony padre. Ján Wolf, que vivió los diferentes niveles de rigurosidad con los que protegían la frontera, admite que en ciertos años algunas personas, normalmente familiares, podían tirar bolsas con comida al otro lado, pero cualquier tipo de conversación era peligrosa.

Incluso ir a Jarovce era difícil. Los guardias paraban los autobuses que venían de Bratislava e inspeccionaban los documentos de todos los pasajeros. Necesitabas tener un permiso de residencia permanente en Jarovce o un permiso especial para poder continuar el viaje. "Éramos monos enjaulados. ¿Y para qué servía? Sabíamos cómo era la vida en el Oeste y ellos sabían lo que pasaba en el Este. No trajo nada bueno y los que querían pasar productos de contrabando lo hacían de todas formas". Así resume Ján Wolf cuatro décadas de paranoica locura.

Jarovce, la puerta al paraíso occidental

Las vidas de los habitantes de Jarovce cambiaron drásticamente a finales de 1989. La Revolución de Terciopelo acabó con el régimen comunista de Checoslovaquia. El camino a ninguna parte de repente se convirtió en la puerta al paraíso. Miles de personas querían ir a ver Austria. "Fue una locura, apenas podíamos salir de casa. El pueblo estaba lleno de coches. Empezaron a llegar a las cuatro o cinco de la mañana. El primer mes que las fronteras estuvieron abiertas fue horrible", cuenta Viliam Karácsony padre. Al principio el paso fronterizo no estaba abierto durante todo el día, así que la gente corría para poder ir a Austria y volver a tiempo.

Durante mi visita a Jarovce la carretera no estaba muy transitada. Hoy en día la mayoría prefiere usar la autopista que se construyó en 1990. La alambrada tampoco existe ya. Cuando fui de paseo hasta la frontera con Viliam los únicos recuerdos de aquella época que vimos fueron dos casas en las que vivían los militares y un par de barracones. Las casas habían sido renovadas y eran como cualquier otra vivienda del pueblo, pero los barracones estaban abandonados. No quedaba nada del restaurante que solía haber dentro, y la mayoría de las ventanas estaban rotas, dejando que la naturaleza se apoderase del lugar. Estaba lleno de plantas y malas hierbas: un monumento apropiado para la estupidez humana que mantuvo a pueblos enteros alejados durante cuarenta años.

Más allá del Telón: 25 años de fronteras abiertas

Hace 25 años cayó el Telón de Acero. Hace 10 años, 8 países excomunistas se unieron a la UE. ¿Pero qué sabemos de nuestros vecinos más allá de la frontera? ¡Envía tu artículo a berlin@cafebabel.com y forma parte del equipo!