Velofabrik: una bici Made in Bruselas

Artículo publicado el 20 de Mayo de 2016
Artículo publicado el 20 de Mayo de 2016

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Esta cooperativa, creada en Bruselas durante el verano de 2014, se encuentra actualmente en plena expansión y prevé fabricar 200 bicicletas a lo largo de este año. Hablamos con Jean-Philippe Gerkens, su administrador delegado, en los talleres de la compañía.

El ambiente que se respira en Velofabrik se nota desde que uno pone el pie en la fábrica, un enorme hangar situado a unos metros de la estación de metro de Annensens. Ahí está la sede y el taller de esta sociedad cooperativa de responsabilidad limitada con fines sociales. El lugar es tranquilo, luminoso, y a la vista del escaso número de bicis que hay por allí, entendemos perfectamente que no es la típica fábrica de producción industrial.

Nada más llegar, nos encontramos con Kim, el mecánico de Velofabrik dedesde octubre del año pasado y que va a ser precisamente quien se encargue de hablarnos y de enseñarnos su trabajo: montar todas las piezas para construir una bicicleta fabricada completamente en Bruselas, respetando un estricto pliego de condiciones, que detalla puntos tan importantes y dispares como las caracterçisticas físicas del cliente (fundamentalmente su altura y peso) o los detalles técnicos solicitados por éste en el momento del encargo (número de marchas, color, tipo de ruedas, ...). Además, la mayor parte de los componentes de la bico proceden de Europa.

Del 60 al 80% de las piezas de la bicicleta vienen de Europa

Ese dato es lo que hace distinta a Velofabrik, que dentro de poco va a celebrar sus dos años de vida. Esta empresa cooperativa con fines sociales decidió desde sus inicios basar toda su producción en piezas, en su mayor parte y en lo posible, procedentes de Europa, nos dice Jean-Philippe Gerkens, uno de los socios fundadores. «En función del tipo de bicicleta, de un 60 a un 80% de las piezas que la componen, se compran a empresas europeas». Así, los cuadros vienen de la Republica Checa, los pedales, de Portugal y los sillines de Inglaterra o de Italia. Ello permite apoyar el empleo en Europa y al mismo tiempo, garantizar al ciclista una bicicleta de calidad.

Sin embargo, Jean-Philippe reconoce que ciertas piezas proceden de Asia «por motivos económicos o de calidad», sobre todo las ruedas, que se compran a Indonesia. Otras veces, sucede que determinados componentes solo podemos encontralos en Asia, sobre todo en China, en Taiwán o en Japón.

El ensamblaje de todas las piezas se lleva a cabo en Bruselas, en los talleres de Velofabrik. Esta es una operación totalmente personalizada, teniendo en cuanta los intereses y las necesidades del cliente. Para ello, el encargo del modelo de bicicleta viene precedido de una reunión con el futuro ciclista, para que concrete qué tipo de uso le va a dar a la bici. De esta forma, afirma Jean-Philippe, lo que hacemos son «bicis a la carta».

Si bien en un primer momento el precio de venta pueda parecer algo elevado: de 650 a 800€, el fundador de la empresa considera que al final, y «al cabo de unos años, el precio será equivalente al que podamos encontrarnos en una tienda de deportes. Quizás los gastos sean algo más caros al principio, pero en definitiva, se trata de una bicicleta sólida y rentable. Una bici para toda la vida».

Trabajadores, cooperativistas y al mismo tiempo, amantes del ciclismo

Otro de los aspectos que hacen que Velofabrik sea una empresa única en su especie es su estatus jurídico, porque al tratarse de una sociedad cooperativa con fines sociales, su objetivo no es puramente comercial y lucrativo, y debe responder a determinados criterios que la hagan merecedora de integrarse en aquella categoría. En este sentido, cerca de 170 cooperativistas contribuyen al desarrollo de la empresa. De ellos, «únicamente un 5% de nuestros accionistas están interesados en los dividendos, las cuentas y en recuperar lo que han invertido. El resto, son auténticos amantes de las bicicletas, con una visión clara respecto al futuro del ciclismo en Bruselas», nos cuenta orgulloso Jean-Philippe.

Este rasgo distintivo procede del propio estatus jurídico de la empresa, ya que al tener fines sociales, los inversores no pueden percibir remuneraciones por encima del 6%, lo que excluye a priori a todos aquellos para quienes el único interés sea el económico. 

Este último dato nos lleva a pensar que el negocio irá viento en popa en el futuro. De hecho, ya ha empezado a hacerse notar en Bruselas. Fundada en 2014, Velofabrik construyó 70 bicicletas en 2015 y a lo largo de este año, estima que llevará a cabo una producción de 200, y el doble en 2017. Por otro lado, si uno de nuestros mecánicos trabaja hoy ¾ de la jornada, a Jean-Philippe le encantaría poder llegar a contratar a más trabajadores en los próximos años, no solo para las labores de mecánica, sino también para el área de logística o la gestión administrativa y comercial.

Sin embargo, y pese a su expansión, la empresa aun no ha empezado a dar beneficios y dispone de un modesto capital de 120. 000 euros. «Para empezar a funcionar, tuvimos que contar con la ayuda de muchos voluntarios. Incluso mi pareja colabora de forma totalmente desinteresada a una media de 20 horas semanales», nos confiesa el socio fundador.

Financiación de becas de master o de doctorado

Más allá de la fabricación de bicicletas, aquí de lo que se trata es de compartir y defender una misma visión de la política de transportes. «Lo que nos proponemos es mejorar el tema de la movilidad en Bruselas y participar activamente en una política sobre el desplazamiento en bicicleta. En un futuro, además, nos encantaría poder apoyar el desarrollo de los talleres de barrio», afirma Jean-Philippe, al tiempo que reconoce que la administración necesita de expertos formados en temas de ciclismo, y es aquí precisamente, donde Velofabrik podría implicarse, en algún proyecto concreto sobre ese tema.

Jean-Philippe tiene las ideas muy claras respecto al tema del ciclismo en Bruselas. «Estaríamos felices invirtiendo nuestros fondos en algún proyecto de investigación universitaria sobre el mundo de la bicicleta, ya sea en materia de ingeniería, urbanismo, marketing o biociencia», confiesa. Lo que habría que hacer sería animar a los estudiantes de master o de doctorado para que iniciaran proyectos de investigación al respecto, a cambio de una dotación económica, «mediante un sistema de becas que nosotros estaríamos dispuestos a financiar, en colaboración con fundaciones universitarias o entidades privadas».

Lo que está claro es que si queremos empezar a hablar de un desarrollo de la mobilidad alternativa, no solo en Bruselas, sino en toda Bélgica, esta empresa es un referente obligatorio con que el que debemos contar sin duda alguna.