Vengo a mi casa en Salónica y me doy cuenta de por qué no puedo regresar

Artículo publicado el 4 de Abril de 2013
Artículo publicado el 4 de Abril de 2013
Acabo de volver de Bélgica después de pasar una semana de viaje en mi país de origen, Grecia. No llegas a ver realmente el impacto devastador de la crisis económica hasta que esta afecta a tus vecinos, familia o amigos. Esta es una historia llamada “no es país para griegos”.

El primer día de mi estancia en casa decidí disfrutar del sol y del buen tiempo dando un paseo por mi precioso barrio, Kalamaria, que se encuentra en la ciudad de Salónica, situada al norte de Grecia. Antes la calle peatonal principal siempre estaba a rebosar, llena de niños jugando, gente mayor cotilleando y jóvenes tomando café en los bares.

Kalamaria maldita

Ese es el recuerdo que tengo de Kalamaria. Ahora las calles están vacías y los bares aún más. La tienda de Giorgio, a la que solía ir desde que era pequeña, ha cambiado de nombre. Me acuerdo de cómo hace tan solo unos meses el dueño me contaba las dificultades que tenía para pagar el alquiler. En la esquina siguiente, hay cuatro tiendas seguidas que están cerradas: las paredes están cubiertas de etiquetas que no entiendo y en las ventanas hay papeles pegados, con dos palabras escritas que te hacen sentir lástima: “Se alquila”.

Voy al cajero para sacar dinero y de inmediato unos niños pequeños se me acercan para pedirme dinero para “comprar algo de pan”, dicen. Cuando se marchan, una señora mayor me dice: “llevas el bolso abierto, ¿verdad? ¡Deberías andarte con cuidado, que la semana pasada a mi nieto le robaron la cartera!”. La miré, sorprendida, sin saber si darle las gracias o ignorarla.

Si hay algo de lo que estoy segura es que Kalamaria, si antes se consideraba uno de los barrios mejores y más ricos de Salónica, ahora se ha convertido en un distrito triste, solitario y desagradable. Dos días después, quedé con mis primos Maria, Dimitris y Katerina para tomar café. Tuvimos que elegir entre ir a un bar estupendo con una vista espectacular y otro cercano en el que el café vale un euro menos. La hora del café en Grecia siempre ha sido algo sagrado, pero todos nos decantamos por la segunda opción, la más barata. La mentalidad ha cambiado. Mi prima Maria lleva dos años en paro. Tiene un título de administración y dirección de empresas y hace unos meses pensaba mudarse a Bélgica porque su padre iba a crear una empresa allí. Dimitris acaba sus estudios dentro de un par de semanas y está aprendiendo francés para poder irse a vivir a Suiza lo antes posible: “allí me pagarán 5000 euros al mes”, me cuenta. Su hermana Katerina tiene 29 años y sigue viviendo con su madre. También lleva dos años en paro mientras intenta sacar algo de dinero vendiendo cosas por internet o actuando en fiestas y otros eventos. Es profesora de guardería, pero el gobierno griego no convoca exámenes para nuevos profesores desde 2009, así que ha empezado a estudiar alemán porque le han dicho que en Alemania podría encontrar trabajo. Y pensar que mis primos son de clase media…

Los euros justos para comprar tabaco

Según la autoridad de estadística griega, la tasa de desempleo en la región de Salónica alcanzó el 27,2 % en noviembre de 2012. A pesar de los considerables recortes que se le han impuesto a Grecia, la Comisión Europea prevé que habrá también un 27% de paro en el 2013. Los titulares de los periódicos locales recuerdan y subrayan la gravedad de la situación: “La troika y la presión han regresado”; los pensionistas de Salónica afirman: “hemos acabado mendigando”, “el Ministerio de Sanidad ha recortado las prestaciones del Sistema Nacional de Salud”; “Municipio de Salónica: 2,2 millones destinados a costes operativos y a la renovación de las escuelas”…y la cosa no acaba ahí…

El jueves voy a visitar a mi tío Yannis. Cojo un taxi porque es la forma más fácil de llegar a Touba. El coche que está delante de nosotros va muy despacio y en la matrícula pone que el coche es de Albania. De pronto el taxista que me lleva baja la ventanilla y empieza a gritarle a alguien: “¡albanés asqueroso, vuelve a tu país!” “¿Tienes algún problema?”, contesta el otro saliendo del coche. “¡Eres un maleducado! ¿Cómo te atreves a contestarme? ¡Y encima reclamáis derechos humanos! ¡Voy a llamar a mis amigos taxistas para que te den una paliza!”, termina el incidente y mi conductor se va pitando de allí diciendo palabrotas. Yo estoy allí sentada sin decir nada y tengo ganas de decirle que él es el maleducado, pero me da miedo hacerlo. Cuando llego a casa de mi tío me dice que es lo mejor que podía hacer: “quizá era uno del Chrysi Avgi”; es decir, un miembro del partido de ultraderecha Amanecer Dorado.

Dafni no ha venido a comer con nosotros porque ella no tenía dinero. Sólo le quedaban 5 euros y ella quería comprar tabaco

Quédate en el extranjero, Ioanna”, es la conclusión que saco de las conversaciones que he tenido. “Aquí solo hay miseria…” El último día antes de irme decido reunirme con mis amigos. Vamos a un restaurante cretense del centro de la ciudad. Cuando pedimos la cuenta, y aunque estamos llenos, todos coincidimos en que 14 euros por persona era demasiado. Tendríamos que haber ido a un restaurante más barato. Nefeli decide irse a casa con Evi. “Si me quedo contigo luego tendré que coger un taxi y no puedo pagarlo”, me dice. Dafni ni siquiera se animó a venir a comer con nosotros porque no tenía dinero suficiente. Me envió un mensaje para decirme que si venía yo tendría que pagarle las cervezas. Sólo le quedaban cinco euros y quería comprar tabaco. Estas solo son algunas de las cosas que me pasaron en mi estancia en Grecia. Me han hecho darme cuenta de que la crisis económica que poco a poco va apoderándose de mi hermoso país no es solo cuestión de números y de retórica política; parece que los medios de comunicación no entienden nada. La crisis económica afecta a personas, personas de carne y hueso. Afecta a mis primos, mis tíos, mis amigos…Tiene una cara humana que, por desgracia, tendemos a olvidar.

*Los nombres han sido modificados. Las personas mencionadas en este artículo han decidido permanecer anónimas. La autora es una activista que ha estudiado Periodismo en Bélgica y Derechos Humanos en España.

Fotos : (cc) Georgios Karamanis/ Flickr; Texto © IG