Verdadero debate europeo en los medios de comunicación

Artículo publicado el 23 de Mayo de 2005
Artículo publicado el 23 de Mayo de 2005

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Los debates sobre la adopción de la Constitución europea han puesto a menudo a la Unión en el epicentro de los discursos mediáticos. A pesar de todos los defectos que se les atribuye, estas discusiones han acercado Europa a sus ciudadanos.

Una democracia necesariamente pasa por surtir diversidad de información a los ciudadanos. En este caso, los medios de comunicación son la garantía del sistema. Considerar la Unión Europea como un espacio democrático equivale a colocar una parte de las responsabilidades en las manos de los periodistas europeos que asumirían este papel con más entusiasmo si esto no fuera tan complicado. ¿Cómo interesar al público, darle puntos de referencia, cuando la UE representa un conjunto opaco de instituciones y de centros de decisión enlazados entre sí? ¿Y cómo explicar una Constitución europea de 432 artículos cuando los propios periodistas no dominan siempre las cuestiones principales?

Otro color

Los medios de comunicación abordan las problemáticas europeas, las instituciones y sus miembros a veces de manera simplista: ya sea utilizando la jerga técnica eurócrata, o bien desplegando una panoplia de nombres genéricos, tales como "Bruselas", "Estrasburgo", "los veinticinco", etc. Pero no es fácil escapar de los discursos estereotipados. La información sobre la Unión a menudo se reduce a las posiciones de los líderes nacionales o es contemplada como un conjunto de leyes y directivas frente al cual los ciudadanos no se reconocen como interlocutores.

Sin embargo, desde que la Unión se comprometió con el proceso de adopción de la Constitución, los debates tomaron un color diferente. Y aunque cada Estado miembro reaccionó a su manera, no podemos negar que el contenido de las discusiones se ha visto modificado, incluso enriquecido.

Con la llegada del referéndum, las columnas de los periódicos franceses han perdido su carácter consensual y se han llenado de argumentos socioeconómicos pero también ideológicos, como lo demuestra la polémica levantada por los lazos entre el texto de la Constitución europea y la directiva Bolkenstein. El procesamiento de datos se ha profundizado y los medios de comunicación han sido forzados poco a poco a explicar las consecuencias del texto con detalle, repitiendo la formulación de ciertos artículos del Tratado, a veces con diferentes interpretaciones.

Claro está, los intereses políticos nacionales y las estrategias personales de los representantes franceses también han calentado el debate. En este aspecto, no se puede considerar que los medios de comunicación en Francia ayuden a la emergencia de un "modelo de debate democrático". Aun así, nos aferramos a la esperanza de que la pasión conquiste las opiniones públicas de los países que pasen por la vía del referéndum próximamente. Por desgracia, no ha sido el caso de España, donde los periodistas, al igual que los votantes, no han dispuesto del tiempo necesario para comprender la importancia del voto.

¿Euro-escepticismo o euro-ignorancia?

Sin embargo, los analistas no interpretaron el alto índice de abstención en el caso del referéndum en España como "euro-escepticismo". Los electores se declararon más bien poco o nada informados de lo que implicaba la Constitución, siendo la desinformación la primera causa del índice de abstención. El Gobierno español, a favor del Tratado, escogió montar una campaña más bien sensacionalista, reduciendo el voto a un "sí" o un "no" a Europa en general, y dejando de lado los efectos concretos del texto. Según una encuesta llevada acabo por el Centro de Investigaciones Sociológicas (CIS), la falta de información ha influido en el 25% de los "noes" y en el 44% de las abstenciones. El mismo estudio ha revelado que solo el 7,4% de los españoles pensaba que la adhesión del país a la Unión no había sido beneficiosa, lo cual demuestra el fuerte sentimiento euro-entusiasta de la población española. Este referéndum en particular parece no haber sido conducido correctamente. La complejidad del texto de la Constitución, asociado a la falta de explicaciones, ha planteado problemas a muchos electores. España era el primer país que organizaba el voto del tratado por la vía de referendo, lo que ha llevado sin duda al gobierno de José Luis Rodríguez Zapatero a plantearse la campaña con demasiada prisa.

Todo el mundo de acuerdo

El Bundestag (Parlamento alemán) ha adoptado la Constitución el pasado 12 de mayo con 569 votos a favor, 23 en contra y 2 abstenciones. La unión social cristiana bávara (CSU), ha sido el único partido en el que una parte de la militancia se ha pronunciado en contra del Tratado. La falta de oposición ha eliminado la mayoría de los debates sobre el contenido del texto. Algunos ironizan diciendo que los alemanes sabrían más sobre la postura de Schröder si hubiesen ido a escucharlo apoyando a Chirac que leyendo la prensa nacional. Los debates abordan sobre todo la cuestión del referéndum. La propuesta de organizar un referéndum fue lanzada por la coalición entre los socialdemócratas y los verdes, pero fue rechazada cuando los cristiano-demócratas de la CDU se pronunciaron en contra de su introducción.

Los países llamados a adoptar la Constitución se verán evidentemente influenciados por las decisiones de otros Estados miembro. Es hora, pues, de prepararse y de informarse, por medio de explicaciones claras y honradas, sobre lo que realmente se juegan con la Constitución. Y hay que reconocer que, hasta ahora, Francia, que ha elegido la vía del referéndum, ha conseguido lanzar el debate. Sensibilizados con los asuntos europeos y mejor informados sobre el contenido del Tratado, a los franceses no les queda más que luchar contra el secuestro de la Constitución por parte de las políticas internas.