Veto a la caza del zorro: ¿oportunismo o humanitarismo?

Artículo publicado el 5 de Febrero de 2005
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Artículo publicado el 5 de Febrero de 2005

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Esta semana el tribunal supremo británico dictaminará de una vez por todas si ratifica el veto a la caza del zorro, pero lo que está en juego no es sólo una cuestión de zorros.

A menudo la caza del zorro así como los llamados “deportes” de sangre son justificados por quienes los practican argumentando que son tradiciones profundamente enraizadas en el tejido de nuestras sociedades -desde los toros en España, pasando por la caza en el valle del Loira hasta el tradicional caza del zorro en el Reino Unido-. Considerar estos actos como un "deporte" no es más que una clara tergiversación de un término que en teoría denota cierta capacidad de juego para todos los participantes. Este tipo de practicas son “rituales”: demostraciones de la superioridad evolutiva del hombre sobre la bestia. Pero dejando al margen las consideraciones morales, el modo en el que el veto a la caza del zorro se ha tratado en el Reino Unido conlleva fuertes implicaciones para la democracia parlamentaria británica.

La Ley del Parlamento

En el Reino unido, al contrario de lo que sucede en otros países europeos como por ejemplo Suecia, para que un proyecto de ley llegue a ser ley, debe aprobarse tanto en la cámara baja (Cámara de los Comunes), como en la cámara alta (Cámara de los Lores). Esto faculta a la cámara alta para examinar y considerar cualquier iniciativa del gobierno antes de que llegue a ser ley, y si así lo desearan, también para rechazarla. La excepción a esta regla se da cuando los miembros del parlamento deciden obviar a los lores invocando la Parliament Act (Ley del Parlamento, aprobada en 1911 y modificada en 1949). Esa ley jamás fue aprobada por lo Lores, por lo que su consecuente “ilegalidad” es en la actualidad la base legal a al que se aferran los partidarios de la caza del zorro para bloquear a la que se han visto sometidos. Estos sostienen que la ley de 1949 no siguió el procedimiento legislativo adecuado, y que por lo tanto no es una ley. El pasado viernes (28 de febrero), el Tribunal Supremo desestimó las pretensiones de los partidarios de la caza del zorro, decisión que será apelada esta misma semana aunque lo más probable es que se les vuelva a denegar la razón y que la prohibición entre en vigor este próximo mes de Marzo.

Lo cierto es que al usar la Parliament Act para aprobar la prohibición el gobierno ha ignorado el proceso democrático empleando el peso de su significativa mayoría en el Parlamento (165) para aprobar a las bravas su posición. Cabe resaltar, que desde que se reformó en 1949, se ha invocado esta ley cuatro veces , tres de las cuales desde que el actual gobierno tomó el poder en 1997.

Esta es una tendencia preocupante, y en especial si tenemos en cuenta los motivos que se esconden detrás de su aplicación: el veto a la caza del zorro lleva ya cinco años en la agenda, por lo que nos debemos preguntar si con las elecciones a vuelta de la esquina la ley se ha pensado para infundir aires de cambio antes que por grandes razones morales. En un proceso democrático las medidas deberían ser debatidas y las acciones del gobierno deberían poder ser rechazadas. Lo acontecido en Ucrania el pasado diciembre nos mostraron la democracia en acción, la forma en la que se ha vetado la caza del zorro nos muestra que incluso en las democracias aparentemente más consolidadas, esta tiene sus limites.