Vidas alternativas: Las caravanas de Viena, asentamientos con las horas contadas

Artículo publicado el 12 de Agosto de 2011
Artículo publicado el 12 de Agosto de 2011
Que Viena no es tan estrecha de miras como se suele presuponer nos lo enseña la historia de la comunidad de caravanas en AKW Lobau, una zona industrial al noreste del río Danubio. Un ejemplo vivo de que el modo de vida alternativo tiene un sitio en la capital austriaca. Hagamos una pequeña visita.

Hay café y leche de soja. Con una gran sonrisa, Hans extiende la vieja manguera alrededor de sus vecinos. Acaba de montar una nueva manguera "inocua para la salud". Los otros prueban el agua, ahora mucho más digerible. Hans también ha comprado yeso para moldear. La comunidad de caravanas de la vienesa AKW Lobau quiere celebrar próximamente un concurso de huevos. La tarea consistirá ahora en moldear huevos y pintarlos. Las gallinas que caminan libremente alrededor de las caravanas ponen huevos aquí y allá, pero no se sabe dónde exactamente. Las gallinas fueron una idea de Harald, un estudiante de geografía de 23 años que desde hace algún tiempo vive en la esplanada. “Harald, el criador de gallinas”, bromean sus compañeros.

La historia de la comunidad de caravanas vienesa empezó hace cinco años, cuando Martin, de 35, licenciado en Psicología y uno de los fundadores de la comunidad, y unos amigos aparcaron indefinidamente sus caravanas en la zona industrial. Por supuesto, el conflicto era previsible, pues vivir permanentemente en descampados es ilegal en Viena. Tuvieron que marcharse, se iban constantemente de un lugar a otro. Hasta que la ciudad de Viena les alquiló hace un año una parcela en Lobau, completamente legal. Actualmente, en la zona de descanso del Danubio-Auen, al este de Viena, hay cerca de 20 caravanas que difieren tanto entre ellas como sus habitantes. El alquiler se paga, al igual que el pan, dependiendo de la longitud del automóvil, en el conocido bar vienés Centimeter. Por lo demás, aparte de un plan de limpieza del lavabo, no hay reglas y todos son bienvenidos. Hace años vino incluso un irlandés en bicicleta. Y se quedó.

©Anne Lore Mesnage

“Vida conjunta como único denominador común”

El AKW Lobau es una especie de vivienda compartida de grandes dimensiones en medio de la naturaleza, un colorido mosaico humano de jóvenes que no quieren vivir en las condiciones de hacinamiento y encarecimiento de la gran ciudad. Para Harald, es la sensación de “abrir la puerta y plantarse sobre la pradera”. Para ello, acepta el tener que pedalear media hora hasta la Universidad. “Estar en medio de la naturaleza y ensuciarla relativamente poco”, el mecánico de coches Patrick razona así su elección por la vida alternativa del asentamiento de caravanas. Los socios de la comunidad caravanera cultivan sus propias verduras. Intentan vivir aprovechando al máximo los recursos sin ser por ello ideólogos ecologistas. Hans incluso tiene placas solares instaladas en el techo de su caravana al lado de la puerta con las que, al menos durante el verano, puede producir la energía necesaria.

Moritz llega y deja caer estrepitosamente un cubo lleno de tomates sobre la mesa de madera dispuesta al descubierto. Lo ha pescado de los deshechos de un supermercado cercano. A esto se le llama "Containering". Los tomates que aún valen se los comerán y el resto se reserva para hacer una ducha de Bloody Mary en el cumpleaños del compañero de caravana holandés James. “Vivir juntos como único denominador común”, es lo que he aprendido aquí, explica Patrick. Y “resolver los conflictos”, añade Harald.

Excavadoras para desayunar

Mirándolo desde el punto de vista del habitante medio de la metrópoli, el pequeño camino que serpentea entre las diferentes caravanas, que pasa por el trampolín o el baño común de la comunidad, el idílico asentamiento de caravanas resulta perfecto. Sólo los golpes de batería de Moritz retumban desde la caravana de música. Por lo demás, este viernes se respira tranquilidad. Los perros se estiran con los últimos rayos de luz del día. Aunque no todo es perfecto, pues en el barrio más cercano hay una obra de construcción grande. La ciudad de Viena quiere construir un canal en los próximos tres años. El contrato de arrendamiento de la parcela por la comunidad de caravanas también expira dentro de tres años. Por tanto, es lógico que uno sienta que lo están echando. Una dosis diaria de martillo mecánico para desayunar es algo que nadie había esperado. Y, para rematar, la comunidad caravanera paga 10. 000 euros anuales de alquiler.

Kaufmann es responsable del reparto de los terrenos en Viena

También aumentan las quejas de los vecinos, alentadas por políticos locales de la derecha populista del FPÖ (Partido social-demócrata austriaco), al menos en los medios. En el diario local se hablaba de anarquistas que harían ruido y ensuciarían el entorno. A pesar de que los lavabos son de un blanco brillante, más limpios que los de algunos pisos compartidos de la ciudad. Incluso hay un bidé.

Entre tanto, no se puede acceder a la información de la página web del FPÖ Wagenplatzstopp.at. “Están en una zona donde no vive ningún vecino en absoluto”, comenta el presidente del Club de los Verdes Vieneses,David Ellensohn. “En su opinión, es la izquierda radical la que probablemente estaría planeando atentados. El FPÖ está formado por hombres duros que tienen miedo cuando alguien lleva un pañuelo en la cabeza o vive en una caravana. Tienen miedo, sobre todo, del que es diferente.”

Sin embargo, la cultura alternativa ha denigrado frecuentemente a Viena con la etiqueta de ciudad provinciana, seguramente también desde que los Verdes están en el gobierno de la ciudad. “La gente de las caravanas se ha convertido- según Jutta Kleedorfer, que se ocupa del uso creativo múltiple de equipamientos en el ámbito de Viena- en un símbolo de la libertad para gente que se siente partícipe de la imagen de la ciudad y se posiciona equivocadamente por la comunidad”. Hasta se realizaron excursiones tiempo atrás al asentamiento de Lobau.

©Anne Lore Mesnage

El campamento, ¿estandarte de la "subcultura" vienesa?

“En Viena lo que falta es voluntad política”, se lamenta Martin, fundador del campamento. Aquí, al contrario de lo que pasa en Berlín o en España, este tipo de hábitat no forma parte de las tradiciones. Por otro lado, los Verdes planean una ley para 2012, llamada Ellensohn, que permitiría un uso temporal del suelo para vivir “Por el momento, estamos trabajando con soluciones provisionales, pero hace falta que encontremos soluciones duraderas para el futuro”, reconoce el político.

Esta noche, nadie en el asentamiento de caravanas piensa en nuevas leyes de la lejana Viena. Allí donde esta mañana estaba la mesa hay ahora un grupo de hip-hop y en un improvisado campo de fútbol en la parte trasera del campamento un DJ pincha. Los habitantes han organizado una fiesta, hay cerveza y cócteles de la casa.

Fuman en el banco trasero de un viejo coche, un fuego centellea en un contenedor al lado de la pista de baile. Lo provinciano tiene otro aspecto. Pero uno tiene que ir mucho más lejos para vivir una chispa de la cultura alternativa vienesa. “Nos hemos ganado la tranquilidad”, dice Patrick. Cuánto durará la calma ante el próximo aviso de expulsión, es difícil de decir. Los compañeros de la comunidad de caravanas del invernadero vienés, que de momento están asentados en una parcela al lado del parque Prater, tienen un contrato que dura hasta el 31 de agosto. A partir de entonces volverán a estar bajo amenaza de expulsión. Y así continúa el nomadismo moderno de la comunidad caravanera, hasta que se encuentren soluciones a largo plazo en Viena.

Este artículo forma parte de Green Europe on the Ground 2010-2011, una serie de reportajes realizados por cafebabel.com sobre el desarrollo sostenible. Para conocer mejor el proyecto, Green Europe on the Ground.

Fotos: Portada ©Katharina Kloss; Texto ©Anne Lore Mesnage; Vídeo: (cc)haudraufundhauab/YouTube