Viena: ¿mujer, inmigrante y lesbiana? Cambia de ciudad, cambia de planeta

Artículo publicado el 2 de Mayo de 2012
Artículo publicado el 2 de Mayo de 2012
Frente a la cada vez mayor presencia de la extrema derecha, tercera fuerza política más votada en Austria, grupos de ciudadanos se organizan para luchar por la integración de los colectivos discriminados. Nos desplazamos a Viena para conocer un planeta que gira alrededor de un astro llamado igualdad.

Linda es nigeriana, ronda la cuarentena y vive en Viena. Es negra, inmigrante y lesbiana, lo que la convierte en víctima de una triple discriminación: “por ser lesbiana mi propia gente me discrimina”; además, “no hablas el idioma, eres negra, no puedes alquilar una casa al mismo precio al que se la alquilan a todo el mundo”. Hace tres años, se unió a Planet10, que define como “una organización política formada por mujeres” que reúne a “gente diferente con diferentes ideas que se ha juntado para formar un planeta que tiene un objetivo: la redistribución de la riqueza y de las ideas”.

Una casa como cualquier otra

Nos adentramos en Favoriten, el distrito vienés conocido por su alta concentración de inmigrantes. “En otros barrios, la gente no es muy simpática con ellos”, comenta una transeúnte. Tras mirar una y otra vez el plano, llegamos a la casa de Planet10, completamente desconocida incluso para los vecinos de calle. Es un edificio como cualquier otro, con la diferencia de que sus muros exteriores están repletos de carteles en varios idiomas que se oponen a la obligatoriedad de aprender alemán. Sin embargo, al atravesar el umbral de la puerta nos sumergimos en una sociedad paralela de la mano de Helga, una de las fundadoras. Nos ofrece un té y galletas caseras y nos hace un tour guiado por las tres plantas del hogar entre las que se reparten salón, garaje, cocina -llena de mensajes de protesta- sala de trabajo, un bajo habilitado como sala de conciertos y cuatro habitaciones. Todo es de todos y nada es de nadie.

En la frontera de la (i)legalidad

En 2009, seis mujeres provenientes de diferentes colectivos críticos con las “políticas migratorias” que no siempre protagonizaban “acciones legales” decidieron comprar una casa, “un espacio en el que la gente pudiera hacer algo”, explica Helga. Juntaron el dinero para adquirir la propiedad; el origen éste es una de las particularidades de Planet10: “dos personas nos hicieron donaciones. Heredaron de sus familias, que tenían negocios en la Alemania y en la Austria nazis (…) y sus descendientes decidieron hacer algo bueno con él”. A ello le sumaron un préstamo de 150.000 euros y 10.000 euros que Helga puso del bolsillo de su madre.

Planet10 tiene una política queer, feminista, antirracista y antifascista. “El 50% de la gente que creó Planet10 es queer”, dice Linda y Helga precisa: “quien empezó todo fue un grupo de mujeres, de feministas y , por supuesto, de lesbianas porque lesbianismo, política y feminismo en Austria están muy conectados”. El principal, “apoyar a los inmigrantes sin importar de qué manera”, cuenta Linda mientras una chica cruza el salón con tres vasos de agua: “pensé que estaríais sedientas”.En el grupo hay una jerarquía plana formada por inmigrantes y austriacos: “no es que sea que solo gente blanca austriaca que apoya a inmigrantes”, insiste Helga. “No queremos decidir por los extranjeros, queremos decidir juntos”, dice Linda.

En el sótano, una sala de conciertos; en la planta baja, las salas comunes y arriba, 4 habitacionesUna de sus principales ayudas a los extranjeros es el alojamiento. En el tercer piso de la casa viven 4 personas que pagan una renta de 300 euros y que pueden quedarse durante un año, hasta conseguir el depósito de un alquiler. Melike, una turca de 25 años, es una de ellas: " antes vivía en la tienda de alguien que tenía una buhardilla”. Estudia Pedagogía y no se sabe si tiene o no permiso de residencia en Austria. “No le quiero preguntar eso”, manifiesta Helga, que traduce la conversación al inglés, “porque para nosotros eso no es importante”.

Mujeres, inmigrantes y lesbianas

Helga es uno de los rostros más visibles del grupo. Tiene 45 años y es corpulenta. su cabeza combina una mitad rapada con otra de melena blanca con mechas negras Es diseñadora gráfica, tiene un grupo de música punk y nos habla de Planet10 haciendo gala de un gran sentido del humor, aunque ocultando cierta información relativa al grupo: “apoyamos acciones, legales o no, que hagan más fácil a la gente estar, trabajar, integrarse en la sociedad…bueno no, no hacemos acciones ilegales”, declara, riendo. Nacida en el sur de Austria, su historia familiar y Planet10 no parecen concordar: “mi padre era nazi y cuando el FPÓ se hizo más fuerte empezó enseguida a votarles”. Recuerda que los inicios de Planet 10 no fueron fáciles. “Faltaba poco para las elecciones cuando nos reunimos por primera vez. Nos dedicamos a ir al centro y a poner posters pidiendo más derechos para la gente porque las elecciones en Austria excluyen a un tercio de la población”. Su protesta le valió un juicio en el que se enfrentó a la derecha y a los socialistas, que no pudieron probar nada en su contra.

Helga se muestra furiosa con el gobierno austriaco y con Europa, que “está construyendo muros contra todos los países que colonizó antes”.

Elsa lleva en la mano una bolsa con comida. Nos la cruzamos en el tercer piso. Es zimbabuense y tiene 27 años. Una hamburguesa después, desciende a la parte baja y nos cuenta su historia: “al principio fue todo muy duro porque para aprender alemán tienes que tener papeles (…) Aquí me siento en casa”. Limpia oficinas, trabajo que compagina con la ayuda que ofrece en un centro de refugiados. Parece contenta de formar parte del grupo, aunque “mi familia no sabe que vivo aquí”. No es la única que oculta esta información a su círculo más próximo. Las componentes de Planet10, que apenas llegan a la veintena, se sienten, a menudo, incomprendidas. “Hay personas a las que ni les menciono el proyecto porque creo que nunca lo entenderían”, cuenta Helga. Un gran silencio se apodera de la sala. Linda lo rompe segundos después: “mi padre piensa que estoy fuera de mis cabales”. Incluso hay quien creía que “era un lugar en el que la gente solo fumaba y bebía”.

Las tres se muestran satisfechas con el trabajo del grupo. Durante nuestra conversación es inevitable no abordar el crecimiento de la extrema derecha en Austria. “Cada vez va a peor. Este aspecto de racismo local que está en el interior de las personas viene de la sociedad nazi”, dice Helga. Asegura que nunca han tenido problemas con grupos de la extrema derecha mientras toca la mesa de madera. Helga considera que “la gente en Viena es muy racista”, pero niega que en Planet10 “estemos escondiendo a los inmigrantes del mundo”. Es realista y quizás haya perdido algo de esperanza con los años: “por supuesto que no podemos cambiar a la sociedad- dice- pero podemos elegir qué cosas queremos hacer”.

Este artículo forma parte de Multikulti on the Ground 2011-2012, una serie de reportajes sobre el multiculturalismo realizados por cafebabel.com en toda Europa.

Fotos: portada, (cc) chantel beam photography/flickr; , texto: ©Cristina Cartes