¿Vientos de renovación en el fútbol húngaro?

Artículo publicado el 31 de Enero de 2007
Artículo publicado el 31 de Enero de 2007
El próximo mes de abril, el Comité Ejecutivo de la UEFA elegirá el país organizador de la Eurocopa 2012. Hungría y Croacia juntas son candidatas.

En el despacho de Zsolt Tamási, las ediciones del diario deportivo Nemzeti Sport se amontonan de manera desordenada sobre una mesilla. En las paredes están colgados con alfileres los planes de entrenamiento, los banderines con los colores del equipo nacional húngaro de fútbol y algunas medallas. En la Sándor Károly Akadémia, el fútbol es el rey. Aquí, el viejo entrenador de los clubes Györ y Vasas se ocupa en lo sucesivo de 43 jóvenes jugadores, con edades comprendidas entre los 15 y los 18 años. Los “futuros grandes del fútbol”, espera él, insistiendo sobre los numerosos cambios de la Academia con los clubes ingleses de Fulham, Liverpool o Nottingham.

A razón de siete entrenamientos por semana, partidos semanales y de un seguimiento escolar continuado, la muy lujosa Sándor Károly Akadémia funciona como un centro de formación tradicional. Seis años después de su creación, ya da buenos resultados. El 90% de los jugadores actuales del MTK –el equipo líder del campeonato húngaro- proceden de la academia, así como 14 de los 17 jugadores del equipo nacional sub-17, clasificado en quinta posición en el Campeonato de Europa del pasado mes de mayo.

De veinticinco a treinta años de retraso

En la clasificación FIFA/Coca-Cola de diciembre de 2006, Hungría se sitúa en el puesto número 62. Los tiempos donde el equipo magiar de Ferenc Puskás y Nándor Hidegtuki hacían temblar a los defensas contrarios son un bello pasado. Es ya Historia la época en la que “los magiares mágicos” –nombre dado al equipo nacional húngaro a principios de los años cincuenta- triunfaban en los Juegos Olímpicos de Helsinki en 1952 o se imponían 3-6 frente a Inglaterra en Wembley.

“Nosotros llevamos 25, incluso 30 años de retraso a nivel internacional”, lamenta Tamás Vitray, uno de los periodistas deportivos húngaros más conocidos. Testimonio privilegiado de la decadencia futbolística húngara, estima que los húngaros han dejado de lado el fútbol-negocio, la profesionalización y la globalización del medio. Como consecuencia, el nivel nacional se resiente. Y para Vitray, no hay secreto: “¡Mientras que no haya más hombres de negocios dispuestos a sacrificar dinero para invertir en nuestro fútbol y nuestros jugadores se queden en el país para desarrollar su carrera deportiva, no saldremos de esta situación!”

Si la constatación que él sostiene es, de manera unánime, compartida, más de 60 años después de su última e infeliz final de la Copa del Mundo de 1954, Hungría debe poner toda la carne en el asador para recuperar su lustre de antaño.

Relanzar el potencial húngaro

En las afueras de Budapest, la nueva sede de la Federación Húngara de Fútbol se erige flamante. Financiada por la UEFA y amueblada por la FIFA, el edificio está hecho a imagen y semejanza del fútbol húngaro: en plena renovación, con la esperanza de regresar un día a la élite mundial.

Una amplia iniciativa de búsqueda y formación de jóvenes conocida como “el programa Bozsik” fue iniciada en 2002. La Federación se prepara en lo sucesivo para abrir su propio centro de formación basado en el modelo francés del prestigioso Instituto Nacional del Fútbol de Clairefontaine. Para acostumbrar a los jugadores a los entrenamientos de alto nivel, entrenadores de prestigio se han sucedido en el equipo nacional: el alemán Lothar Matthäus en 2004 o Peter Bozsik en 2006. Como consecuencia de todo esto, Hungría ha presentado su candidatura a organizar la Eurocopa 2012.

Para Ferenc Nemes, vicepresidente de la Federación Húngara de Fútbol, “este acontecimiento ayudaría mucho a la renovación del fútbol húngaro, puesto que el Estado estaría obligado a comprometerse y a aportar garantías económicas al fútbol nacional y a las infraestructuras. Los centros de entrenamiento necesarios para la acogida de los equipos extranjeros servirían a continuación para la formación local”.

Si a las peticiones procedentes del fútbol húngaro les falta dinero público, algunos inversores privados lo aportan alegremente. La Sándor Károly Akadémia está también financiada por el adinerado hombre de negocios Gábor Várszegi, propietario, asimismo, del equipo MTK. Los futbolistas no pagan nada y reciben incluso una beca mensual de 15.000 florines (40 euros). En suma, son casi 130 millones de florines desembolsados cada año por el propietario del MTK. Y el negocio sólo resulta rentable cuando los jugadores son vendidos en el extranjero.

Acabar con una obsesión: “marcharse al extranjero”

En la Sándor Károly Akadémia, los seminarios de preparación de una carrera deportiva, los CMG (career management groups) y los cursos de inglés se ofrecen para animar a los jóvenes jugadores a marcharse. El objetivo, según Zsolt Tamàsi: “que a los 20-21 años, estos jóvenes puedan irse a grandes equipos y no quedarse en la primera piedra de toque. Ya regresarán luego aún mas fuertes a la selección nacional”.

Para las jóvenes promesas húngaras, los ídolos se llaman Christiano Ronaldo, Lillian Thuram o Alessandro del Piero. Sus posters se despliegan en la mayoría de las habitaciones de la Academia. Algunas paredes parecen propiedad del FC Barcelona o el AS Roma... Otros, miembros de las selecciones nacionales, juegan de forma regular en el Dinamo de Kiev, el Milán o en la Premier League inglesa.

“Ellos son en lo sucesivo el modelo a seguir”, indica Ferenc Nemes. “Los jóvenes se burlan de la generación de 1954 o de los muy buenos jugadores de la década de los ochenta. Han encontrado nuevos modelos entre los húngaros que se han marchado al extranjero. Es esa la esperanza para el futuro”. En 1956, Ferenc Puskás, uno de los 10 “mejores deportistas de la nación húngara”, eligió el exilio después de la invasión de Budapest por las tropas de la Unión Soviética. Su talento le hizo contar con el apoyo y el beneplácito del público español del Real Madrid. Han pasado 50 años, pero el éxito del fútbol húngaro se decide todavía en el extranjero.

Agradecimientos a Csaba Bàtyi