Vinagre, religión y romanos

Artículo publicado el 21 de Octubre de 2009
Artículo publicado el 21 de Octubre de 2009
Demasiado ácido, aunque con sus puntos positivos. Una ensalada de expresiones bien aliñada

Desde tiempos inmemoriales, el vinagre ocupa un lugar destacado en nuestras cocinas. Durante mucho tiempo empleado en labores de coservación alimenticia, sigue siendo utilizado hoy como condimento. En la antigua Roma, mezclado con agua y especias, se hacía una bebida tan popular como refrescante llamada Posca. Ciudadanos libres, esclavos o legionarios: todo el mundo la disfrutaba. Dos césares tan augustos como Adriano y Trajano no tenían problemas para degustarla en público para ganarse el amor del pueblo. Y si la esponja que acercaron a la boca de Cristo estaba empapada de vinagre, la intención no era humillarlo, sino de calmar su sed.

Además de sus virtudes culunarias, el vinagre posee un importante poder desinfectante. Así, a principios del siglo XVII, en Toulouse, durante una epidemia de peste que diezmó la población, cuatro delincuentes condenados a muerte habían sido apresados mientras desvalijaban los cadáveres. Sorprendidos de su resistencia a la enfermedad, la justicia, a cambio de su libertad, les exije que revelen el secreto de su inmunidad. Incluso si en la expresión polaca contamos siete ladrones (Kwaśny jak ocet siedmiu zlodziei), la receta que asocia el ácido acético a todo tipo de hierbas continúa siendo famosa en inglés bajo el nombre de 'vinagre de los cuatro ladrones' (The four thieves vinegar).

Si bien tanto de una parte como de la otra del canal de la Mancha, las moscas no se pueden atrapar con vinagre (you can catch more flies with honey than with vinegar), los italianos consideran que un vaso de este agrio néctar ofrecido con generosidad sabe más dulce que la miel (L’aceto donato è più dolce del mele). Como el vino, en los corazones de los hombres pesan muchas amenazas de corrupción. En Turquía, se aconseja a los hombres impetuosos de controlar rápidamente su cólera antes de que su acidez corrompa el tonel (Keskin sirke küpüne zarar).

En un inglés tan americano como cáustico, un combatiente lleno de energía, listo para superar todos los retos, se considera lleno de pis y vinagre (full of piss and vinegar). Vamos, que está que se sale. Lo que no se corresponde con aquel que según los franceses, mean vinagre: el pisse-vinaigre, envuelto en negatividad, no dudará en darte un corte y desinflarte el ánimo. Cuando el dicho alemán reza que la acidez te hace feliz  (Sauer macht lustig), nos acordamos de que, en origen, los platos regados con vinagre contribuía a abrir el apetito de los comensales, creando un ambiente propicio al buen humor en la mesa. 

Según algunos estudios, un buen vaso de vinagre en ayuno mejora el tono muscular. Los romanos bebedores de posca debían de estar avisados. Además, sus legiones subyugaron al mundo. Brindemos por nuestras futuras conquistas, pero con moderación, que si el ardor es demasiado, las cosas podrían acabar mal o, como diría un francés, tourner au vinaigre.