"VISIBILITY", LA EXPOSICIÓN DE JEFF WALL, EN EL MUSEO DE ARTE DE TEL AVIV, ISRAEL

Artículo publicado el 16 de Febrero de 2014
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Artículo publicado el 16 de Febrero de 2014

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A primera vista, Jeff Wall no parece un candidato probable para ser un artista contemporáneo mundialmente premiado. Este artista canadiense, formado principalmente en Vancouver, trabaja en un medio híbrido entre fotografías y paneles retroiluminados -que evocan de alguna manera los paneles publicitarios de las paradas de autobús de Tel Aviv, donde reside su exposición actualmente- no es excesivamente valorado por el mercado artístico ni disfruta del estatus de icono del que la mayoría de los artistas amigos de los medios de comunicación masiva disfrutan. En otras palabras, hay una marginalidad elusiva hacia el arte contemporáneo canadiense que se cuela en las imágenes que pueden verse en el Museo de Arte de Tel Aviv estos meses. La exposición lleva el título de “Visibility” y, al mismo tiempo, la introducción por parte de los conservadores del museo que el visitante encuentra al inicio de la exposición relaciona esta serie de obras con la visión estética de Charles Baudelaire. Básicamente, Jeff Wall es el artista moderno y contemporáneo por excelencia.

Al mismo tiempo, entre las obras verdaderamente representativas del estilo de Wall y que se encuentran en la exposición no hay casi escenas de la vida parisina, en el sentido de que no se le presta demasiada atención al estilo de vida metropolitano moderno y contemporáneo. En su lugar, encontramos otras escenas muy variadas: interiores de casas, calles céntricas y terrenos naturales. Al contemplarlas, uno comprende que ninguna de esas imágenes es producto de meras decisiones fotográficas, sino que son representaciones artificiales cuidadosamente organizadas, como si la diferencia entre arte y realidad, entre arte y vida, entre realidad y representación pudiera probarse en estos brillantes marcos. Sin embargo, su riqueza visual y las puestas en escena impregnadas de intriga casi detienen su legibilidad dentro de un marco concreto de referencia. En otras palabras, el modernismo y la modernidad representan solo términos genéricos con los que estos cuadros juegan a las claras dentro del momento contemporáneo, a falta de un término mejor.

Es como si estas obras y su aparato discursivo viajasen de un extremo del globo al otro, de Canadá a Israel, como consecuencia de transiciones generales de un ambiente cultural a otro sin diferencias evidentes en sus efectos. Estas referencias culturales clásicas, transiciones urbanas posindustriales, problemas sociales insolubles y escenas de la vida cotidiana no dan la impresión de ser exóticas o estar fuera de lugar. Más bien, uno supone que Jeff Wall efectúa una deconstrucción del arte contemporáneo para que sea un espacio de representación con pequeños fragmentos de momentos reales de la vida cotidiana llevados al límite en forma de imágenes llenas de drama, suspense, reflexión e impulsos que dificultan su traducción a palabras. Jeff Wall toma prestados los paneles retroiluminados del medio de la publicidad para transmitir un mensaje desinteresado que explora los dominios del aburrimiento, los espacios intermedios y los personajes irrelevantes y, por tanto, invisibles.

En definitiva, en un homenaje indirecto a Baudelaire, Jeff Wall lleva a la pintura escenas de la vida cotidiana, global y contemporánea, que no moderna, lo que hace que uno se pregunte hasta qué punto las raíces europeas de la cultura moderna, la modernidad urbana y sus deconstrucciones posmodernas continúan alimentando al arte contemporáneo que viene de los extremos globlales. Si Paris era la capital de la modernidad, uno se pregunta cuál sería la capital de la era contemporánea. Mientras tanto, las asociaciones virtuales entre Vancouver, París y Tel Aviv empiezan a destacar.