Visita a los gitanos de Konik (Montenegro): "Pensaba escribir algo lacrimógeno, pero..."

Artículo publicado el 4 de Febrero de 2011
Artículo publicado el 4 de Febrero de 2011
Un periodista francés se acercó al campo de refugiados de Podgorica, donde viven una parte de los gitanos de Kosovo. Pensaba ir al lugar perfecto para conseguir la mezcla de emoción y denuncia, hablando del destino de los que malviven en ese lugar bautizado por The Guardian como “un depósito de basuras maloliente”.
Todo iba como según lo planeado, hasta que dio con jóvenes llenos de ambición, determinados a dominar su futuro a través del hip hop.

Se suponía que tenía que investigar sobre la educación informal, así que aproveché las horas de espera antes de mi viaje a Podgorica para informarme y saber de qué iba la cosa. Navegué por internet buscando una definición precisa de la "educación informal".

"Un montón de basura maloliente"

Está colgadas en el centro comercial más grande de la región. ¿Ganarán así más impacto?Pero Dijana Uljarevic, la responsable de la programación del Foro MNE (Foro Juventud y Educación Informal), me cortó antes de que pudiera dármelas de listo con mis nuevos conocimientos. Aquí, lo que se hace ha de ser concreto. Estamos en el Bratstva I Jedinstva 4, un edificio en mal estado situado en uno de los bulevares principales. Simon Chang, el fotógrafo que me acompaña, tiene tantas dudas como yo al entrar. La puerta se abre, y Dijana nos recibe en oficinas desordenadas, decoradas con una extraña mezcla de juguetes, ordenadores y pósters de conciertos. ¿Cómo es que se empezó a hablar de los gitanos más que de los otros grupos que la ONU intenta proteger, como por ejemplo los huérfanos? Puede haber sido por la influencia de Konik, “el mayor de los campos de refugiados de la Península Balcánica, que todo el mundo desconoce en Montenegro”, como lo dice The Guardian; más de 2.000 gitanos malviven ahí, en chabolas de uralita y madera, que los incendios, el frío, la nieve o las inundaciones convierten en infiernos. ¿Material suficiente para escribir algo en plan “las casas de los refugiados de Kosovo son un montón de basura maloliente”? Sí, desde luego que sí, y aún más fácil desde que el capital de simpatía de los franceses hacia los gitanos se desarrolló de golpe tras la política de expulsiones masivas de los campamentos romaníes que empezó el Gobierno de Nicolas Sarkozy.

"Les enseño a no tener vergüenza de su identidad"

Ya estaba listo para irme; Simon podría sacar fotos llenas de esperanza en este entorno trash, un poco en el estilo de las del joven fotógrafo montenegrino Pavle Calasan, que se exponen ahora en el centro comercial de la ciudad. Pero justo antes de nuestra salida, llegó Osman. Es corriente que los que antes trabajaron aquí vuelvan: "Uno no se da cuenta del camino recorrido cuando está en medio de un proyecto con los chavales. Solemos darnos cuenta de lo útil que fue todo cuando vuelven y nos cuentan que ya tienen trabajo", afirma Dijana. Osman Mustafaj y su sonrisa encantadora están en su treintena. Llego a Kosovo con 12 años, con rumbo a Konik, y nunca fue capaz de dar marcha atrás. Aquí está su hogar. Está tan integrado en el MNE que es uno de los miembros más activos, y se está planteando montar su propia ONG, UM RAE, para Ukljuciti mlade Romi Aškalije Egipćani ("Darle ánimo a los jóvenes gitanos Ashkalis y Egipcios"). Lo suyo es levantar ánimos, y, según lo que cuenta Dijana, parece que aprendió del mejor de los maestros: "Lo más importante es el diálogo", dice ella. "La comunidad internacional (que subvenciona la mayor parte de nuestro trabajo, puesto que el Gobierno montenegrino no se implica en este tipo de proyectos) nos dona comida y material, pero eso no es lo que desarrolla el talento de los jóvenes. Para eso estamos nosotros. Para darle forma a las competencias que están en cada ser humano". Esta voluntad se materializa a través de las actividades que preparan Osman y el resto del equipo educativo. Recuerda con emoción el primer karaoke que organizó en el campo de refugiados, el primer partido de fútbol, o las demostraciones de breakdance de los chavales en el centro de la ciudad: “Les enseño a no tener vergüenza de su identidad, de lo que son. Yo mismo fui víctima de la discriminación cuando tenía su edad...”. No nos dirá más, pero ya me estoy despidiendo del lamento periodístico que pensaba escribir.

Hip hop o vandalismo

En el Forum MNE, el éxito de los gitanos forma parte del decoradoY es que es imposible adoptar un punto de vista miserabilista, pintar al campo de refugiados como un lugar tremendo, pese a que todos los ingredientes del cóctel estén reunidos: "En 2003, el 61,3% de la población [gitana] no había recibido educación, el 21,3% no había llegado a acabar la educación primaria. Sólo el 9,2% lo había hecho (…) y de los seis gitanos que se habían apuntado a la universidad en 2004-2005, cuatro la abandonaron”, recitan Sofia Söderlund y Elin Wärnelid en un estudio titulado Hip hop y construcción de una identidad colectiva en una zona estigmatizada. No, no puedo ser pesimista cuando le escucho hablar de los talleres que organiza sobre la prevención del Sida  (“La mayor parte de ellos oyen hablar del problema por primera vez al ir ahí”) y cuando veo lo orgulloso que está de saber que, después de su presentación, “muchos van a hacer el test, pues los gitanos suelen estar contaminados por el virus más a menudo”.

El potencial de los jóvenes que participan en las actividades que propone el Foro MNE deja patidifuso, y a veces levanta admiración, como cuando veo en las paredes de la oficina todos los recortes de periódicos que tratan de Barcic Record, uno de los grupos de hip hop de Konik. Pero en su estudio que trata del impacto positivo del hip-hop en el proceso de construcción de la identidad de los gitanos de Konik, Sofia Söderlund y Elin Wärnelid escucharon testimonios muy duros sobre la pobreza en los campamentos 1 y 2, donde se juntan las familias de refugiados que subrayan problemas de crimen, de prostitución, de droga... La causa de todos estos males parece haber sido identificada: es la falta de educación. Pero con el 82% de la población gitana de Montenegro sufriendo paro (datos de 2007), la educación ha dejado de ser una prioridad.

Y allí, en el centro de la ciudad, la "gente normal"

Los jóvenes breakers y raperos que aportan su testimonio en el informe hablan de la frontera entre “ellos”, la gente “normal” del centro de la cuidad, y “nosotros”. Algunos lo sienten aún con más fuerza por haber crecido en Alemania antes de ser deportados aquí, a las afueras. Dijana cuenta que fue a bares del centro con jóvenes gitanos y no gitanos: “No dejaron entrar a los gitanos... Pero acabaron disculpándose”. Algo es algo. Me acerco al campamento 1 de Konik, donde tengo cita con Osman, pero la mujer que me acompaña en coche no sabe ni cómo ir ahí. Se para y pregunta por la dirección, pero nadie tiene ni idea. Acabamos por encontrarlo, pero, al contrario de lo que me había contado el fotógrafo Simon Chang, me siento invadido por un sentimiento de malestar al ver a los niños jugar con la nieve en sandalias. Terminamos yendo a tomar un café a la oficina de mi guía, que comparte mi malestar. Su despacho está a dos pasos del campamento, pero ella no tenía ni idea de que estaba ahí.

Barraca 1: Niños jugando entre hielo y basura

Este artículo forma parte de uno de los proyectos de cafebabel.com para 2010-2011 a lo largo y ancho de los Balcanes: Orient Express Reporter

Fotos: ©Simon Chang/www.simon.chinito.com/; en el centro comercial ©Emmanuel Haddad