Vista desde el museo histórico de Belgrado: Europa y las obsesiones serbias.

Artículo publicado el 3 de Marzo de 2011
Artículo publicado el 3 de Marzo de 2011
Serbia y la UE, la UE y Serbia, Kosovo, el radicalismo... La historia del país balcánico sigue pesando como un fardo de piedras, provocando dudas y engordando obsesiones; pero ¿podrán cambiar las cosas con el acercamiento a los 27? Los conservadores del museo histórico de Belgrado, con un vaso de rakia (el orujo local) en la mano, reflexionan sobre los mitos serbios.

Para un país que muchos consideran obsesionado con su propia historia, las instalaciones del museo histórico de Serbia (IMUS) dejan bastante que desear. "Coge el ascensor hasta el cuarto piso; luego lo mejor es salir e ir caminando al quinto"; así nos explica el conserje del edificio cómo encontrar al conservador Nebojsa Damnjanovic. Se cierran los portones metálicos y empezamos a subir.

Expectativas crecientes

Desde el parlamento europeo se contemplan las futuras relaciones de Serbia con la UE con un primer paso: el acuerdo de estabilización y asociación. La aprobación de dicho documento el 19 de enero abre el comercio entre Serbia y los 27, y da al país balcánico acceso a los fondos de pre-ingreso. Mientras a la potencial entrada de Serbia aún le quedan unos años, esto representa un paso importante en la aceptación aunque todavía queden pendientes algunas reformas y más colaboración con el Tribunal Penal Internacional para la ex Yugoslavia.

Serbia no tuvo siempre la aprobación de sus vecinos occidentales. Belgrado lleva una década luchando para quitarse de encima la etiqueta de paria balcánico. Algunos lo ven como un país estancado en la fantasía de un pasado glorioso, reticente a aceptar la realidad moderna de la política europea y sus estructuras de poder. En consecuencia, los serbios han visto cómo sus vecinos de todos los puntos cardinales la dejan atrás en su marcha hacia Europa. La opinión de Nebojsa Damnjanovic sobre la historia serbia recalca la importancia de la independencia respecto a las agendas extranjeras. "La idea de un Estado propio en el sentido más completo del término siempre ha sido muy importante", declara. "Por el hecho central de nuestra historia es nuestro papel como el primer país del sureste de Europa en ganar la independencia del Imperio Otomano".

Una historia europea

Sin embargo, Nebojsa Damnjanovic especifica que Serbia pertenece a la historia europea y a Europa. "Durante las rebeliones del siglo XIX, los serbios se veían a sí mismos como una nación europea cuyos levantamientos conectados con Europa". Él exhibe un orgullo genuino al referirse a la vuelta de Serbia a Europa desde la prisión del Oriente otomano. La Unión Europea tiene confianza en marginar y silenciar a los movimientos más reaccionarios como ya hizo antes en un continente dividido. La sangrienta historia de Europa será vencida por el progreso y la cooperación democrática. Cuando una pequeña nación en problemas necesita ayuda, hay quienes compartirán su peso con naturalidad e incluso alegría. La prosperidad se extenderá hasta la última esquina de Europa: desde Grecia e Irlanda a Portugal. Es con esta idea que el proceso de ingreso podría superar asuntos calientes como Kosovo. Llevará algo de tiempo que la mayoría acepte su pérdida, pero seguro que la progresión hacia la prosperidad europea, simbolizada en documentos como el de asociación y estabilización, hará que Kosovo sea menos importante.

"Serbia necesita estabilizar su economía, reducir el desempleo y exportar más", dice Valentina, estudiante universitaria del sur de Serbia. Estas declaraciones podrían venir de algún joven estudiante de la Unión Europea. Pese a ser uno de los embrollos a resolver por Serbia, Valentina no da su opinión sobre Kosovo, siempre presente en las discusiones sobre su futuro, presente y pasado. “El peso del mito de Kosovo ha tocado a todas las generaciones desde entonces hasta ahora”; aclara Sladjana Bojkovic, otra conservadora del museo. Este tema aparece inevitablemente en las relaciones con la UE.

Esa palabra que empieza por K

A finales de enero el relator del parlamento europeo para Kosovo, Ulrike Lunacek, afirmó públicamente que Serbia debía reconocer la independencia de su antigua provincia antes de que afecte de verdad a su posible entrada en la Unión Europea. Este pequeño territorio en disputa, considerado el más pobre y marginado de Europa, ha marcado una y otra vez los progresos serbios. La primera vez fue en 1389 (una fecha y un concepto firmemente ligados a todas las generaciones serbias, y también transportado al futuro); es la memoria colectiva de una batalla que determinó la caída física de la Serbia medieval en favor de su reino espiritual.

El príncipe Stefan Lazar eligió presentar batalla contra los imperialistas otomanos en Kosovo Polje (la llanura de Kosovo), cerca de la moderna Pristina, y cayó heroicamente para mantener viva una Serbia celestial. Los a menudo contradictorios objetivos de progreso material e idealismo histórico nunca fueron completamente resueltos. Hoy, Serbia podría suavizar su camino hacia un futuro moderno y estable aceptando la opinión internacional sobre Kosovo, sea cual sea esta [en la actualidad sólo 75 países reconocen a Kosovo como país; hace falta llegar a 120 para que sea reconocido por Naciones Unidas; ndr]. Pero el mito sobrevivió a siglos de dominio extranjero, el renacimiento serbio y el comunismo. Kosovo vuelve a frenar las ansias de progreso terrenal. Esta era una de las astillas para la Hermandad de Fue tras la desintegración de la unidad mantenida por Tito, donde las política iracunda de Milosevic y el nacionalismo serbio violento se fusionaron e invocaron la furia internacional. Tras las atrocidades cometidas y la lluvia de bombas, Serbia fue derrotada y se convirtió en lo que es hoy.

Por Adam Stefanović (1870)

“La historia serbia siempre se ha repetido. Los serbios han sufrido a manos de los mismos enemigos y la iglesia (ortodoxa serbia) siempre ha preservado la nación”, explican. Hoy, la cuestión de Kosovo complica el deseo mutuo de la UE de aceptar a Serbia y de Serbia de entrar en la UE. Desde el punto de vista serbio, la historia se repite. Damnjanovic y Bojkovic, como muchos serbios, creen que una Serbia independiente y la UE simplemente no son compatibles, pero representan el futuro. Sin embargo, el sueño europeo para Serbia no reemplaza su legado. Sus cumplejos no desaparecerán firmando papeles redactados en Bruselas. “Si no somos buenos para nosotros mismos, no podemos serlo para otros”, sentencia Valentina.

A la cálida y amigable discusión sobre historia serbia le sigue un vaso de rakia, servido orgullosamente por Bojkovic. A cientos de kilómetros, en un moderno edificio belga, hay diplomáticos que discuten racionalmente el acuerdo de estabilización y asociación de Serbia. La aprobación significaría un progreso positivo para ambos, pero en Serbia el pasado, como la rakia, es fuerte y caliente. Sentado en el centro de Belgrado, los acuerdos europeos, al menos para mí, no parecen tan importantes. ¿Será suficiente para que Serbia deje de repetir su historia, como advirtió Ulrike Lunacek? ¿Es la Unión Europea lo suficientemente fuerte como para resolver el dilema entre progreso terrenal y legado histórico? Mis anfitriones, como yo mismo, no parecen preocupados. Estamos contentos donde estamos.

Este artículo forma parte del proyecto de cafebabel.com para 2010/2011 centrado en los Balcanes: Orient Express Reporter

Foto: (cc) rudlavibizon/ Flickr