Viva la fuga de cerebros

Artículo publicado el 19 de Septiembre de 2005
Artículo publicado el 19 de Septiembre de 2005

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Una Europa más unida y competitiva no puede lograrse sin el tránsito interno del talento. Como muestra la experiencia de Irlanda, se trata de circulación de cerebros y no de fuga.

Los efectos de la fuga de cerebros se dejan sentir en todos los Estados miembro de la UE y la historia de Gerhard Gerhardson, natural de Rotterdam, no es demasiado inusual. El señor Gerhardson -estudiante excepcional- no vaciló en abandonar su patria cuando se le ofreció la oportunidad de estudiar en París. Una vez allí, destacó en su especialidad y recorrió Francia estudiando en sus más prestigiosas instituciones. A pesar de sus éxitos, no le tentó echar raíces. En el transcurso de su vida laboral, enseñó y estudió en las universidades de Oxford, Cambridge, Londres, Turín, Boloña, Venecia y Roma. También vivió en Alemania y en Suiza. Holanda podría lamentar la pérdida de tal estudiante para el futuro de su país. En cambio, junto a todos los europeos, su país celebra la vida de su excompatriota por su contribución al continente. Gerhard es, sin duda, más conocido por su sobrenombre latino: Erasmo. Este estudiante medieval se hizo famoso por su impacto sobre el pensamiento europeo e inspiró el programa de movilidad que lleva su nombre para estudiantes y profesores de la UE.

Autopistas para los cerebros

Aunque los aspectos negativos de la fuga de cerebros son en la actualidad foco de mucha atención, la historia de Erasmo nos recuerda que la movilidad es uno de los principios fundamentales de la tradición intelectual europea. Durante la época medieval, Europa estuvo siempre recorrida por clerici vaganti. Estos clérigos errantes viajaban entre los centros culturales de Europa, intercambiando y exponiendo nuevas ideas. Se convirtieron, en efecto, en "portadores de cultura" y, como tales, han estado ligados al nacimiento de las universidades. El concepto del escolar errante está siendo resucitado ahora a escala masiva europea por programas como el de Erasmus.

El movimiento de estudiantes y ciudadanos europeos es clave para el enriquecimiento cultural y el desarrollo económico del continente. En ningún tiempo pasado, trasladarse al extranjero ha sido tan accesible y tan normal como lo es ahora. La importancia de esta circulación de cerebros está respaldada por los vínculos cada vez más profundos y extendidos entre los sistemas europeos de enseñanza superior. Hay ya 45 países comprometidos con los objetivos sin precedentes del proceso de Boloña, que pretende crear un área europea armonizada de enseñanza superior para el año 2010.

Los programas de movilidad de la UE, como Erasmus y Tempus (este último apoya la modernización de la enseñanza superior en los países socios de Europa del este, Asia central, los Balcanes y la región del Mediterráneo), están cosechando grandes éxitos. El número de aquéllos que participan en el primero ha crecido hasta los 150.000 al año, con el objetivo de incrementar este número a 300.000 para 2011. Estos programas no animan a los estudiantes a emigrar; más bien, les dotan con aptitudes para divulgar nuevas ideas y perspectivas culturales en sus países de origen, ayudando a mejorar la integración y a promover los lazos entre los países europeos.

Nada que temer

Los diez países que entraron en la UE en mayo de 2004 no tienen nada que temer de la fuga de cerebros que están experimentando. Cuando se tienen en cuenta los efectos positivos que reporta ser miembro de la UE y el incremento en los índices de admisión universitaria, vemos que los países del centro y del este de Europa no están siendo frenados por el éxodo de talento percibido. A los nuevos Estados miembro los alienta también la experiencia de Irlanda, país que, hasta que se unió a la UE en 1973, fue una nación de emigrantes desde 1840. No obstante, gracias a una repentina expansión económica, en pocos años aquella tendencia de más de un siglo y medio de emigración fue sustituida por una corriente positiva de inmigración.

Cuando observamos los resultados positivos de la movilidad y los efectos generales derivados de la pertenencia a la UE, vemos que a largo plazo la nueva generación europea de estudiantes y profesionales viajeros no puede sino aportar beneficios a su continente y a sus países de origen.