Vive el sueño de encontrar un trabajo en bruselas

Artículo publicado el 4 de Junio de 2014
Artículo publicado el 4 de Junio de 2014

El 30% de los habitantes de Bruselas son residentes extranjeros; miles de ellos son trabajadores jóvenes que vienen de todo el mundo muy motivados y con currículos sorprendentes. Pero no siempre les resulta fácil encontrar trabajo. Cafébabel viajó hasta allí y pidió algunos consejos para jóvenes de diferentes sectores. Aquí van estos consejos para ayudarte a encontrar el trabajo de tus sueños.

En el país de los Specu­loos, en­con­tra­mos tra­ba­ja­do­res de todo el mundo. Els Schep­pers, el in­ven­tor de la pasta de los Specu­loos, tenía un lema ya en 1968: "si real­men­te quie­res algo, pue­des ha­cer­lo". Esta tam­bién podía ser la di­rec­triz para Nuno Lou­rei­ro, coor­di­na­dor de aso­cia­ción en Interel, la ga­na­do­ra del 2014 del pre­mio a la mejor con­sul­to­ría eu­ro­pea de asun­tos pú­bli­cos. Antes de tener este tra­ba­jo, este am­bi­cio­so por­tu­gués de vein­ti­sie­te años con un más­ter en cien­cias po­lí­ti­cas había tra­ba­ja­do ha­cien­do prác­ti­cas sin re­mu­ne­ra­ción, en el su­per­mer­ca­do Del­hai­ze para ganar algo de di­ne­ro, había de­pen­di­do de su novia en al­gu­nos mo­men­tos, había ido a cla­ses noc­tur­nas y había man­dan­do miles de so­li­ci­tu­des de tra­ba­jo. Todo para con­se­guir su sueño de tra­ba­jar en asun­tos eu­ro­peos en Bru­se­las. "Me han dicho ‘no’ miles de veces en mi vida. Te vuel­ves im­permea­ble a las ne­ga­ti­vas. En cada so­li­ci­tud que te re­cha­cen pide siem­pre una con­tes­ta­ción y la clave está en ol­vi­dar que la pe­dis­te. Cuan­do re­ci­bes una res­pues­ta, siem­pre es una bo­ni­ta sor­pre­sa. Si con­tes­tan, eso te ayu­da­rá en tus si­guien­tes so­li­ci­tu­des de tra­ba­jo. Pero no es­pe­res que con­tes­ten".

¡NO TE SIEN­TAS ATRA­PA­DO!

Su so­lu­ción se basa en los se­mi­na­rios, los idio­mas y el apren­di­za­je con­ti­nuo. "No te adap­tes solo a lo que se pide en tu tra­ba­jo. Hay miles de opor­tu­ni­da­des ahí fuera. No te que­des es­tan­ca­do en tu tra­ba­jo, aun­que este te guste. No dejes de en­viar so­li­ci­tu­des".

Nuno ha ido de prác­ti­ca en prác­ti­ca y va­rias veces ha te­ni­do que re­gis­trar­se como des­em­plea­do en Ac­ti­ris, la Ofi­ci­na Re­gio­nal de Em­pleo de Bru­se­las. "Fal­tan opor­tu­ni­da­des aquí en Bru­se­las para jó­ve­nes gra­dua­dos", y esto le mo­ti­vó para lan­zar­se y ser em­pren­de­dor a tra­vés de B!ngo. Esta ONG de prác­ti­cas en Bru­se­las ayuda a pro­fe­sio­na­les jó­ve­nes a en­con­trar unas prác­ti­cas jus­tas y de ca­li­dad en la re­gión de Bru­se­las. Ade­más, Nuno re­co­mien­da a todo el mundo "que pien­se en su cu­rrícu­lo con in­te­li­gen­cia. Hay que tener en cuen­ta la foto. A veces yo no es­cri­bo la pa­la­bra ‘prác­ti­cas’, sino que, en lugar de eso, se­ña­lo lo que hacía como ayu­dan­te de pro­yec­tos. De otro modo, mi cu­rrícu­lo po­dría re­sul­tar inade­cua­do con tan­tas prác­ti­cas, ya que todo el mundo hace eso en Bru­se­las".

Sus seis años de ex­pe­rien­cia pro­fe­sio­nal han trans­cu­rri­do en Viena, Kiev y Bru­se­las y la ma­yo­ría de sus pro­yec­tos los con­si­gue por­que man­tie­ne sus con­tac­tos. "Man­te­ner la re­la­ción en redes so­cia­les con las per­so­nas que has co­no­ci­do o con las que has tra­ba­ja­do es fun­da­men­tal y Lin­ke­din es una buena he­rra­mien­ta para ello", ad­vier­te.

¿QUÉ PASA CON EL AMOR?

Mar­ciano Silva llegó a Eu­ro­pa por­que se enamo­ró y ahora está enamo­ra­do de Bruse­las. Es en­car­ga­do en Exki!, una ca­de­na de res­tau­ran­tes que cuen­ta con más de se­ten­ta lo­ca­les re­par­ti­dos en seis paí­ses. Pero este bra­si­le­ño de 35 años tra­ba­ja en el más cén­tri­co de todos, si­tua­do entre la es­ta­ción prin­ci­pal y la Grand Place. Es un lugar en el que tiene que cam­biar de in­glés, a fran­cés, a es­pa­ñol o a cual­quier idio­ma con el que pueda ayu­dar a clien­tes de todo el mundo. Cuan­do le pre­gun­tan sobre opor­tu­ni­da­des de em­pleo, su mejor con­se­jo es: "hay que bus­car in­for­ma­ción ofi­cial sobre do­cu­men­ta­ción legal y no tra­ba­jar ile­gal­men­te. Nunca tra­ba­jar sin pa­pe­les".

Mien­tras pre­pa­ra unas en­sa­la­das fres­cas, un café latte y sirve unas tar­tas de queso, Mar­ciano ex­pli­ca que ha tra­ba­ja­do en este local du­ran­te siete años "para tener es­ta­bi­li­dad eco­nó­mi­ca, pero sin ol­vi­dar lo que me gusta hacer". Des­pués de su jor­na­da en el res­tau­ran­te, Mar­ciano se de­di­ca a lo que real­men­te le gusta: la pin­tu­ra. Su mayor in­te­rés son las ga­le­rías, las ex­hi­bi­cio­nes y los clien­tes in­ter­na­cio­na­les. Vende pin­tu­ras acrí­li­cas, lo que le ayuda a poder man­dar di­ne­ro a Pa­ra­ná, a poder se­guir con su sueño ar­tís­ti­co, usan­do la crea­ti­vi­dad y el co­no­ci­mien­to que ha ad­qui­ri­do en su edu­ca­ción ar­tís­ti­ca y a dar a co­no­cer el arte mo­derno de Bra­sil.

Mari Tepp mira la ciu­dad desde el bal­cón de Mi­li­eu Law & Po­licy Con­sul­ting y nos re­ve­la cómo las em­pre­sas mul­ti­cul­tu­ra­les de Bru­se­las fo­men­tan el am­bien­te in­ter­na­cio­nal de la ciu­dad. "Todos los días tra­ba­jas con per­so­nas que vie­nen de dis­tin­tas vi­ven­cias y per­ci­bes ca­rac­te­rís­ti­cas muy di­fe­ren­tes, como por ejem­plo la forma en la que in­vier­ten su pausa para la co­mi­da y el tiem­po que dura. La gente se vuel­ve más to­le­ran­te y res­pe­tuo­sa". Mari es una joven de Es­to­nia que ha vi­vi­do fuera du­ran­te tres años y medio: en Ale­ma­nia, Fran­cia, Es­ta­dos Uni­dos y, ahora, en Bru­se­las. Tra­ba­ja en una ofi­ci­na mul­ti­cul­tu­ral como in­ves­ti­ga­do­ra de po­lí­ti­cas. Mari siem­pre in­ten­tó fi­jar­se "en todas las opor­tu­ni­da­des abier­tas in­ter­na­cio­nal­men­te, y en al­gu­nas ofre­cían prác­ti­cas". La re­co­men­da­ción que le da a sus ami­gos des­em­plea­dos es: "no per­der la con­fian­za en uno mismo, aun­que pa­rez­ca que nadie te quie­re. Hay un lugar para todo el mundo, y si cues­ta un poco en­con­trar una opor­tu­ni­dad, hay que estar ac­ti­vo. Par­ti­ci­par en pro­yec­tos vo­lun­ta­rios, crear una nueva em­pre­sa, apren­der idio­mas, au­men­tar tus ap­ti­tu­des, todo esto es muy en­ri­que­ce­dor para tu cu­rrícu­lo".

En la ciu­dad en la que pue­des usar al menos tres idio­mas di­fe­ren­tes para pedir una ha­bi­ta­ción en un hotel, Mi­re­la Mis­tor ha te­ni­do que apren­der los tres. El ita­liano tam­bién está es su lista de idio­mas, que se com­ple­ta con su len­gua ma­ter­na, el ru­mano. Ha trabajado du­ran­te cua­tro años en una com­pa­ñía ho­te­le­ra y llegó a Bru­se­las cuan­do Ru­ma­nía aca­ba­ba de con­ver­tir­se en un es­ta­do miem­bro de la Unión Eu­ro­pea. Dejó a su hijo atrás y co­men­zó a lim­piar casas. Logró un tra­ba­jo en el sec­tor tu­rís­ti­co y, así, pudo apro­ve­char su ti­tu­la­ción uni­ver­si­ta­ria en este campo. Su prin­ci­pal con­se­jo es: "es­tu­dia, in­vier­te en ti mismo, y es­tu­dia a cual­quier edad. In­clu­so si ya tie­nes un tra­ba­jo, sigue es­tu­dian­do". Con­si­guió traer a su hijo y siem­pre ha que­ri­do que tenga pre­sen­te que "en cual­quier cosa que hagas o quie­ras hacer, tie­nes que ser el mejor". Mire­la va a Ru­ma­nía cada ve­rano, pero se sien­te dis­tin­ta. "Venir a Bru­se­las te cam­bia la men­ta­li­dad. Abres tu mente, la gente no te mira y te juzga por tu ropa. Está claro que si tie­nes a tus pa­dres de­trás apo­yán­do­te todo el tiem­po, no ten­drías el valor de venir y lu­char. Los más fuer­tes son aque­llos que pue­den vivir entre ex­tra­ños en lugar de entre ami­gos, por­que todo el mundo puede hacer eso", co­men­ta con or­gu­llo. "Si tu­vie­ra que vivir otra vez lo que he vi­vi­do hasta ahora, no sé si po­dría ha­cer­lo. Ya sabes, cada mo­men­to te hace más fuer­te. ¡Todo es po­si­ble si tú quie­res!".

Este ar­tícu­lo es parte de una serie es­pe­cial de­di­ca­da a Bru­se­las. Forma parte de “EU­to­pia: time to vote”, un pro­yec­to di­ri­gi­do por Ca­fé­Ba­bel en co­la­bo­ra­ción con la Hip­pocrène foun­da­tion, la Co­mi­sión Eu­ro­pea, el Mi­nis­te­rio de Asun­tos Ex­te­rio­res y la fun­da­ción EVENS. La serie com­ple­ta es­ta­rá dis­po­ni­ble pron­to en la pá­gi­na de inicio.