Viviane Reding y Europa: Una historia de amor...por la burocracia

Artículo publicado el 20 de Septiembre de 2011
Artículo publicado el 20 de Septiembre de 2011
No es difícil imaginar a un vicepresidente de la Comisión Europea. Si  encima le añadimos una etiqueta demócrata-cristiana y la nacionalidad de luxemburguesa, el retrato está casi hecho. “Viene de la Europa del corazón”, dijo Jacques Delors cuando se la presentaba a los estudiantes de Sciece Po en París.
Viviane Reding, comisaria europea de Justicia, Derechos Fundamentales y Ciudadanía, hace todo lo posible por parecer menos burócrata de lo que aparenta.

La ocasión es el encuentro público organizado por el prestigioso ateneo parisino y el think tank Notre Europe, un año después de que la comisaria tirara de las orejas a Nicolas Sarkozypor el tratamiento dado a los ciudadanos gitanos en Francia. A las buro-acusaciones provenientes de Bruselas, el presidente francés respondió con mucho menos tacto y apuntando directamente al centro de su electorado, sugeriendo a Reding que acogiese a los romaníes “en su amado Luxemburgo”.

Un año ha pasado, pero el asunto no parece haber tocado a los dos protagonistas. Por una parte, el gobierno francés, a través de su ministro del Interior, Claude Guéant, amenaza con expulsiones en masa de todos los gitanos menores de edad que comentan delitos en territorio francés. Por otra, la vicepresidenta de la Comisión Europea recuerda que la UE se basa en los derechos fundamentales de sus ciudadanos, tal y como prevé el Tratado de Lisboa. Derechos que, sin embargo, coexisten con los de los Estados y que trazan puentes entre las diferentes legislaciones. En pocas palabras, no se puede expulsar a los ciudadanos de un país del espacio Schengen en razón de sus orígenes étnicos o nacionales.

Tweet and love

Reding lo intenta todo para tratar de dejar huella en el corazón del público estudiantil, refiriéndose varias veces al éxito del programa Erasmus y a la pasión que el proyecto europeo debería suscitar en los jóvenes. Llega incluso a calificar a las redes sociales como las herramientas de una nueva Europa. Pero, atención, explica: “Algunos de mis colegas pasan demasiado tiempo en Tweet –explica- y luego no tienen tiempo para trabajar”. En resumen, nuestra comisaria para la sociedad de la información no conoce el nombre de las redes sociales. En ese momento, Jacques Delors, sentado a su lado, empieza a hablar fuerte por teléfono provocando risas en la sala. “Mirad-dice ella de manera irónica- las nuevas generaciones utilizan demasiado las nuevas tecnologías!”. Jacques Delors,que frecuenta Bruselas y a sus burócratas después de 32 años, tiene compromisos urgentes y abandona la sala.

Reding es aburrida hasta el fondo: insiste en los términos “corazón” y “amor” (y en los hijos nacidos de parejas Erasmus) para que Europa se haga más fuerte, responde a las preguntas de los estudiantes con el entusiasmo y las cifras de un contable. A preguntas sobre la crisis de la deuda soberana que amenaza con infectar la periferia de Europa, responde con los habituales estereotipos de nefasto entusiasmo europeizante. Mientras las bolsas se colapsan y los intereses que se pagan por la deuda italiana se disparan, Reding continúa hablando de los objetivos del equilibrio presupuestario y de una nueva gobernanza económica. Así, sobre la frágilGrecia, que no espera más que la declaración oficial de falta de pago, repita que Europa la mantendrá, pero que debe aceptar las reformas para salir adelante. Algo así como decir: “Si queréis que os ayudemos, abandonad vuestra soberanía económica”.

“¡De eso habla Cecilia Malmström!”

Si los estudiantes no mostraron su irritación ante esta visión de Europa (similar a la que les enseñan en las clases), a los periodistas parisinos les costó más acomodarse al ambiente aburrido del Berlaymont (edificio de la Comisión Europea en Bruselas). Cuando una periodista de Reuters se cuela entre el público para preguntar sobre los gitanos, Reding le responde pasando la palabra. Pasan treinta segundos y el portavoz de la comisaria, saltando hasta los bancos del fondo, se arriesga a estrellarse antes de alcanzar a lo joven reportera que comenzaba a escribir su noticia. La redacción de cafebabel.com se arriesga también a preguntar sobre la agencia Frontex, que reforzará pronto sus controles en las fronteras. La comisaria está a punto de decir algo pero, ¡alto!, le interrumpe el joven portavoz: “De eso habla Cecilia Malmström! (comisaria de Interior).

Si Europa quiere salir de esta crisis política y social, incluso antes de serlo también económica, deberá llamar a personalidades bien diferentes. O a otros métodos. Es hora de que las grandes instituciones europeas propongan nuevas respuestas que sean diferentes a las letanías exageradas de la bella Europa para que las grandes amenazas no se conviertan en una trágica realidad.

Foto: portada (cc) EU Social/flickr; texto © Giacomo Rosso