Vivo en un barquito de papel

Artículo publicado el 28 de Agosto de 2006
Revista publicada
Artículo publicado el 28 de Agosto de 2006
Vivir en una casa flotante, las que fueran las favoritas de la generación del flower power, se ha convertido en un privilegio de jóvenes muy adinerados.

Hoy en día, las modernas casas flotantes ya no son lúgubres viviendas para una población marginal, sino casas totalmente equipadas, populares entre aquellos que ganan mucho. Ofrecen lo mismo que entonces: sensación de libertad lejos del mundanal ruido.

El Hendrika-Maria está enfrente del número 296, Prinsengracht. Esta casa flotante atrae a turistas de todo el mundo por ser la única barca museo de Ámsterdam. Después de pisar el barco y bajar unos escaloncitos, llego al dormitorio, que consiste en una colcha grande pegada al camarote del fondo del barco. A través de un ojo de buey veo un barco de turistas bogar y alejarse, unos segundos antes de que el Hendrika-Maria baile al son de las ondas provocadas en el canal.

Vivir como los hippies

“En los sesenta había mucha escasez de casas en Ámsterdam y vivir en un barco era muy barato en comparación. Además, estaba bien visto vivir de forma alternativa, de modo que muchos hippies se mudaron a casas flotantes”, dice Marjet van Zadelhoff, una empleada del museo.

Hoy en día, parece que los hippies han desaparecido. Teti Verhoeff, que trabaja en el departamento de casas flotantes del ayuntamiento, explica que la situación de las casas flotantes ha sufrido cambios a lo largo de los años: “Al principio, al vivir en el agua se le decía ‘el estado de libertad’. No había reglas ni ataduras, esa era la aventura. Vivir en el agua era muy popular y mucho más barato, de modo que cada vez más gente lo hacía. Pero cuando empezaron a quejarse los unos de los otros y empezó a faltar el espacio, el ayuntamiento tuvo que imponer ciertas reglas.”

“Hoy en día, vivir en el agua es de lo más sofisticado. La gente quiere tener una barquita para el fin de semana, quiere vivir en una casa flotante. En Ámsterdam, es una cuestión de imagen lo que convirtió el agua en algo tan valioso.” Lo que para la generación del “flower power” comenzó como una moda es ahora una manera muy apreciada de vivir entre los jóvenes de familias acomodadas.

Casas de lujo para los ricos

Subiendo por Prinsengracht visitamos a Alessandra Enting, que le está guardado la casa a su amiga mientras esta está fuera. “Existe la idea de que aquellos que viven en casas flotantes son extraños y excéntricos, pero no es cierto. Somos gente normal con un buen trabajo y ganamos nuestro dinerito. Se necesita mucho dinero para vivir en una casa flotante. Me gustaría comprarme una, y sé que tendré que pagar entre 230.000 y 250.000 euros por un barco tradicional.”

El arca al que me invita Alessandra parece sacado de una revista de hogar. Elegantes estanterías blancas jalonan las paredes y un original escritorio de ordenador bisbisea en una esquina.

“Tenemos de todo: Internet, lavadora, televisión, etc. El poste que veis fuera proporciona electricidad, que compartimos con los vecinos”. A la derecha, se extiende una terraza de madera cubierta con una mesa y sillas de jardín entre plantas muy altas. “Es la sensación de libertad lo que más me atrae. No se tienen vecinos directos, se puede poner la música tan alta como quieras y siempre hay acceso al exterior. Si vives en un apartamento en un segundo piso, ni siquiera hay jardín”, explica Alessandra.

André Aaldering ha vivido en su casa flotante los últimos veinticinco años. Paga 800 euros anuales por el permiso. Pero su experiencia es que, a la larga, el mantenimiento del barco es la parte más cara, y lo más agotador. “Hay que pintar el barco cada 2 ó 3 años y hacerle una inspección cada cuatro años. Es muy pesado porque tengo que hacerlo todo yo mismo, y soy bastante vago, sobre todo durante el verano.”

Los canales de Londres

Lo que empieza a ser normal en Ámsterdam es otra historia en Londres. Al ser esta una ciudad que depende menos del agua, los canales atraen a menos gente. Aún así, la demanda está creciendo. Según British Waterways (la entidad pública responsable de los canales y ríos navegables de Gran Bretaña y que se ocupa de un quinto de los barcos amarrados en Londres) la demanda de barcos en propiedad está creciendo un 2,5% al año y tienen listas de espera de más de 300 personas.

He quedado con Adam Slade en Battlebridge Basin, cerca de King’s Cross. Ha vivido en casas flotantes más de 17 años. “¡Me encanta! Estamos en pleno centro de Londres y hay patos, gansos, cormoranes, una gran fauna acuática. Además, es una forma de vida inofensiva. Siempre le puedes pedir a una chica que venga a sentarse en tu barca. Sí, tienes que hacer más cosas que si vivieras en una casa normal, pero también obtienes mucho a cambio.” Sin embargo, el coste de vivir en una casa flotante es bastante caro. Adam no quiere admitir cuánto paga, pero calcula que en la zona de King's Cross se pagan entre 150 y 250 Libras a la semana sólo de alquiler.

Para Dawn Menear y su hermano Julian el dinero no es problema. Les gustaría comprar una casa flotante y mudarse al agua. “Me encantan los canales y la libertad. Hay buen ambiente y puede ser una forma muy barata de vivir. Mis hijos ya han crecido y estoy lista para un cambio en mi vida” dice Dawn. “Tenemos que encontrar un espacio en el agua y luego comprar una barca en el norte y traerla hasta Londres. Sería una barca tradicional, pintada en rojo y verde. Somos conscientes de que llevará su tiempo, pero podemos esperar”, dice.

Si tenemos en cuenta los precios de las casa flotantes en Londres, no es una alternativa de vivienda barata. Si tuviera que mudarme a una casa flotante, no obstante, me decantaría por Ámsterdam; no sin antes superar la cuestión de los mareos y mejorar mi holandés, ¡por supuesto!

Colaboró Menno Bart, de nuestra redacción local en Ámsterdam

Fotos de Karolin Shaps