Vladimír Franz: ¿tatuajes en el presidencial castillo de Praga?

Artículo publicado el 11 de Enero de 2013
Artículo publicado el 11 de Enero de 2013
Vladimír Franz posiblemente sea el candidato más inesperado en estas primeras elecciones en las que se elige directamente al presidente de la República Checa. Con 53 años, este artista, músico y profesor de universidad enfila tercero en las encuestas. El resultado, a partir de las dos de la tarde de mañana.

50.000 firmas necesitaba Vladimír Franz para convertirse en candidato a la presidencia de la República Checa. Una cifra que ha justificado la extensa camapaña de Franz por todo el país —incluidos los flases y las miles de preguntas a las que ha tenido que responder: “Profesor, ¿qué opina del cambio climático? ¿Y de la protección animal? ¿De la propiedad intelectual? ¿De las Pussy Riot? ¿Se les debería permitir a los homosexuales adoptar niños?”—. Sus ojos grises como el acero se posan aquí y allá. Dirige su mirada al músico, artista e intelectual que le acaba de plantear la pregunta. Sus pupilas suelen establecer contacto directo con su interlocutor. Franz siempre formula una respuesta elocuente y amena. No podemos negar que es agotador. “Por lo menos, déjenme fumar este cigarrillo”, le suplica a una señora a quien le gustaría saber, durante una pequeña pausa, cuál es su posición respecto a la fe.

En un día lluvioso de finales de verano, muchos fueron los jóvenes que se reunieron en torno a unos sofás blancos en la colina Letná. No es que acudiesen muchos. En aquel momento, Jakub Hussar, quien inició y ha dirigido su campaña, calculaba que habían recogido unas 10.000 firmas —a finales de 2012, había pasado ya las 88.000 (N. de R.)—. Cumplir su objetivo antes del día 5 de noviembre era un plan ambicioso. Convertirse en presidente no era su fin prioritario. Iniciativas, ciudadanos activos que ya no quieren ver a los desacreditados políticos de brazos cruzados. Eso es lo crucial. “Cuando tomo un camino, lo hago con billete de ida”, afirmaba por entonces Franz. “En todo lo que he hecho, siempre he empezado desde abajo”.

La fascinación que ha originado gira en torno a esa afirmación. En 1982, el hijo de un ingeniero electrónico y de una enfermera finalizó su doctorado en Derecho. No obstante, rechazó formar parte del aparato judicial totalitario checoslovaco: decidió tomar su propio camino. Trabajó en una mina e incluso se dedicó a esparcir sal sobre la nieve. De ahí pasó a ser profesor de educación profesional. Luego compuso la música para el teatro realizado por trabajadores en Most, al norte del país, llevando a cabo su formación artística de manera privada. Ya en la década de los ochenta, personalidades reconocidas como el pintor Karel Souček o los compositores Miroslav Raichl y Vladimír Sommer le acogieron bajo su protección.

¿Alcanzará la primera presidencia del país elegida por sufragio universal?

Actualmente, Vladimír, que ha sido galardonado en seis ocasiones con el premio de teatro Alfred Radok, enseña en instituciones como la AMU, la academia de artes musicales de Praga y de la que fue presidente del senado académico durante cuatro años. Sus cuadros no solo son bien recibidos en las galerías checas y ahora trabaja en la adaptación operística de la novela de Karel ČapekLa guerra de las salamandras (1968) para la ópera estatal de Praga.

Aún queda algo más: su color de piel, en el que predomina el azul. De hecho, habla de mala gana sobre los tatuajes que cubren gran parte de su cuerpo. En anteriores entrevistas lo denominó su “jardín privado”. Vamos, que no es de nuestra incumbencia. Tras aceptar el reto de luchar por la fortaleza presidencial —el castillo de Praga es la residencia del electo (N. de R.)—, difícilmente surge otra vez el tema.

Parece no mojarse e incluso ha metido la pata en alguna respuesta, pero no por ello ha perdido seguidores.Allí donde una vez se alzaba la estatua más grande dedicada a Stalin y donde ahora se levanta un enorme metrónomo que vigila la capital checa alrededor del cual los patinadores practican sus kickflips, los jóvenes le preguntaban cautamente: “¿No será que los políticos tienen tal vez un problema con la apariencia, Vladimír?” “En mi opinión, la diplomacia significa no tener ningún problema”, afirmaba él, esbozando una sonrisa y vestido con una americana oscura y una camiseta marinera. “Incluso si se tiene un problema, no se debería reconocer”. El artista siempre ha conferido a sus adornos corporales un simbolismo político: en un sistema democrático, todo el mundo debería tener la libertad de decidir su propio color de piel. Y por qué no el presidente. Para Franz, sus tatuajes son un reflejo de la libertad personal, de su gusto por el arte y de su proyecto de vida.

Franz suele hablar de manera cautivadora sobre las grandes preguntas vitales, sobre la fe como elemento correctivo del ser humano y sobre el estado como instrumento de los ciudadanos. No obstante, parece poco habilidoso ante determinadas preguntas políticas: “¿Los extranjeros deberían tener derecho de voto?”, le lanzaba una periodista rusa. “Solo los nacionales tienen el derecho de voto en su país. Este caso se repite en todo el mundo”, responde Franz ignorando así tanto el derecho de voto europeo como las nuevas tendencias para el fortalecimiento de la participación política de los inmigrantes en algunos países.

Franz no se posiciona ni a la izquierda ni a la derecha. En lo relativo a cuestiones como la integración europea o la energía nuclear aún no ha expresado opiniones precisas. Pero, a sus adeptos, precisamente les gusta esa postura. A Franz le encanta escuchar. Reconoce que no lo sabe todo. Y nunca tuvo nada que ver con la política. “Voto desde hace diez años. Hasta el momento, nunca he podido votar a nadie sin tener posteriormente remordimiento de conciencia”, dice Jana Zelinková, una joven madre. Entonces, ¿por qué votar a Franz? “Porque no tiene nada que ver con la política actual. No apesta a todo lo que nos enteramos diariamente por los medios de comunicación”.

En un estado joven como la República Checa, cuya historia solo conoce dos presidentes, la comparativa con los predecesores es ineludible. Así que, ¿a quién se parecería más Franz? ¿A Havel o a Klaus? Él no quiere criticar a ninguno de los dos. En realidad, tampoco se quiere comparar con ninguno de los dos. Ni tan siquiera su currículum y su estilismo de candidato auténtico del pueblo van en armonía. A todos los que se colocan tras él, les promete que no se convertirá en un tozudo sabelotodo. Todos saben a qué se refiere.

Un artículo de Martin Nejezchleba en asociación con Jádu, la revista juvenil del Instituto Goethe en Praga.

Fotos: © página oficial en Facebook de Vladimír Franz y © Martin Nejezchleba. Vídeo: (cc) RobertRoberts/YouTube.