"Voll nice!": el argot berlinés

Artículo publicado el 1 de Noviembre de 2014
Artículo publicado el 1 de Noviembre de 2014

Nada más poner un pie en Berlín, todo recién llegado aprende con rapidez a escoger sus palabras. Al fin y al cabo, no solo hay que lidiar con el dialecto berlinés y con el elevado número de lenguas extranjeras, sino que también hay que familiarizarse lo antes posible con el argot de la ciudad.  Aun así, ponerse a ello no se hace tan cuesta arriba si se tiene este pequeño diccionario a mano.   

Ser guay o no en Berlín depende de una palabrita a simple vista insignificante, pues desde hace poco ya no es tan cool decir “cool”. Y es que todo aquello que pueda parecerle a uno interesante, novedoso o digno de admiración ha pasado ahora a ser nice. Podría pensarse que esto tiene que ver con el número creciente de extranjeros angloparlantes que han decidido hacer de Berlín su hogar, quienes se limitan a hablar en inglés al deambular por los barrios de Kreuzkölln o Friedrichshain; pero es más bien improbable, ya que en inglés no se ha producido un renacer de la palabra "nice". En vez de eso, esta palabrita sin importancia sale casi exclusivamente de los labios de jóvenes alemanes, los que al parecer han aborrecido el término “cool”.    

Berlín es una ciudad con encanto... ¿O no?

Al llegar a la ciudad uno se da cuenta en seguida de que, si bien la mayoría de los berlineses no guardan tanto parecido entre sí como sus camaradas metropolitanos de Londres, Nueva York o Pekín, no ocurre lo mismo con sus frases: cortas, rápidas y con gancho.  Es por eso que solo los turistas y los que no están puestos en el tema dicen Schlesisches Tor, Görlitzer Park  o Kottbusser Tor. De los labios de un berlinés guay salen solo Schlesi, Görli y Kotti. Lo mismo sucede con muchas otras palabras que se utilizan a menudo y que por ello tienden a acortarse: el Spätkauf (tienda nocturna que literalmente significa “compra tardía” y ya de por sí una palabra peculiar) se convierte en Späti, los öffentliche Verkehrsmittel (“transporte público”) en Öffis, y la tan apreciada cerveza Sternburg, en Sterni. Para ser guay en Berlín, es imposible renunciar a estas abreviaturas; aunque hay que tener cuidado de no utilizar demasiadas en una misma frase.

Una vez se ha logrado dominar el argot de moda de aquellos que se autodenominan berlineses, hay que vérselas con la jerga jovial y descarada del “auténtico” berlinés, conocido en toda Alemania como el Berliner Schnauze (literalmente “morro berlinés”). Es probable que la mayoría de los que aquí residimos hayamos oído alguna vez que un Brötchen (panecillo) se conoce como Schrippe. También es fácil acostumbrarse a los cambios de consonante a final de palabra: ich (“yo”) se convierte en icke, was (“qué”) en wat y das (“eso”) en dit.  Pero cuando la “g” inicial se convierte en “j” y los verbos se intercambian unos por otros, los recién llegados necesitan algunas semanas para asimilarlo: Kiek doch, wo de hinjehst! (“¡Mira por dónde vas!”). 

¿Mi kiez, tu kiez, nuestro kiez?

Otro término con el que uno se topa en Berlín sí o sí es el Kiez: lo que en otras partes se conoce simplemente como Stadtviertel (“barrio”), en el norte de Alemania y, sobre todo en Berlín, se le llama de forma cariñosa “mi Kiez. Hace tiempo eran pocos los barrios que podían calificarse como verdaderos Kieze berlineses; hoy en día todo el mundo le llama Kiez a su propio barrio, donde no faltan el bar preferido y el Späti. Aun así, si uno se acaba de trasladar a Berlín, es mejor no usar esta palabra a los dos días, porque suena a un claro “quiero y no puedo”. 

Las malas lenguas dirán que la elección de las palabras no es un indicador de lo guay que una persona es. Aun siendo esto verdad, una palabra equivocada puede conseguir que nos tachen de turistas o de novatos en los lugares de fiesta berlineses más de moda. La petición komm rum! (“¡Acércate!“) no significa que tienes que seguir a alguien hasta la esquina, sino que vayas a verle a su casa o que te unas a una fiesta. Si uno pide un Pfeffi, se refiere a un  licor de menta de un verde intenso, y si alguien todavía dice Discos en vez de Clubs, seguramente no llegue a hacer buenas migas con la capital. En Berlín no se emplea nunca la expresión Party machen (“ir de fiesta”, literalmente “hacer una fiesta”), pues al fin y al cabo no se trata de una acción activa, sino que lo que importa aquí son las ganas de disfrutar. Y precisamente por eso, con o sin obstáculos lingüísticos, Berlín es voll nice.