Volver: estudiar en el extranjero para servir a Kosovo

Artículo publicado el 3 de Enero de 2008
Artículo publicado el 3 de Enero de 2008
Abandonar una región siniestrada por 50 años de comunismo y un conflicto étnico es una perspectiva tentadora para la juventud kosovar. Sin embargo la mayoría de los que se van a estudiar o a trabajar al extranjero eligen el retorno.

45% de paro, un prolífico mercado negro, un PIB de 1.000 euros por año y habitante y una corrupción endémica: la situación económica en Kosovo no tiene nada para hacer soñar a la gente. Para el que tiene la ocasión de abandonar el país, el retorno puede ser una opción ventajosa.

Un ejemplo de esta fuga de cerebros que amenaza con gangrenar toda la Europa del Este es Polonia. A pesar su floreciente economía, gran número de jóvenes polacos médicos, ingenieros o arquitectos no ha dudado en emigrar, atraídos por las sirenas del oeste europeo. El gobierno de Polonia intenta hacerles volver. En vano.

Esta situación apenas encuentra eco entre la juventud kosovar. “¿Por qué tendría que trabajar yo en Suecia?”, pregunta Miranda, una joven informática que ha terminado un máster en Escandinavia el año pasado. “Me propusieron un trabajo allí, pero lo rechacé para volver a Kosovo. Porque aquí puedo trabajar por el futuro de mi país.”

Miranda forma parte de una generación joven, que terminó su infancia en el momento de los bombardeos de la OTAN sobre Serbia en 1999, y que después tuvo la oportunidad de estudiar.

Al contrario que sus padres, que vivieron las represiones culturales de la era Milosevic. Entre 1986 y 1999, la universidad de Pristina estuvo cerrada de facto a los albano-parlantes que, sin embargo, eran mayoritarios en la capital de Kosovo: la enseñanza sólo era impartida en Serbio.

Visiones de futuro

(Foto: ©Andrea Decovich)

Miranda considera que su experiencia en el extranjero es como un triunfo para el desarrollo de Kosovo. “Ahora que estoy de vuelta y que trabajo, ¿por qué no plantearme para el futuro colaborar con los laboratorios de investigación en Suecia? He aprendido a conocer este país y ahora tengo contactos. Podríamos crear una estructura en Pristina y enviar a otras jóvenes a formarse allí. Así, mi experiencia podría servirle a otras personas.”

La juventud kosovar, que representa alrededor de la mitad de sus dos millones de habitantes, juzga importante tener, de ahora en adelante, la oportunidad de irse a estudiar o a trabajar al extranjero. Pero la vuelta al país está lejos de ser una excepción.

Velmir y Besart. Dos estudiantes de relaciones internacionales en la Universidad de Pristina, aún no han salido de Kosovo, pero ya saben que volverán a su casa. El primero quiere ir a Francia, el segundo a Estados Unidos.

“Si quiero irme es sobre todo para volver”, explica Besart. “Para traer todo aquello que pueda aprender, nuevas ideas, nuevas prácticas". Besart explica esta voluntad de retorno a través de la constitución: “En ella está escrito que debemos servir a Kosovo”, precisa. “Pero es más que un deber. No sé cómo explicarlo con palabras: es algo que te agarra el estómago.”

Becas y visados

La universidad de Pristina anima a sus estudiantes a irse y el departamento de relaciones internacionales no oculta sus ambiciones, a pesar de las dificultades. “Alrededor de 200 estudiantes se van cada año al extranjero, pero sólo 50 tienen beca de estudios. Los otros se van gracias a sus propios medios”, comenta Jehora Lushaku, la responsable del departamento.

“Uno de los mayores problemas, es la obtención de un visado. Nosotros no formamos parte del espacio europeo de libre circulación y el procedimiento es largo y caro: unos 60 euros por estudiante.” Con respecto al destino, Europa acapara los candidatos, pues muchos kosovares tienen en los países de este continente a familia emigrada.

Cuando Miranda, Velmir y Besart dicen que quieren volver con nuevas competencias a Kosovo, siguen de manera indirecta, la política puesta en marcha por el Gobierno: “El envío de estudiantes al extranjero responde a veces a una demanda muy específica. Si, por ejemplo, el ministerio de Energía se da cuenta de que hacen falta dos especialistas sobre un tema, va a proponer dos becas para ir a estudiar este tema y emplearlas a la vuelta”, subraya Lushaku.

Para estar de acuerdo con el modelo europeo y facilitar los intercambios, la universidad de Pristina quiere integrar poco a poco el proceso de Bolonia. “Nuestro objetivo no es sólo hacer partir a los estudiantes, sino también hacerlos volver de toda Europa. El año que viene, un nuevo programa se pondrá en marcha, el CEEPUS: 100 estudiantes de la facultad podrán partir y nosotros acogeremos a 100 estudiantes extranjeros”.

Las organizaciones extranjeras, como el Instituto Francés, el Instituto Goethe o el British Council, proponen también financiación para incitar a los jóvenes a marcharse un tiempo. “Proponen contratos a los estudiantes, con una cláusula que les compromete a volver una vez que sus estudios hayan terminado”, prosigue Lushaku. “Ellos también quieren conservar a los jóvenes titulados en Kosovo, donde más falta hacen”.

Generación post-1999

“Los jóvenes que se marchan hoy en día, vuelven porque saben que tienen mejores oportunidades que los otros para encontrar un buen trabajo aquí”, constata Ilir Hoxha, responsable de un proyecto para la juventud, financiado conjuntamente por el Banco Mundial y el Gobierno en Pristina. El mismo Hoxha realizó su master sobre Gestión de sistemas de salud en la prestigiosa London School of Economics (LSE), en Inglaterra.

“Antes de la guerra, los que se iban lo hacían por desesperación, porque el futuro no existía en Kosovo. Hoy en día es diferente. Acceder a la independencia es un gran reto, difícil de conseguir pero que puede tener sino efectos positivos. Necesitamos a nuestros jóvenes para ello”, considera Hoxha.

Si los jóvenes titulados están dispuestos a volver y quedarse en Kosovo para construir un nuevo país, ¿qué pasa con los más pobres? Miranda es consciente de la respuesta. “Sueñan con irse a Estados Unidos para trabajar. Estarían dispuestos a morir por ello. Por eso nosotros tenemos que desarrollar nuestro país, por los kosovares que tienen ganas de vivir en él.”

Fotos: En el Bulevar Madre Teresa, en construcción (Andrea Decovich)