Vota no: ¿un segundo referéndum? ¡Que democrático!

Artículo publicado el 1 de Octubre de 2009
Artículo publicado el 1 de Octubre de 2009
Es irónico que el No a Lisboa irlandés se considerase un duro golpe a Europa y un paso atrás en la democracia cuando el Tratado de Lisboa acabaría completamente con nuestro derecho a voto. Daniel O’Leary habla sobre la parcialidad de la prensa y la ilusión de que podemos elegir

Desde agosto de este año existen en Irlanda nuevas directrices que dejan claro que los medios de comunicación ya no tienen que dedicar el mismo tiempo a ambas posturas en los debates sobre referéndum. Como consecuencia, la postura a favor de la ratificación ha recibido la mayoría de la atención mediática, y muchas de las apariciones sobre la postura contraria han servido tan solo para desacreditar dicho argumento. Esta cobertura parcial no es algo nuevo. Tras el No a Lisboa la conclusión predominante de los medios internacionales fue que el resultado era un fracaso, e incluso un desastre.

El sentir generalizado era que los irlandeses habían dado la espalda a sus viejos amigos con ingratitud, o que simplemente se habían puesto en ridículo, votando incorrectamente. Se dio una mala imagen de los irlandeses. El periódico The Telegraph y la Brookings Institution llegaron incluso a informar erróneamente que la participación fue de un 45 y 40% en lugar de informar de la cifra real del 53%, de la que se ha reconocido que sigue siendo una cifra baja.

"El sentir generalizado era que los irlandeses habían dado la espalda a sus viejos amigos con ingratitud"

Sin embargo, ¿tan malo es no usar tu voto en lugar de votar en la ignorancia? Según las encuestas, la mayoría de los que votaron No en 2008 así lo hicieron porque no entendían el Tratado. No comparto la opinión de que dichos votantes estuvieran menos informados que los que votaron Sí. Los que votaron a favor de la ratificación lo hicieron con la vaga idea de que Europa es bueno para Irlanda: una reacción comprensible, pero totalmente desinformada y emocional.

La elección entre el Sí y el No continúa en manos de un grupo de electores pésimo. La cínica página web del gobierno sobre el Tratado de Lisboa es condescendiente y vaga, más llena de retórica que de información. De hecho, parece que anima a votar en la ignorancia. Mientras, el lado contrario lo forma el controvertido partido republicano marxista del Sinn Féin y varios grupos pequeños e individuos del espectro político. Muchas veces, sus opiniones son tan antisistema que son difíciles de aceptar al pie de la letra. A pesar de todo, al menos ellos ofrecen información detallada y referencias, algo que falta en la mayoría de la propaganda del bando del Sí. 

Mantener al público en la ignorancia

Según algunos, los detalles del tratado es algo que precisamente el público no debe conocer. O al menos, no hasta que hayan votado. La presidencia del comité sobre asuntos constitucionales escribió sobre el Tratado de Lisboa: “los temas delicados”, solamente se trataran tras la “entrada en vigor del Tratado”.

Este deseo de retener información sobre cambios en las normativas seguramente sea una buena señal de que Europa ya funciona como debe hacerlo un gobierno efectivo: controlando la opinión publica y manipulando la democracia lo mejor que pueda. Afortunadamente para nuestros gobiernos, este arduo esfuerzo por conseguir el resultado correcto del público ya no será necesario para futuras modificaciones. Según el artículo 48 del Tratado de Lisboa “solo con acuerdo intergubernamental, sin necesidad de consulta pública en ningún lugar, pueden hacer cualquier cambio a este documento constitucional, añadiendo nuevos poderes, sin necesidad de nueva consulta al electorado en ningún lugar”. Por consiguiente, el público y la gente de Irlanda, o de cualquier otro lugar en Europa, no tendrá que ponerse en ridículo nunca más por votar incorrectamente. La única gente que se necesita, o que puede, votar para cambiar un Tratado son las del no electo Consejo Europeo. 

Democracia títere

A raíz del No irlandes, The Telegraph escribió que “Brian Cowen, el recientemente electo Primer Ministro… Tiene ahora que afrontar la vergüenza de explicar a sus homólogos europeos porque falló en persuadir a su país para adoptar el Tratado". Esta afirmación refleja la realidad de lo que es nuestra democracia en la práctica. A pesar de mantener el mismo nombre, nuestro sistema político guarda escaso parecido con la democracia tal y como fue concebida en la Antigua Grecia. En Irlanda, nuestro sistema nace bajo la represión de una monarquía imperialista, algo que la mayoría de nosotros aprecia mucho. Es muy importante que el cambio político surja de la propia gente y es algo que una nación recordará siempre. ¿Se puede culpar al pueblo irlandés por querer aferrarse a esto?

A pesar de mantener el mismo nombre, nuestro sistema político guarda escaso parecido con la democracia en la Antigua Grecia

Desde la perspectiva de aquellos responsables del progreso político, el resultado irlandés es un buen ejemplo de las dificultades y retrasos planteados por la lucha por la opinión pública. Claramente, en una democracia títere permitir a la gente votar no compensa de los problemas que inevitablemente conlleva. La palabra democracia es simplemente para tranquilizarnos, creando la ilusión de que tenemos poder sobre nuestros gobiernos. Además, dejar participar a la gente en el gobierno tan solo hace que sea más difícil gobernarlos. Es más fácil convencer a un público ignorante sobre políticas cuestionables que a un público bien informado, pero a un público sin voz no hay necesidad de convencerlo en absoluto.