Voto obligatorio en Francia: ¡Todos a las urnas! 

Artículo publicado el 14 de Mayo de 2015
Artículo publicado el 14 de Mayo de 2015

En las papeletas electorales francesas podemos leer "Votar es un derecho, también es un deber cívico". Si hasta ahora el deber era sobre todo moral, Claude Bartolone quiere ir más allá. El presidente de la Asamblea Nacional en Francia pretende instaurar el voto obligatorio en todas las elecciones. Pero, ¿se puede obligar a los ciudadanos a votar? 

Votar es una obligación. Esta es una de las 61 propuestas enunciadas en el informe de Claude Bartolone titulado Liberar el compromiso de los franceses y refundar el vínculo cívico.  Encargado, al día siguiente de los atentados de enero, por el presidente de la República al presidente de la Asamblea Nacional y a su homólogo en el Senado, Gérard Larcher, el objetivo de este informe es reflexionar sobre "el compromiso ciudadano y su adhesión a los valores republicanos".

Aunque se pone el acento en el compromiso asociativo de los jóvenes y su valorización desde el colegio, a través principalmente de cursillos o de mecanismos como los Consejos de vida colegial (CVC por sus siglas en francés) -que son consejos de delegados para tratar asuntos relacionados con la vida en el centro escolar-, el informe genera polémica en lo que respecta a esa idea del "voto obligatorio en todas las elecciones".  

Esta propuesta se encuentra en la sección número 4 del informe, bajo el título Promover la ciudadanía. Como se señala en la introducción, reúne proposiciones destinadas a poner de manifiesto el "marcado desinterés por la política, la desconfianza en las instituciones y en los políticos, la no inscripción en las listas electorales, el aumento de la abstención, y la representación electoral de los ciudadanos", plagas que "debilitan" la democracia. "En treinta años, la tasa de participación ha caído de 20 a 30 puntos de media", recuerda el informe.

Para paliar esto, la solución mágica sería instaurar el voto obligatorio. Pero esa idea de obligación respecto al tema del informe, "el compromiso ciudadano", plantea un problema. ¿La obligación de votar puede realmente motivar a los jóvenes a comprometerse? Hemos hecho la pregunta a unos jóvenes belgas y a una joven australiana, para quienes acudir a las urnas no es una cuestión de elección. 

"Una obligación teórica"

En Bélgica, donde el voto es obligatorio desde 1893, no acudir a las urnas puede costar entre 5 y 60 euros si es la primera vez. En caso de reincidencia, el montante de la multa puede ascender a 150 euros. Sin embargo, cuando preguntamos a los belgas, pocos son los que conocen a gente que haya sido multada por no haber cumplido con su deber. "Es más una obligación teórica", explica Max de 24 años. Hace diez años, si no íbamos a votar, estábamos seguros de tener una multa; ahora, hay mucha gente que no va y no tiene ningún problema. Hay demasiada gente que no vota, no hay un control. De todas maneras, ni siquiera sé quién, en su sano juicio, pagaría esas multas". 

El año pasado, la tasa de abstención en Bélgica alcanzó el 10.36%, pero Max no formaba parte de los abstencionistas. "Yo voto más por tradición que por otra cosa, forma parte de mi cultura. Incluso si no lo tuviera que hacer por obligación, creo que votaría. Gracias a nuestro sistema proporcional [Sistema D'Hondt, utilizado también en España] y a los numerosos partidos que hay, estamos seguros de que nuestro voto se tendrá en cuenta. Dicho esto, no creo que el voto obligatorio impulse el interés por la política de un país; obligatorio o no, las motivaciones del voto son idénticas. Siempre habrá gente a la que no le interesa el tema y que votarán un poco sin saber por qué, guiándose por el color del partido por ejemplo".

Para Bertrand, de 31 años, el voto obligatorio no suscita más interés. Tampoco está convencido de que esto refuerce la idea de ciudadanía. "Puede que un poco sí, pues es un acto importante. Pero si esto se convierte en simple respeto hacia una obligación ciudadana, pierde su simbolismo". Para Manon, de 23 años, "votar debería ser una decisión libre, no una obligación". Si se siente mejor integrada en el país es porque participa de su política y "trata de dirigirla hacia lo que desea ver establecido", piensa que la obligación se aceptaría mejor si los belgas estuvieran más familiarizados con el funcionamiento de la política. "El funcionamiento tendría que ser más claro. El voto debería ir acompañado, al menos, de una explicación clara y educativa para motivar a los electores potenciales. Ese tipo de información sería más útil que los folletos propagandísticos de candidatos de los que no hemos oído hablar nunca. Deberíamos poder medir el impacto de nuestro voto". Como sus compatriotas, Manon vota sobre todo porque tiene que hacerlo, pero piensa reflexionar un mínimo sobre la papeleta que deposita en la urna "para tratar de cambiar las cosas".

"Una pérdida de tiempo"

Jacqui, natural de Australia, donde no votar les cuesta entre 20170 dólares australianos (entre 14 y 122 euros), no comparte el entusiasmo de Manon por el voto, y no tiene pelos en la lengua. "Detesto el voto obligatorio, no es más que una pérdida de tiempo. De todos modos, los políticos mienten para ser elegidos. No importa lo que digan, una vez en el puesto cambiarán de opinión y de reglas. Cuando tengo que votar, voto en blanco. No sé nada de política, y la obligación de votar no me ha motivado nunca a interesarme por ella".

El pensamiento de Jacqui refleja, sin duda, la "sensación de estar alejada tanto de las instituciones como de los políticos", mencionado en el informe de Claude Bartolone. Pero si esto último habla de promover la sociedad civil, de establecer ceremonias de entrada en la ciudadanía o de modificar el Día de la Defensa y de la Ciudadanía, no recoge ninguna propuesta para acercar a los electores las instituciones que les gobiernan. Si el voto ocupa un "lugar primordial", no puede ser la única traducción de la adhesión republicana. Y más allá de la obligación de votar, los políticos tienen que encontrar soluciones para que este acto ciudadano se mantenga como todo un símbolo.