Vuelos, mentiras y CIA

Artículo publicado el 4 de Junio de 2006
Artículo publicado el 4 de Junio de 2006

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A raíz de los secuestros en vuelos de la CIA en Europa del este y al uso de los aeropuertos europeos para organizarlos en secreto, el Parlamento europeo ha abierto una comisión de investigación. Las conclusiones son elocuentes.

Khaled Al-Masri ha podido viajar gratis sobre gran parte del continente europeo. Este ciudadano alemán afirma haber sido capturado por la CIA en 2003 durante unas vacaciones en Macedonia, antes de que le golpearan, le drogaran y le embarcaran en avión rumbo a Afganistán. Presuntamente, la CIA lo hubo soltado más tarde cerca de donde lo secuestraron por un error de identificación.

El caso de Al-Masri no es aislado. En 2005, el diario Washington Post reveló la existencia de cárceles secretas de la CIA en Europa oriental en las que no se dudaba en torturar para obtener información. Desde entonces, no han cesado de sucederse informes públicos acerca del uso de aeropuertos europeos en el marco de misiones de “sustracciones extraordinarias”. El procedimiento consistía en enviar a sospechosos de terrorismo a países terceros para interrogarlos: países en los que la ley norteamericana no les acordara protección ni derechos jurídicos. El Parlamento europeo ha pueto en marcha una comisión de investigación para esclarecer los hechos, y sus resultados podrían tener un impacto serio sobre las relaciones entre Europa y los Estados Unidos, relativizando el papel que desarrolla Europa en materia de protección de Derechos Humanos.

A la caza de los aviones

Según la eurodiputada holandesa Sophia in't Veld, que participa en esta comisión temporal, la estrategia erigida por los EE UU es “alucinante”. Según sus palabras, “desde el 11 de septiembre de 2001, los EE UU poseen carta blanca para llevar a cabo operaciones de búsqueda de información en Europa”. En su informe preliminar, la comisión censa más de 1.000 vuelos secretos en Europa. Según los datos de que dispone Eurocontrol, la organización europea para la seguridad aérea, el avión utilizado para el presunto secuestro de Al-Masri habría podido despegar de Kabul hacia Polonia y Rumania antes de aterrizar en el centro de detención de Guantánamo.

Las implicaciones jurídicas de este escándalo son muchas. Según el eurodiputado italiano Claudio Fava -autor del primer informe producido por el comité-, la existencia de estos vuelos secretos significa que las autoridades europeas no han respetado el derecho internacional que exige, para cada trayecto, una declaración de itinerario, con el destino del vuelo y el nombre de los pasajeros. Sophia In't Veld añade que “en el marco de la guerra contra el terrorismo, Europa y los EE UU comparten información, por lo que cuando los EE UU dan parte de las informaciones obtenidas por medio de la tortura, los Estados de la UE se convierten en cómplices y culpables de violación de los tratados.” En especial, de la Convención europea de Derechos Humanos (CEDH).

El arte de escaquearse

Si bien la Comisión europea reaccionó de inmediato sobre el asunto, los gobiernos nacionales se han mostrado más reticentes a la hora de proporcionar información. En abril de 2006, el ministro macedonio de Interior califico de “especulación” la idea de que Al-Masri fuera secuestrado en su país. La prueba de la existencia de relaciones bilaterales especiales con los EE UU cuesta, además, que salga a la luz. Si bien las pesquisas parlamentarias se desarrollan a nivel nacional en el Reino Unido, en Bélgica y en Suecia los gobiernos son remisos a divulgar lo que saben a la Comisión. “El problema es que la política exterior sigue siendo de competencia estatal, lamenta In't Veld.

“En el caso de Holanda”, prosigue, “ya conocemos perfectamente que los aviones que aterrizaron en el aeropuerto Schiphol de Ámsterdam fueron luego identificados en Guantánamo, en Libia y en Egipto, lugares en los que se sabe que se tortura a los detenidos. ¿Qué hacían esos aviones en Ámsterdam? A nuestras preguntas, el gobierno holandés se contenta con responder con declaraciones oficiales sobre 'la coordinación de los esfuerzos en la lucha contra el terrorismo'. Este gobierno demuestra tener una confianza absoluta en las operaciones estadounidenses.”

En cuanto a las famosas prisiones secretas, In't Veld precisa que la Comisión no ha podido probar su existencia por ahora. En todo caso, se ha declarado “sorprendida” de que hasta la Alto Comisionado de la ONU para los Derechos Humanos, Louise Arbour, haya manifestado hace poco: “Estos 'lugares oscuros' existen; estamos al corriente de desapariciones de detenidos, pero ignoramos dónde se encuentran.” Europa está horrorizada por lo que está descubriendo. Un tribunal italiano ha emitido órdenes de arresto europeos contra 22 miembros de la CIA sospechoso de estar implicados en el secuestro de Abú Omar, un imam capturado en 2003 sin permiso alguno de Italia. Roberto Castelli, ex ministro italiano de Justicia, rechazó la demanda de extradición ded dichos agentes el mes pasado.

Con todo, la reacción de estupor de los gobiernos europeos hay que tomársela con desconfianza. Como dijo In't Veld, “estaban al tanto de lo que sucedía. Si no, ¡es que son unos incompetentes! Tomemos el caso de Abú Omar, el Egipcio secuestrado. ¡Había sido espiado por los servicios secretos italianos durante un tiempo antes de ser arrestado en Milán por 25 agentes de la CIA! ¿Cómo han podido los italianos ignorar la acción de la CIA?” Se desprende también de la investigación del Consejo de Europa, liderada por el ponente suizo Dick Marty, que los gobiernos europeos se hallaban al corriente de los vuelos secretos. Además, Colin Powell declaró hace poco que los europeos actuaban de mala fe al afirmar que no sabían nada de estos vuelos.

Un perro rabioso en libertad

Jans Wierma, otro diputado holandés de la comisión de investigación europea, explica que lo que más le sorprendió fue “la voluntad europea de cooperar sin criticar los métodos usados por los estadounidenses”. Según el informe previo de la Comisión, se trata “de una práctica generalizada que implica a la mayoría de los europeos, y no violaciones aisladas de Derechos Humanos”. Las conclusiones definitivas de la comisión se publicarán en enero de 2007, pero cuales sean los resultados, este asunto mancha ya a Europa. ¿Dónde se detiene su aval a los Estados Unidos? Entretanto, Khaled Al-Masri espera: en respuesta a su demanda contra la CIA, la Corte Suprema estadounidense falló en mayo lo siguiente: “Los intereses personales del señor Al-Masri son menos importantes que os de los EE UU en proteger los secretos de Estado”.