¿Vuelta a casa para los de Visegrad?

Artículo publicado el 11 de Junio de 2004
Publicado por la comunidad
Artículo publicado el 11 de Junio de 2004

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Tras su ingreso en la UE, los Estados del grupo de Visegrad se sienten ahora en tierra de nadie entre integración y un imperceptible recelo.

Junto al trasfondo de la integración, escuchamos a menudo hablar de vieja y nueva Europa. Hubo años en que se decía que los nuevos miembros estaban “de vuelta a casa”. Cuando eslóganes como este “¡de vuelta acasa!” surgieron en los países del bloque soviético justo después de la caída del comunismo, nos pareció a todos una espontánea demostración de euforia. Pero que se usen aún, y no solo por los nuevos miembros, da que pensar.

¿De vuelta de dónde?

Hay que preguntarse de dónde regresan estos 4 países, cuándo abandonaron Europa y adónde fueron. Es una cuestión de definición de Europa. Estando los bordes norte, sur y oeste de Europa bien delimitados por el mar, el linde oriental a cambiado varias veces a lo largo del tiempo y todavía anda suelto. ¿Dónde termina Europa y empieza Asia? He aquí una cuestión sobre la que se puede decir y escribir muchas cosas. Pero claro, ¿qué sucede cuando se confunde Europa con UE? Identificar Europa con la actual UE resulta un grave error. Desde esta óptica, los países de Europa Central estarían entrando en algo así como la Europa “europea”. En cuyo caso ¿qué son Suiza o Noruega?

Sea cual sea la definición de Europa –geográfica o cultural-, los 4 de Visegrad (Polonia, Chequia, Hungría y Eslovaquia) siempre han pertenecido a ella. Se trata de países que han participado en primera línea en la construcción de la Europa Medieval y más tarde de la Europa moderna. Estos países han estado y siguen anclados en el panorama europeo que han ayudado a construir. Nada importa si lo han hecho como naciones independientes o formando parte de unidades políticas superiores.

Europa ha sido siempre y seguirá siendo de sus pueblos, de su gente. Como botón de muestra reseñemos que la aportación de los ciudadanos de estos Estados a la ciencia y la cultura europeas ha sido siempre ejemplar. Son piedras de toque sin las cuales el mosaico europeo no sabría completarse. No es que sean más importantes, pero ilustran bien la importancia de cada tesela en el complejo entramado europeo.

¿Una integración seguida de una desintegración?

Con toda probabilidad la Unión Europea albergará siempre miembros unos más fuertes que otros, por lo que crear una Europa a dos velocidades por ello resultará contraproducente además de contravenir los principios comunitarios de integración y solidaridad. Las ideas que promueven una Europa unida y fuerte son estas: una Europa de la solidaridad y de la cooperación y no un club selecto para poderosos. Solidaridad y cooperación deben fraguar la unidad política que opera como poder internacional estabilizador y socio fiable para el resto de actores en el mundo.

Confiemos en que el famoso telón haya caído de una vez por todas de nuestros corazones y de nuestras mentes. Confiemos en que todos veamos a Europa como un todo singular.