Vuestra guerra, nuestros muertos

Artículo publicado el 11 de Noviembre de 2015
Artículo publicado el 11 de Noviembre de 2015

Atención, este artículo no ha sido revisado ni publicado en ningún grupo

Tanto España en 2004 como Turquía en 2015, han experimentado una campaña electoral marcada por los atentados islamistas más fatídicos de sus respectivas historias. Si bien se hallan algunas similitudes, los resultados electorales reflejaron intenciones ciudadanas distintas.

La mañana del 11 de marzo de 2004 supuso un trágico recuerdo para la sociedad española. Un total de diez bombas estallaban casi simultáneamente en los trenes de cercanías de Madrid a las 7:37 horas, dejando un total de 191 muertos y más de 1.800 heridos en el segundo peor atentado cometido en Europa. España, presidida por José María Aznar (Partido Popular), se preparaba para unas elecciones generales que tendrían lugar tan sólo tres días después.

Pese a la confusión inicial presente tras un atentado, todas las miradas apuntaron a la organización terrorista vasca ETA. Tras un largo legado de atentados bomba en diferentes ciudades del país, Gobierno, medios de comunicación, sociedad civil y el propio Ibarretxe (presidente del País Vasco) condenaron el atentado. Pero a las 11:50h la Policía Nacional encontraba una furgoneta kangoo con explosivos y una cinta con versos coránicos, lo que abría una nueva línea de investigación: la de un atentado islamista. Posibilidad que aún cobraría más fuerza si se tenían en cuenta dos aspectos: la polémica decisión del gobierno de José María Aznar de entrar en la guerra de Irak en 2004 y la negación del atentado por parte de Arnaldo Otegui, líder de Batasuna y portavoz político de ETA, la misma mañana del 11 de marzo. 

Finalmente, a las 21.30h Al-Qaeda reivindicaba el atentando a través de una carta enviada al diario Al Qudus Al-arabi, dando paso a una serie de reacciones gubernamentales aún más sorprendentes. "ETA sigue siendo la principal línea de investigación. Así me lo han manifestado las Fuerzas y Cuerpos de Seguridad del Estado, es decir, los responsables de la investigación. No hay en estos momentos ningún motivo para que no sea la principal línea de investigación", aseguraba el ministro de interior Ángel Acebes en rueda de prensa al día siguiente. Las declaraciones y la postura mantenida por el Gobierno se añadió al dolor y a la conmoción de una sociedad que decidió salir a la calle. Once millones de ciudadanos se manifestaron en las concentraciones más multitudinarias en la historia de España bajo el lema 'que no, que no, que nos representan'. 

La repudia a la violencia, a la guerra y la muerte, al terrorismo, a las mentiras y a la manipulación se reflejó en los resultados de las elecciones generales de España en 2004, donde José L.R. Zapatero , del Partido Socialista Obrero Español, se convertía en el nuevo presidente con una mayoría simple.

Por desgracia, Turquía vivió también su peor episodio en cuanto a ataques terroristas el pasado 10 de octubre. Los manifestantes que acudieron a Ankara convocados por grupos de izquierda a favor de la paz, vivieron en primera persona aquello por lo que se manifestaban. A las 10:04 hora local, dos atentados bombas suicidas acabaron con la vida de al menos 102 personas y dejaron 246 heridos. Una de ellas detonó en medio de un punto donde eran visibles banderas del HDP (Partido Democrático de los Pueblos), el partido pro-kurdo que obtuvo por primera vez representación en un parlamento dónde se necesita un mínimo de un 10 por ciento de los votos. Se reclamaba paz para un futuro luminoso, pero lo que se vivió refleja algunas de las sombras de un presente que también está viviendo una campaña electoral marcada por un atentado terrorista. 

Una Turquía dónde la inestabilidad política y social ha estado muy presente en los últimos años. Un fiel reflejo fueron las revoluciones de Gezi en 2013, duramente reprimidas, que empezaron como una reivindicación ecologista ante la remodelación de la plaza Taxim, pero acabó aglutinando a miles de personas descontentas con las políticas de Recep Tayyip Erdogan (Partido de la Justicia y el Desarrollo), actual presidente de la República de Turquía y primer ministro de 2002 a 2014. Gezi supuso una reacción ciudadana ante la amenaza autoritaria, donde se han llegado a acallar las críticas al Gobierno con la cárcel. Por otro lado, el conflicto kurdo en Turquía, con más de 30 décadas a sus espaldas, ha escrito recientemente sus peores páginas, con fuegos cruzados, especialmente en el sur de Turquía entre el Estado y el PKK (Partido de los Trabajadores del Kurdistán), un grupo rebelde en favor del reconocimiento del Kurdistán como estado y considerado una organización terrorista por Turquía, Unión Europea y Estados Unidos.

El propio Recep Tayyip Erdogan, que perdió la mayoría absoluta en las elecciones del pasado 7 de junio, aseguraba tras el atentado en Ankara que "no se distingue en nada de los actos de terror contra ciudadanos inocentes, funcionarios, policías y soldados", en referencia a las acciones del ilegal Partido de los Trabajadores de Kurdistán. El actual primer ministro, Ahmet Davutoglu continuaba en esta línea señalando que "al profundizar en las investigaciones, especialmente al observar los movimientos de cuentas de Twitter y varias direcciones de IP, concluimos que hay una alta probabilidad de que tanto el PKK como el Estado Islámico hayan desempeñado un rol activo en el ataque". En esta ocasión, el gobierno también insiste en señalar a esta organización armada que lucha por la autodeterminación, pese a que se hallaran los autores del atentado, pertenecientes a una red yihadista vinculada al ISIS ( Estado Islámico). Por su parte, el líder del HDP, Slahattin Demirtas acusaba de forma directa al gobierno, "esto no es un ataque contra el Estado, contra la nación, sino del Estado contra el pueblo", idea que también se pudo escuchar en la manifestación del día 11 de octubre en Ankara, bajo lemas como “ Erdogan asesino” o “gobierno dimisión”. En este sentido, el gobierno apunta al PKK, junto al Estado Islámico, como autores del atentado más sangriento en la historia de Turquía, pero muchos ciudadanos y el HDP no confirman esta hipótesis en un ambiente de confusión, tensión y desconfianza.

En ambos países se han hecho palpables los intereses electorales, olvidando incluso la sensibilidad hacia víctimas y ciudadanos en general. La sociedad española no sólo se expresó en la calle, sino que tuvo también la oportunidad de condenar las decisiones del gobierno ejerciendo un voto de castigo. El pasado 1 de noviembre, fueron llamados a votar los ciudadanos turcos, pero en esta ocasión las papeletas reflejaron otras intenciones. El discurso de unidad, seguridad y estabilidad del AKP, bajo el lema 'Ben Sen Yok, Türkiye Var' (ni tu, ni yo, existe Turquía) pareció calar en gran parte de la población (48.%), recuperando una mayoría absoluta anhelada desde junio. Un resultado que ni los sondeos más optimistas anunciaron, y que ha dejado a la otra mitad de la población incrédula y desalentada.

Lo que ha quedado claro es que ambas sociedades han rechazado la violencia y la guerra, mostrando valentía para volver a salir a la calle de forma masiva y demostrando que la violencia quizás acabe con vidas, pero no con las voces de la gente. Y es que tal y como decía Antonio Fraguas de Pablo “la violencia es miedo de las ideas de los demás, y poca fe en las propias”.