'Welcome in Tziganie': El festival de la cultura gitana

Artículo publicado el 20 de Mayo de 2015
Artículo publicado el 20 de Mayo de 2015

Un dúo babeliano húngaro-francés ha vivido desde dentro uno de los mejores festivales de música gitana que se organizan en Francia: 'Welcome in Tziganie', celebrado en el departamento de Gers . Pero realmente, ¿qué es el Tziganie? Realizamos un viaje por un país imaginario, en medio de ninguna parte.

Dos caravanas de madera, muy bonitas decoradas, sirven de marco a un cartel en el que se lee 'Welcome in Tziganie'. Es aquí, en el pueblecito de Seissan, donde se ha celebrado la 8ª edición del festival 'Welcome in Tziganie', dedicado a la música y a la cultura gitana. 

Un fin de semana será suficiente para que el apacible municipio de 1.100 habitantes multiplique su capacidad de visitantes por 5, convirtiéndose en el efímero epicentro de un "hogar" gitano-balcánico que resplandece entre Toulouse y Pau, a 20 km de Auch (prefectura del departamento de Gers). Es en este relativo aislamiento donde una multitud de 5.000 asistentes al festival se menearon al son de trompetas, guitarras y címbalo húngaro[1], en la antigua plaza de toros del pueblo transformada en carpa de circo para la ocasión. 

El festival, parecido a un mini Guča, es muy conocido por los aficionados a la música balcánica y otras melodías gitanas. Esto es lo que atrajo a Coline y Héléna (de 22 y 23 años), dos amigas que vinieron desde Pau en una autocaravana improvisada: "¡Me gusta mucho la música gitana, agradezco tener un festival enteramente dedicado a ella y no lejos de casa!", nos dice muy contenta Héléna, que ha venido con Coline tras haber visto anunciado el evento en la revista Causette. Para las dos comparsas, el 'Tziganie' les recuerda a "un modo de vida ligado a la libertad, los nómadas, la guitarra, bonitos vestidos, las caravanas…". Las dos "festivaleras" reconocen con la boca pequeña no saber demasiado sobre los pueblos gitanos de Francia ni de Europa.

'Tziganie', ¿quién eres?

Hay que decir que para atraer al payo [Según el Diccionario de la Real Academia de la Lengua Española: 'Entre los gitanos, quien no pertenece a su raza'], el festival juega hábilmente con los típicos elementos asociados a la cultura gitana: Pañuelos de diversos colores, cintas y vestidos con pequeñas monedas decoran los caballetes de la carpa, mientras que la comida y los vales se reparten en caravanas customizadas.

Este 'Tziganie' de Gers ofrece dar un mordisco a un sándwich de carne de pato al ritmo de los cobres balcánicos. Una tierra fantaseada en sueños que el principal organizador, de la asociación L'Air des Balkans, Florian Calvez, no niega: "El 'Tziganie' es un país imaginario en el que los gitanos toman la palabra, presentan las diferentes facetas de su cultura y vuelven loco al público con la ayuda de sus instrumentos... Esto requiere dar a conocer su música, artesanía, tradiciones, pero también las luchas llevadas a cabo para conseguir el respeto de estas culturas y la mejora de la convivencia". Para Ekrem Mamutović, gitano de Serbia y famoso trompetista de la fanfarria epónima invitada al festival, la imitación salió demasiado bien: "Los colores, la decoración, todo esto me recuerda la cultura gitana tradicional, sí, pero no realmente a la cultura contemporánea; ¡digamos que no tengo nada de todo eso en mi casa!".

Ekrem Mamutovic Orkestar durante la edición del 2015 del 'Welcome in Tziganie'.

Más allá de la decoración, se hace alarde de una voluntad real de que los pueblos romaníes, nómadas y gitanos se reencuentren. Bajo una segunda carpa, varias asociaciones e invitados descendientes de las culturas romaní y gitana se reúnen en el pueblo cultural. Allí se encuentra Françoise Gaspard, la Dame du voyage (la 'Señora del viaje'), que ha recogido sus pensamientos y su recorrido en caravana en una obra publicada recientemente, o incluso Esmeralda Romanez, escritora y presidenta de la Federación Europea de Mujeres Romaníes y Viajeras y de la AMIDT (Asociación para la Memoria del Internamiento y la Deportación de los Gitanos). Otros elementos bien tangibles que quedan fuera de la ficción músico-decorativa son los cursos de lengua romaní, los talleres y las mesas redondas.

Arlette, de 64 años, eligió la mesa redonda sobre lengua romaní. Vive a 300 metros del festival lo cual es una ventaja: "Al principio teníamos un poco de miedo de que esto fuera algo raro", nos confía. "¡No todos los días Seissan acoge a tanta gente!", exclama. 

De la fantasía a la realidad

Aunque los vecinos de Gers aplaudan con fervor la celebración del festival, el rango de edad de Arlette es claramente minoritario. El público aficionado al festival es sobre todo payo, joven (menos de 30 años) y decididamente hippy. También extranjero, como Víctor, de 23 años, que ha venido desde Barcelona: "Me parece que el festival está muy bien organizado. Sabía muy pocas cosas de los romaníes; he aprendido que son originarios de la India. He visto muchos en el festival, por lo que me han entrado ganas de saber más de ellos".

Pasemos ahora a conocer a miembros de carne y hueso de la comunidad gitana. Primero, varios romaníes tienen alquilados stands -como esa familia rumana que ofrecía algodones de azúcar-. Después, romaníes presentes entre los asistentes al festival llegaron el sábado, tras el concierto de Ekrem Mamutović. Es el caso de Cassana, romaní de Kosovo que se expresa en francés con acento de Gers y vive de la venta de coches en Auch desde hace 10 años. "He crecido con esta música, mi tío es violonchelista", manifiesta visiblemente emocionado. Para Florian Calvez, el enfoque es voluntario: "Es esencial que los romaníes vengan y participen en el festival, para conseguir esa diversidad social que queremos en nuestros eventos».

Una diversidad que acoge a Slavka Radenez, una gitana búlgara de 31 años. Contertulia en las mesas redondas, esta diplomada por el INALCO [Instituto Nacional de Lenguas y Culturas Orientales] fue mediadora escolar ante las poblaciones gitanas en Francia. "Desde luego que hay folclore en Seissan, pero también hay verdaderos encuentros", afirma. En cuanto al concepto de gitano propiamente dicho, la experta resalta una diferencia fundamental entre Europa centro-oriental y Europa occidental: "En Bulgaria, sería difícil utilizar la palabra 'gitano': Demasiadas connotaciones negativas. En Francia ocurre lo contrario, ese término remite a un imaginario 'bohemio' con connotaciones positivas. Por el contrario, el término 'rom', en Francia, tiene una connotación negativa".

¿Cómo es el verdadero 'Tziganie'?: "Bastante duro"

Para Florian, el festival sirve también de objetivo turístico. "Me apasionaba la música gitana y balcánica y tenía un proyecto de investigación durante mi grado superior de turismo para crear en 2008. Entonces puse en marcha el festival. Vivimos  en este magnífico departamento de Gers, pero con pocas programaciones culturales a principios de la primavera. Desde entonces, seguimos organizando el festival con el objetivo de que la gente descubra la música y cultura gitana".

La voluntad del ayuntamiento de Seissan de acoger a la gente que acude al festival es muy real, como muestra el acceso gratuito al camping municipal. En cambio, la acogida por parte de los vecinos parece mucho menos cordial, tal como indica un cartel de "prohibido acampar en los alrededores de la localidad"… ¿Un pequeño recordatorio de una realidad menos rosa? "Tengo que decir que prefiero vivir un intercambio cultural durante los 3 días del festival antes que compartir el día a día del verdadero ‘Tziganie’, que resulta bastante duro...", concluye Catherine, educadora de 42 años y uno de los 200 voluntarios implicados en el festival. Entre sueños y realidad, la novena edición ya está confirmada para el próximo año.

[1] Es un instrumento de cuerda que se toca con un par de mazos en ambas manos, golpeando las cuerdas para hacerlas sonar. Se cree que el pueblo gitano lo llevó a Europa oriental en el siglo XIII.