Wolfowitz, un lobo con piel de cordero

Artículo publicado el 30 de Marzo de 2005
Publicado por la comunidad
Artículo publicado el 30 de Marzo de 2005

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El cerebro de la guerra de Irak será con toda probabilidad el futuro director del Banco Mundial. Ya puede protestar todo el mundo, pero no se prevé reforma alguna del procedimiento de designación. Europa adopta un perfil bajo.

“Quien paga, manda”, cuenta el refrán. Sin duda, es lo que los hombres de Bush, en Washington han pensado a su vez. Los Estados Unidos son el mayor accionista del Banco Mundial, una entidad que presta cada año 20.000 millones de dólares a los países en desarrollo. Con el nombramiento de quien ejerce de punta de lanza de los neocons, Paul Wolfowitz, para dirigir el Banco Mundial, Washington no ha hecho sino poner al lobo a cuidar de las gallinas. El número 2 del departamento de defensa norteamericano carece de toda experiencia tanto en política de desarrollo, como en política económica, exceptuando su breve experiencia como embajador en Indonesia. Y eso que aquella misión le permitió arbitrar una especial relación con el dictador Suharto, en vez de denunciar la violación de los Derechos Humanos y la corrupción del anterior régimen de Yakarta.

Además, Wolfie, diminutivo cariñoso con el que G.W. Bush se refiere a él, fue por encima de todo uno de los más ardientes defensores de la guerra de Irak; un halcón de los que creen a pies juntillas en la filosofía de Foucault, según la cual la política no es sino la continuación de la guerra a través de otros medios. Como para no echarse a temblar en relación con la futura política del Banco Mundial, ante la posibilidad de trasladar estas consideraciones a este terreno del desarrollo por parte de la última potencia planetaria. Bush ya nos ha dejado imaginar a qué puede parecerse la política de desarrollo de la Casa Blanca. En el campo de la lucha contra el SIDA sólo serán apoyados financieramente los gobiernos que se pronuncien a favor de la abstinencia y el rechazo del uso del preservativo. En relación con la agricultura, ¡los norteamericanos han introducido en Irak –mucho antes de las elecciones- una nueva ley que permite estimular la producción industrial de grano en una región en la que los iraquíes cultivan tradicionalmente plantas muy antiguas!

Miedo a romper con los Estados Unidos

Después del reformador moderado Wolfensohn, la perspectiva de que se instale un esencialista como Wolfowitz ha suscitado la protesta por todo el planeta. En apenas unos días, 1.300 organizaciones de 68 países han firmado una petición para que los gobiernos se pronuncien contra el nombramiento de Wolfowitz. En el Parlamento europeo se ha constituido un frente de muchos partidos contra este nombramiento, agrupando a toda tendencia política, desde el conservador Alain Lamassoure a la socialdemócrata Hannes Swoboda, pasando por Daniel Cohn-Bendit, de Los Verdes. El propio Andrew Duft, un liberal, instó a que la Unión Europea use de su mayoría en el seno del Banco Mundial para bloquearlo.

Esto último parece cada vez más improbable que suceda, visto que los gobernantes europeos no desean otra ruptura con los EE UU tras la ofensiva de seducción de Bush y Rice de hace dos meses. Gerhard Schröder ya ha dado a entender que Alemania no se opondrá a la candidatura de Wolfowitz, mientras los italianos y los holandeses ya le han dado el visto bueno. Por último, Francia, hasta ahora portavoz de la protesta, parece hoy asfixiada. En efecto, París cuenta hora con lograr el apoyo de los norteamericanos para otros nombramientos. El antiguo comisario europeo Pascal Lamy podría, pues, convertirse en director de la Organización Mundial del Comercio (OMC), y el socialista Bernard Kouchner en el responsable del Alto Comisariado de las Naciones Unidas para los Refugiados (ACNUR).

Wolfie por aquí, Wolfie por acá: Wolfie por todas partes. Todo esto demuestra más bien que a los Estados ricos ni se les pasa por la mente colocar en los puestos clave de las organizaciones internacionales a representantes de Estados pobres, en primera línea del desarrollo. Ya nunca se cuestiona que un estadounidense encabece el Banco Mundial y un europeo dirija el FMI. Parece complicado acabar con esta práctica desfasada y poner en pie un sistema más democrático y transparente de nombramientos dentro de las organizaciones internacionales. ¿Acaso no se les llena la boca a los norteamericanos de deseos de propagar la democracia como objetivo principal?

La Unión Europea tiene ante sí la oportunidad de romper con la indecente alianza de los ricos que ya ha logrado provocar un conflicto abierto con los países pobres durante la cumbre de la OMC en Cancún. Podría designar, con el acuerdo del resto del mundo, un candidato competente. Sin ello, sólo nos quedará la débil esperanza de leer en el semanario norteamericano Newsweek que “el Banco Mundial cambiará a Wolfowitz”. Este cambio a última hora no prolongaría la política del Pentágono para el mundo, y enraizaría la idea del multilateralismo en el seno de la derecha estadounidense. Triste consuelo…