Xenofobia en Rusia: la ley del silencio

Artículo publicado el 4 de Septiembre de 2007
Artículo publicado el 4 de Septiembre de 2007
Cómo en la Rusia de Putin, los magistrados, los políticos y los medios de comunicación rusos silencian cada vez más las agresiones racistas hacia los extranjeros.

El pasado 13 de junio, el Tribunal de apelación de Krasnodar, en el sur de Rusia, condenó a Serguei Ivaniskiy, de 19 años, por agredir con arma blanca a Mahdud Ali Babikir, Sudanés y estudiante en la Universidad nacional de Krasnodar. El acusado ha sido sentenciado a 11 años de prisión por asesinato en grado de tentativa y robo. El caso Ali Babikir no es un asunto aislado: en Rusia, desde hace un año y medio, no hay semana que no arroje cifras de violencia por parte de los simpatizantes de extrema derecha.

Según el SOWA, centro moscovita de información y análisis, el número de ataques racistas ha aumentado un 30% entre el otoño de 2006 y la primavera de 2007. Durante los cuatro primeros meses de 2007, 172 personas han sido víctimas de sujetos de extrema derecha, de las que 23 han resultado muertas por ello.

El caso del estudiante Ali Babikir es típico también por otro motivo: como sucede en muchos procesos en Rusia, el artículo 282 del Código Penal -reformado desde 2004 y relativo a la “ocultación de actosa extremistas”- no ha sido puesto en práctica. Este artículo sanciona la propagación de ideas racistas así como de actos de violencia motivados por razones nacionalistas o racistas. “Es evidente que no consta entre las prioridades del sistema judicial poner a raya la violencia provocada por el odio”, se dice desde el instituto SOWA.

“Si lo deseáis, también os mato a vosotros”

El caso Babikir arroja luz sobre el modo en que los magistrados rusos cierran los ojos sobre el racismo creciente en su sociedad. Ali Babikir y Ivaniskiy se cruzan en la calle el 4 de julio de 2006, intercambian unas palabras y enseguida llegan a las manos. El agresor hiere al sudanés varias veces con un cuchillo y se ampara de su teléfono móvil. Ali Babikir es encontrado tirado en el suelo a las 03.00h y llevado de inmediato al hospital. Le esperan varias semanas en coma. Al día siguiente, las autoridades detienen al agresor localizado gracias a las llamadas que había recibido en el teléfono móvil robado. Los amigos de Ali Babikir, que tratan de contactar con él, obtienen por toda respuesta: “Soy un cabeza rapada de Moscú. Si lo deseáis, puedo mataros también a vosotros”.

En el transcurso de la investigación, algunos compatriotas de Ali Babikir resultan ionterrogados por la policía. Durante los interrogatorios, los funcionarios de policía les muestran la tarjeta de estudiante del agresor Ivaniskiy, en cuyo dorso figuran inscritas las letras ‘SS’ (iniciales de las antiguas fuerzas de choque del aparato nazi alemán).

La fiscalía de Krasnodar inculpó a Ivaniskiy de tentativa de asesinato y robo, pero no de haber cometido estos actos por motivos racistas. Tal actitud laxa forma parte de una práctica judicial sistemática, según el instituto SOWA: “No existe obligación alguna de anotar las sospechas de racismo, lo que impide, en la mayoría de los casos, atacar en justicia por motivos de odio racial”, explican los expertos.

Aunque la Justicia, los políticos y la administración traten de disimular, toda persona que no tenga rasgos eslavos puede ser víctima de un crimen racista en Rusia.

Ahondando en esta tesis, EtnIKA, una ONG de Krasnodar, ha llevado a cabo -en colaboración con la red Youth Human Rights Movement- una investigación sobre los grupos de población a los que pertenece la víctima Mahdud Ali Babikir: los estudiantes extranjeros en Rusia y, en particular, en Krasnodar, son considerados como muy vulnerables.

Conflicto en la mesa redonda

Los estudiantes extranjeros temen sobre todo por su seguridad una vez fuera del campus universitario, y muchos han vivido en su propia piel estos conflictos: es lo que desvela una encuesta realizada por ETnIKA en enero de 2007, durante una mesa redonda con habitantes de Krasnodar. Entre los presentes figuraba el representante del departamento de relaciones internacionales de la universidad de dicha ciudad, Alexandr Vachenko.

En palabras de la presidenta de EtnIKA, Anastasia Denisova, Vachenko consideraba el trabajao de su organización como una crítica frontal a su labor. Siempre según Desova, Vachenko habría telefoneado a través de su móvil a un estudiante extranjero para que declarara ante las cámaras que todo iba de maravilla en Krasnodar y que no se sentía discriminado en absoluto. Para la mayoría de los reportajes defundidos al respecto en televisión, el caso Ali Babikir se clasifica entre los casos vandalismo y robos comunes, y nada se dice de la extrema derecha.

Poco después de esta conferecnia y mesa redonda, Denisova recibió una carta de las autoridades rusas explicando que los controles que ella realizaba estaban contra la ley rusa de ONG. Desde entonces, se ve obligada a aportar documentos justificativos por cada una de sus acciones y algunos miembros de la organización han sido convocados varias veces para declarar ante las autoridades. “Nuestra labor se ha visto paralizada en los últimos meses”, cuenta Liubov Penyugalova, miembro de ETnIKA.

En vez de reaccionar, los colaboradores de ETnIKA, que se definen como un “grupo de jóvenes por la tolerancia”, no han parado de centrar sus esfuerzos en dar explicaciones a las autoridades, producir facturas y memorias kilométricas.

Entretanto, el Ayuntamiento de Krasnodar ha relaizado un estudio sobre los estudiantes extranjeros. Según Alexandr Vachenko, la mayoría de ellos se siente a gusto, y nadie tiene miedo de desplazarse a pie por la ciudad. Si algún conflicto surgiera, nada tendría que ver con cuestiones de nacionalidad.

Sin debate público a la vista

En el campus universitario de Krasnodar, delante de la residencia de estudiantes, sestea un estudiante chadiano que prefiere no dar su nombre. Nos habla de la situación: “Naturalemente que los negros aquí estamos discriminados. A mí me da miedo salir a la calle”. Al sacar el tema de Babikir, prefiere “no hablar”. Estamos aún en priodo de vacaciones, muchos estudiantes han abandonado su ciudad para veranear en las costas del Mar Negro. Entre los estudiantes rusos que aún quedan por aquí, sólo unos cuantos han oído hablar de la agresión a uno de sus compañeros universitarios. Rusia está aún lejos de abrir un debate sobre la cuestión racista.