Y miramos hacia el este: un año de la Europa de los 27

Artículo publicado el 31 de Diciembre de 2007
Artículo publicado el 31 de Diciembre de 2007
Cuando el 1 de Enero de 2007 Bulgaria y Rumania ingresaron oficialmente en la Unión Europea, una explosión de júbilo recorrió las calles de ambos países que vieron en la integración comunitaria la esperanza de iniciar un viaje hacia el desarrollo en busca de la convergencia económica con el resto del continente, un objetivo aún muy lejano Once años después de que demandaran su adhesión, Rumanía
y Bulgaria se convirtieron en miembros de pleno derecho de la UE elevando a 493 millones el número de habitantes de los países con representación en la Unión. Superar el duro examen de la Comisión Europea, que siguió atentamente los avances de ambos países en la mejora de su sistema judicial y en la lucha contra la corrupción y el crimen organizado fue todo un logro, dado que los criterios exigidos fueron más severos que los solicitados a países que se sumaron a la UE con anterioridad, lo que otorga más mérito si cabe al esfuerzo reformista, calificado por el presidente de la Comisión Europea, Durao Barroso, como "transformación asombrosa". Bucarest y Sofía eran hace un año el centro de una fiesta en la que la muchedumbre tomó las plazas y los fuegos artificiales sobrevolaron ambas capitales para grabar en la memoria de sus ciudadanos lo histórico de la fecha, la importancia del paso que estaban dando.

Resaca europea

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Toda celebración tiene su final y en la resaca europeísta rumanos y búlgaros empezaron a darse cuenta de que no todo iba a resultar fácil en su nueva travesía europea. Algunos países comunitarios, España entre ellos, establecieron una moratoria por la cual los ciudadanos de los dos nuevos estados miembros no podrían trabajar por cuenta ajena en su territorio durante los próximos dos años, con el fin de evitar así la llegada masiva de decenas de miles de trabajadores. El primer desengaño estaba servido. Las esperanzas de muchos inmigrantes búlgaros y rumanos de legalizar su situación se aplazaron dos años más. Sin embargo no ha sido España sino Italia, el país que ha traído de cabeza al colectivo rumano en estos primeros 365 días de convivencia común, después de que la alta tasa de criminalidad (15 de cada 100 delitos son cometidos por ciudadanos de origen rumano según datos de la policía italiana) haya despertado un sentimiento de rechazo a lo rumano que se ha materializado en el nuevo decreto del Gobierno de Romano Prodi para facilitar la expulsión de los que delinquen en Italia.

Sevilla, una de sus preferencias

La integración de rumanos y búlgaros es sin duda uno de los retos que tiene la Unión Europea sobre la mesa, una realidad que no es solo nacional, sino también étnica, pues no debemos olvidar que la minoría gitana representa casi un 5% de la población búlgara y aproximadamente un 10% de la rumana. La situación de marginalidad en que vive la mayor parte de esta población gitana (en Bulgaria el 60 por ciento de los gitanos en edad laboral se declara desempleado) hace que sea el colectivo más proclive a hacer las maletas y a buscar en la aventura europea respuestas a su situación, y es ahí donde España juega un papel importante al ser el principal receptor de inmigración de estos países, con una comunidad rumana que supera el medio millón de habitantes y una población búlgara que ronda los cien mil. Si indagamos en cuales han sido las ciudades con mayor crecimiento de población procedente de ambos países nos encontramos con que Sevilla encabeza la clasificación nacional al haber multiplicado por seis el número de ciudadanos rumanos (en su inmensa mayoría de etnia gitana) que habitan en la capital hispalense en tan solo un año, pasando de 1.300 a 9.000.

¿Hacia la convergencia económica?

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El PIB conjunto de Bulgaria y Rumanía representa tan solo un 1% del total de la UE, mientras que su población supera el 6%, un dato que ilustra perfectamente que a día de hoy están a la cola de la Unión y da una idea de la larga marcha que tienen por delante hacia la convergencia económica con el resto de países de la UE. Si analizamos su renta per cápita tampoco salen mejor parados, hoy representa un tercio de la media comunitaria. Esta situación patente de debilidad en el seno de la UE también tiene sus ventajas, y es que ambos países recibirán en el trienio 2007-2009 ayudas por valor de 13.000 millones de euros en concepto de fondos europeos, de las cuáles el 30% se dedicará exclusivamente al sector agrario. La carrera hacia la convergencia ha comenzado, un crecimiento lento pero sostenido que ha de cambiar el paisaje de la Europa del este que hoy conocemos, unas ayudas que evitarán que muchos tengan que buscar fuera de sus fronteras un trabajo digno, y que terminará con su posición de países "exportadores" de inmigrantes ante la necesidad de mano de obra para poner en marcha una gran maquinaria económica. Hoy búlgaros y rumanos intuyen un horizonte más próspero que hace un año al ir de la mano de Europa, aunque como bien dijo el presidente búlgaro, Georgi Parvanov, “nuestro éxito como país no depende de los fondos europeos, depende de nuestro trabajo”.

Álvaro Sánchez López