Y tras los atentados, llega el estrés post-mediático

Artículo publicado el 13 de Enero de 2016
Artículo publicado el 13 de Enero de 2016

Tras los atentados del pasado año, nuestra periodista sufrió en sus propias carnes una psicosis transitoria. Tras reflexionar sobre el tema en busca de respuestas, halló en el Trastorno por Estrés Postraumático unas cuantas, pero no todas...

Sucedió en 2015, 5.221 días después del 11 de septiembre, 354 días tras los atentados contra el Charlie Hebdo, 44 días después del 13 de noviembre, concretamente, el 28 de diciembre de 2015. Volvía de unas vacaciones en Grecia y me disponía a tomar el vuelo AF1533 con destino a París. Tres horas y pico de viaje, hora de embarque en punto, buenas condiciones meteorológicas, y hasta ahí, todo iba bien. Mientras espero, echo un vistazo a la cola de pasajeros frente a la puerta de embarque: familias, parejas, turistas, pasajeros bussiness... Y, de pronto, mi mirada se detiene en un hombre con barba y turbante azul. Sin pretenderlo, me veo a mí misma inmersa en un debate puro y duro sobre discriminación racial, y se me mete en la cabeza que el hombre en cuestión tiene todas las papeletas para ser incluído entre el grupo de "terroristas".

Seguimos con la historia del vuelo: Una vez superada la psicosis inicial, ocupo mi sitio en el avión y, como era de prever, el vuelo transcurre con normalidad. Ironías de destino: Tras aterrizar en París, aquel hombre, precisamente aquél, es el que me cede el paso en el pasillo del avión para salir. Una vez fuera, y ya en el aeropuerto, la presencia de militares armados y el restablecimiento de los controles fronterizos en el espacio Schengen me recuerdan que, efectivamente, mi psicosis no era solo fantasía y que, en realidad, el miedo sigue ahí.

Además de lo ridícula y tonta que me sentí en aquella ocasión, he de reconocer que cuando recuerdo aquel episodio lo hago con cierta amargura, hasta el punto que, aún hoy, no dejo de preguntarme en qué momento me contagié con las imágenes de los medios de comunicación que vinculaban a hombres barbudos con una situación de peligro. Mi psicosis transitoria, ¿surgió tras los atentados del 11-S o los del 13 de noviembre en París? ¿Cuándo empecé a tener miedo y a confundir "barba" con "terrorismo"?

El trastorno por estrés postraumático

Desde hace un tiempo, el denominado "Trastorno por Estrés Postraumático", o TEPT, se emplea para describir secuelas psicológicas como las que sufrieron los soldados americanos tras las guerras de Vietnam, de Irak o de Afganistán. Entre los criterios que se tienen en cuenta a la hora de diagnosticar ese trastorno, se encuentra la exposición a un acontecimiento traumático. En la página de la Fundación de enfermedades mentales, se describe en este sentido que la persona "ha vivido, ha sido testigo o se ha enfrentado a uno o varios acontecimientos durante los cuales la integridad física, propia o ajena, se ha visto real o potencialmente amenazada como consecuencia de las heridas graves efectivamente sufridas, o por un riesgo de sufrir esa situación o incluso la muerte".

Tras los atentados del 13 de noviembre, numerosos artículos periodísticos hicieron referencia a los riesgos que tenían los supervivientes y los testigos de los ataques de sufrir esta patología, pero ¿qué pasa con los demás? ¿Qué pasa con los ciudadanos cuya vivencia de los acontecimientos se limitaba únicamente a haberlos visto por la tele, oído por la radio o leído en los periódicos o en Internet? La exposición a las imágenes difundidas en directo por los medios de comunicación, ¿podría ser equivalente a haber "vivido" esa situación?

Está claro que el concepto de "Trastorno por Estrés Postraumático" resulta sin duda inadecuado para referirse al breve episodio de psicosis que viví en aquel avión. Si eso es así, ¿qué es lo que me pasó realmente? Hay que tener en cuenta que otro trastorno, en este caso el post-mediático (TEPM), podría definirse arbitrariamente como aquel desorden o alteración psíquica provocada por la exposición prolongada a imágenes difundidas por los medios de comunicación en el ámbito de la "información", en concreto, relativas a atentados terroristas. Este TEPM se manifiesta, según un listado no exhaustivo de síntomas frecuentemente observados, mediante un sentimiento injustificado de angustia, una reducción drástica de la actividad cerebral, un incremento rápido de los prejuicios existentes en la mente del sujeto, así como una situación de miedo que puede desembocar en la asunción de conclusiones precipitadas, erróneas e incluso delictivas. 

Hace algunos meses, estaba de viaje turístico por Nueva York, cuando una tarde escuché un ruído como el de un petardo, en los pasillos del metro, en el momento en el que me disponía a coger la línea "R". Recuerdo haber seguido caminando como si nada y recuerdo también que un hombre se puso a gritar: "It's not a shot!" (¡no ha sido un disparo!). Si bien en un principio, aquel sonido provocó alguna reacción espontánea -y dispersa- de alboroto e incertidumbre, todo volvió a la normalidad a los pocos minutos, tras escuchar la aclaración del hombre. Me acuerdo que en aquel momento pensé que algo así sería impensable en París: Los habitantes de la "gran manzana", que habían sufrido el 11-S y viven de cerca la cultura de las armas de fuego, podrían llegar a aceptar que aquel sonido procedía de un tiroteo en el metro. En París, sin embargo, ¿podría alguien llegar a preguntarse si aquel ruído era un disparo o una explosión?

El pasado 13 de noviembre, lo que hasta entonces yo creía impensable, se hizo realidad. François Hollande ya nos lo anunció: "El cambio es ahora". Cierto, desde los atentados de París, algo ha cambiado: Ahora soy consciente de que también yo soy un objetivo terrorista. ¿Quién hubiera creído que ese "ahora" llegaría tan deprisa?