Ya es hora de un relevo generacional

Artículo publicado el 20 de Mayo de 2014
Artículo publicado el 20 de Mayo de 2014

|Opinión| En vez de darle la es­pal­da al sis­te­ma de­mo­crá­ti­co, los jó­ve­nes ne­ce­si­tan ahora más que nunca par­ti­ci­par, salir a la calle y votar para pro­te­ger sus in­tere­ses, lu­char con­tra la dis­cri­mi­na­ción y sal­va­guar­dar la de­mo­cra­cia de un ata­que de la ex­tre­ma de­re­cha.

A menos de un mes de la ce­le­bra­ción de las elec­cio­nes eu­ro­peas, la Unión Eu­ro­pea se en­cuen­tra en una co­yun­tu­ra de­ci­si­va. En los úl­ti­mos cinco años, las de­sigual­da­des han au­men­ta­do rá­pi­da­men­te y la par­ti­ci­pa­ción po­lí­ti­ca ha al­can­za­do mí­ni­mos his­tó­ri­cos a me­di­da que los ciu­da­da­nos eu­ro­peos se han in­dig­na­do cada vez más con las po­lí­ti­cas de aus­te­ri­dad y la falta de ima­gi­na­ción de la clase po­lí­ti­ca. Nadie sien­te tanto esta an­gus­tia como los jó­ve­nes, con más de cinco mi­llo­nes de des­em­plea­dos me­no­res de 25 años en toda la UE.

Cuan­do el hu­mo­ris­ta bri­tá­ni­co Rus­sell Brand afir­mó el año pa­sa­do que nunca había ido a votar y que "el sis­te­ma po­lí­ti­co ac­tual no es más que un medio bu­ro­crá­ti­co para fa­vo­re­cer el en­ri­que­ci­mien­to y su­pe­rio­ri­dad de las éli­tes eco­nó­mi­cas" no solo atra­jo ti­tu­la­res, sino que tam­bién llamó la aten­ción de mu­chos jó­ve­nes can­sa­dos de la misma chá­cha­ra con­des­cen­dien­te que mu­chos po­lí­ti­cos de me­dia­na edad suel­tan en la cam­pa­ña elec­to­ral. Seis meses más tarde, el vídeo de su en­tre­vis­ta cuen­ta con casi 10 mi­llo­nes de vi­si­tas en el canal de You­Tu­be del pro­gra­ma News­night de la BBC, unos nueve mi­llo­nes más que cual­quier otro de sus ví­deos.

Aun­que es po­si­ble que la re­tó­ri­ca de Brand atrai­ga al des­ali­ña­do es­tu­dian­te anar­co­sin­di­ca­lis­ta que lle­va­mos den­tro, su dis­cur­so pre­sen­ta erro­res de base: a me­di­da que los jó­ve­nes se han apar­ta­do del sis­te­ma de­mo­crá­ti­co, sus in­tere­ses se han ido de­jan­do pro­gre­si­va­men­te de lado. En lugar de ma­ni­fes­tar­se, for­mar gru­pos de ac­ción co­mu­ni­ta­ria o mon­tar un grupo de cos­tu­ra de te­má­ti­ca po­lí­ti­ca, toda forma de ex­pre­sión po­lí­ti­ca entre los jó­ve­nes ha caído en de­cli­ve. En con­se­cuen­cia, los go­bier­nos de hoy en día están al ser­vi­cio de una abru­ma­do­ra ma­yo­ría de gente mayor, lo que pro­gre­si­va­men­te su­po­ne gente con más di­ne­ro.

No hay que irse más allá del Reino Unido para ver un ejem­plo de lo que ocu­rre cuan­do los jó­ve­nes se abs­tie­nen de votar. Los me­no­res de 30 años del Reino Unido son los que menos votan de toda la Unión Eu­ro­pea. Asi­mis­mo, este país ha pre­sen­cia­do al­gu­nas de las me­di­das más ar­bi­tra­rias en con­tra de la ju­ven­tud. Unas tasas uni­ver­si­ta­rias de más de 10.000 euros al año se­rían im­pen­sa­bles en otros es­ta­dos miem­bros donde es más pro­ba­ble que los jó­ve­nes mues­tren su des­con­ten­to en las urnas. El go­bierno ya ha pro­me­ti­do que eli­mi­na­rá el de­re­cho de los me­no­res de 25 al sub­si­dio por des­em­pleo en caso de que sea re­ele­gi­do. En cam­bio, a los ma­yo­res se les ha brin­da­do una mayor pro­tec­ción al con­ser­var el trans­por­te pú­bli­co gra­tui­to y la exen­ción del canon te­le­vi­si­vo. Y todo ello a pesar de que los ju­bi­la­dos han me­jo­ra­do re­la­ti­va­men­te su si­tua­ción eco­nó­mi­ca desde el inicio de la cri­sis, mien­tras que la po­bre­za in­fan­til y ju­ve­nil ha au­men­ta­do.

La tris­te reali­dad es que cuan­do los mi­nis­tros de Ha­cien­da aprue­ban pre­su­pues­tos de aus­te­ri­dad para los ma­yo­res co­me­ten sui­ci­dio po­lí­ti­co, pero cuan­do esas me­di­das de aus­te­ri­dad se di­ri­gen a los jó­ve­nes solo les es­pe­ran unas cuan­tas pa­la­bras duras en Twit­ter.

Sin em­bar­go, al mismo tiem­po está su­ce­dien­do algo aún más des­con­cer­tan­te. Ade­más de en­ca­mi­nar­nos hacia una so­cie­dad más de­sigual, tam­bién vamos ca­mino de con­ver­tir­nos en una Eu­ro­pa más xe­nó­fo­ba y na­cio­na­lis­ta a causa del lento avan­ce de la ex­tre­ma de­re­cha du­ran­te la cri­sis, que se apro­ve­cha del des­con­ten­to ge­ne­ral a raíz de la ines­ta­bi­li­dad eco­nó­mi­ca y que a la vez está avi­van­do ten­sio­nes ét­ni­cas y so­cia­les. La dia­tri­ba se­mi­po­lí­ti­ca de este tipo de mo­vi­mien­tos va to­tal­men­te en con­tra de los va­lo­res de nues­tra ge­ne­ra­ción: los jó­ve­nes somos más abier­tos, to­le­ran­tes y pro­gre­si­vos que las ge­ne­ra­cio­nes an­te­rio­res. No obs­tan­te, a los jó­ve­nes se les ha hecho sen­tir que no cuen­tan para nada, por lo que ellos mis­mos se han apar­ta­do del de­ba­te. Mu­chos de ellos miran ahora con pa­si­vi­dad el au­men­to des­pro­por­cio­na­do y pe­li­gro­so de sim­pa­ti­zan­tes de par­ti­dos que, en teo­ría, no de­be­rían ser más que una mi­no­ría im­per­ti­nen­te e irri­tan­te.

Los jó­ve­nes tie­nen que alzar la voz, reivin­di­car sus de­re­chos y exi­gir una Eu­ro­pa que esté de­fi­ni­da por la so­li­da­ri­dad y la to­le­ran­cia en vez de por la di­vi­sión, el miedo y el eli­tis­mo. Las redes so­cia­les, las ma­ni­fes­ta­cio­nes y la par­ti­ci­pa­ción en ONG son ins­tru­men­tos im­por­tan­tes para cam­biar la so­cie­dad, pero el más des­ta­ca­do sigue sien­do el más co­rrien­te de todos: mar­car una ca­si­lla en un papel. Con tan solo par­ti­ci­par en las elec­cio­nes, los jó­ve­nes au­men­ta­rán su re­le­van­cia y pro­mo­ve­rán sus as­pi­ra­cio­nes.

Puede re­sul­tar un fas­ti­dio votar a par­ti­dos que no han hecho lo su­fi­cien­te para pro­te­ger nues­tros in­tere­ses, o que se han man­te­ni­do al mar­gen vien­do los re­cor­tes en sub­si­dios por des­em­pleo casi sin re­chis­tar. Sin em­bar­go, cuan­do las elec­cio­nes aca­ben y se em­pie­cen a re­unir datos es­ta­dís­ti­cos, los po­lí­ti­cos verán que ahora tie­nen que tener con­ten­to a nues­tro grupo de edad para se­guir en el poder.  Si par­tien­do de ahí los jó­ve­nes se in­vo­lu­cra­ran en los par­ti­dos po­lí­ti­cos para re­for­mar­los desde den­tro, po­dría­mos pre­sen­ciar im­por­tan­tes cam­bios entre la situación actual y las pró­xi­mas elec­cio­nes. Del mismo modo, po­de­mos ayu­dar a que Eu­ro­pa no se con­vier­ta en un lugar pe­li­gro­so, reac­cio­na­rio y ais­la­do.

Que no te en­ga­ñen los que dicen que “todos los po­lí­ti­cos son igua­les”. Un rá­pi­do vis­ta­zo a la pá­gi­na my­vo­te2014.​eu te mos­tra­rá la di­ver­si­dad de pers­pec­ti­vas que hay. Lo que es aún más im­por­tan­te es que al­gu­nos po­lí­ti­cos creen en la to­le­ran­cia y la igual­dad y otros no. El reto es enor­me, solo ser­vi­rá una re­vo­lu­ción de­mo­crá­ti­ca. La ge­ne­ra­ción de nues­tros pa­dres está per­dien­do el con­trol eco­nó­mi­co y po­lí­ti­co de Eu­ro­pa. Nos toca a no­so­tros re­cu­pe­rar­lo.