Yalta sigue dividiendo a Europa

Artículo publicado el 10 de Mayo de 2005
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Artículo publicado el 10 de Mayo de 2005

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Guerra fría en el Parlamento Europeo: la "nueva Europa" no quiere conmemorar el final de la segunda guerra mundial en el viejo continente, sino condenar el comienzo del yugo soviético totalitario en el centro y el este europeo.

Coronas de flores, himnos nacionales, bandas de música y fanfarrias, alcaldes vestidos de gala, ex-combatientes y supervivientes en todas las ciudades de Europa celebran el 60º aniversario de la derrota nazi. Bruselas no tendrá que aprobar en este caso una directiva de armonización de las ceremonias conmemorativas con motivo del final de la segunda guerra mundial en el viejo continente. Al menos en lo que se refiere a Europa Occidental, ya que la conferencia de Yalta de febrero de 1945, que supuso la división del continente europeo en dos esferas de influencia, estadounidense y soviética, sigue dividiendo a "viejos" y "nuevos" europeos. ¿Continúa la guerra fría?

"Los occidentales no han sufrido como nosotros el telón de acero"

Campo de batalla: Parlamento europeo. Un puñado de eurodiputados bálticos ha propuesto una resolución para condenar el acuerdo de Yalta suscrito por Roosevelt, Churchill y Stalin, considerado el visto bueno de Occidente a la hegemonía soviética en Europa central y oriental. "Los occidentales no han sufrido como nosotros el telón de acero", explica uno de los promotores del texto, el socialista estón Toomas Ilves. Los distintos partidos políticos europeos se han dividido ante esta iniciativa, incluyendo el propio Partido Socialista Europeo. "Gracias al Ejército Rojo el nazismo fue derrotado poniendo punto final al horror de la Shoah", responde el presidente del grupo parlamentario socialista, el alemán Martin Schultz. Hoy mismo se ha llegado a un compromiso con la aprobación de una resolución que conmemora el "fin de la guerra".

¿El Muro de Berlín es un símbolo de libertad o de opresión?

Pero muchos de los "occidentales" a los que se refiere Ilves son antiguos "sesentayochistas" que, sentados en los cafés del bulevar Saint-Germain exaltaban la China comunista de Mao que se moría de hambre. Son los mismos ex pacifistas que, al tiempo que se manifestaban contra los euromisiles, hacían la vista gorda con el rearme soviético. Son los mismos que siguen, orgullosos, llamándose comunistas con la excusa de que Stalin derrotó a Hitler.

Sin embargo, algunos acontecimientos y preguntas sin clara respuesta siguen resultando embarazosos para una parte de Occidente: ¿El Muro que dividió Berlín durante 28 años era acaso era un símbolo de libertad? ¿Los tanques soviéticos que aplastaron a sangre y fuego la revuelta democrática húngara en 1956 eran fuerzas de paz o de represión? ¿Eran instrumentos de estabilidad las cabezas nucleares soviéticas que apuntaban a París, Londres y Munich? ¿Fue la libertad o la desesperación lo que llevó al estudiante Jan Palach a suicidarse, mientras las tropas del pacto de Varsovia acababan con la primavera de Praga?

Son cuestiones que el Parlamento europeo ha contestado con el lenguaje del compromiso, mezclando las medias palabras a las que nos tienen acostumbrados los dirigentes occidentales y la condena del régimen soviético estalinsta. Pero la paz en Europa no se logró en Yalta o con la muerte de Stalin. Bien al contrario, se debió esperar a la caída del muro de Berlín, a la alianza entre las democracias europeas y la norteamericana, y a la ampliación al este de la Unión europea. No-violencia, democracia, liberalización económica: ¿repetirá Europa el error de yalta con su periferia, o se contentará con pedir perdón –quizás dentro de 60 años– a los europeos oprimidos en Bielorrusia o en Chechenia?