“Yugonostalgia” en Sarajevo: de Che “Tito” Guevara a la necrofilia

Artículo publicado el 30 de Julio de 2012
Artículo publicado el 30 de Julio de 2012
¿Yugonostalgia? Solo la generación de edad más avanzada glorifica el pasado yugoslavo, asegura un colega bosnio. Sin embargo, la generación nacida después de 1990 también lamenta la pérdida del antiguo dirigente yugoslavo Josip Broz Tito, algo evidente en Sarajevo.
Aun así, tras el deseo de renacimiento de una utopía ya desaparecida se esconden a menudo el miedo al futuro y la frustración con el sistema político actual de Bosnia-Herzegovina.

“Tito es nuestro Che Guevara”, ríe tímidamente Goran Behmen. Este joven de 36 años se presenta arreglado a la cita, con camisa blanca y corbata azul celeste. Está sentado delante de un busto de bronce a gran escala de Josip Broz Tito, el dictador yugoslavo que gobernó el país hasta 1980. Le parece una tontería decir que la juventud de Sarajevo es yugonostálgica. Para la generación nacida en la década de los noventa, Tito es más bien un símbolo: “Lo ven como a un héroe. Tito es la mejor marca de Yugoslavia”. Goran es la cara oficial de la asociación Josip Broz Tito de Sarajevo (Društvo Josip Broz Tito Sarajevo), fundada en mayo de 2002 y que se ha propuesto informar “también sobre los logros positivos” del dictador: entre otros, la seguridad —pues se podía dormir tranquilamente en la calle—, el acceso libre a la cultura y la libertad para viajar.

Estaba en el punto de mira de los francotiradores hasta que lo trajeron aquí desde el ayuntamiento después de la guerra. Cada año, la asociación organiza debates y excursiones a su lugar natal en Croacia, así como una fiesta anual para conmemorar el cumpleaños de Tito (el 25 de mayo).

“No era una dictadura como Hungría, la República Democrática Alemana, Checoslovaquia o Rumanía”. El hijo del alcalde definiría a Tito más bien como “un socialista con rostro humano”. “No era el típico dictador, era más democrático. Un balcánico fuerte”. El 30% de los jóvenes bosnios que hoy forman la asociación también lo ven así.

“Pertenecemos a Tito y Tito nos pertenece”

Aida tiene una visión diferente. Para esta joven bosnia, la juventud del país no siente nostalgia en absoluto de los tiempos de Tito. Tenía exactamente 9 años cuando estalló la guerra. “Para ser sincera, nos importa una mierda”, sentencia esta couchsurfer. “En el sistema actual, lo único que queremos es salvarnos el culo, pero no nos acordamos del antiguo”. El recuerdo de la juventud de los estados balcánicos no es, sin embargo, una condición para ser yugonostálgico. La generación de sus padres transmite que la vida era más despreocupada en tiempos de Tito.

En efecto, un estudio del European Fund for the Balkans, que la empresa Ipsos llevó a cabo en 2011 con las generaciones nacidas en 1971 y 1991 en los antiguos estados de la República Federal Socialista de Yugoslavia, mostró unos resultados sorprendentes: la mayoría de los nacidos después de 1990 también creen que la vida en Yugoslavia, bajo el Gobierno de Tito, era mejor que ahora. Las únicas excepciones son Croacia y Kosovo. En Bosnia-Herzegovina, el 41% están convencidos de que la vida hoy día sería “mejor” si Tito aún llevase el timón. El 38,7% creen incluso que, de ser ese el caso, la vida sería “mucho mejor”.

Durante una visita a Sarajevo es imposible escapar de Tito. Retratos suyos cuelgan en las recepciones de los albergues, en las cafeterías, en los bares y aún siguen en la mayoría de los salones familiares bosnios. Goran Behmen se lleva las manos a la cabeza cuando le preguntamos si también tiene un retrato de Tito en su casa: “Dios mío, claro, lo tengo en el dormitorio”, ríe cortado. En las librerías, la biografía de Tito, todo un superventas, está junto a la del futbolista Zlatan Ibrahimović y un volumen con fotos de la masacre de Srebrenica. Incluso los jóvenes beben cerveza Sarajevskoen la cafetería Caffe Tito, hacia las afueras, a poca distancia de la universidad.

El interior del bar cercano a la universidad sarajevesa.

En la entrada, cuelga una gran pancarta que reza “Mi smo titovi tito je naš” (“Nosotros pertenecemos a Tito y Tito nos pertenece”). En la barra, se puede pedir el vino rojo y blanco del mariscal. No obstante, los jóvenes que este viernes por la tarde se acomodan en los cojines con motivos militares beben cerveza y fuman bajo sombrillas de Carlsberg, junto a los tanques del jardín. Dentro de la cafetería, se puede observar una pared repleta de fotos: Tito con Kennedy o Arafat, Tito en la playa, Tito navegando... Tito en cualquier situación de la vida.

“Aquí los jóvenes solo pueden mirar atrás. El futuro duele demasiado, aquí no se hacen planes”, explica Eveline Beens, una joven holandesa que, durante su carrera de Antropología, llevó a cabo en 2011 un estudio de tres meses sobre la yugonostalgia. La profesora de Harvard nacida en la URSS, Svetlana Boym, distingue en su libro The future of nostalgia entre nostalgia reflexiva y nostalgia restauradora. Según Eveline, la yugonostalgia bosnia es de naturaleza reflexiva “porque analizan la situación actual de su país de forma crítica, pero al mismo tiempo se queda exclusivamente en eso mismo: una crítica. No hay ni rastro de ganas de resurgimiento”.

Tras la barra de la cafetería Tito, Edo se ocupa de la máquina de café. Este joven de 24 años estudia Ciencias Políticas en Sarajevo. Para financiarse los estudios, trabaja durante la semana en la cafetería Tito. Para eso no hay que ser fan del dictador yugoslavo, pero Edo considera a Tito una leyenda: “Everyone loves him”, afirma en un buen inglés. Edo ve su futuro negro: en la política de Bosnia, solo se entra por enchufe y hay corrupción por todas partes. “Nuestros políticos no luchan por la gente. Tito defendía la fraternidad”.

“Tuvimos otros juegos y recuerdos de infancia. Ahora las niñas ya son adultas a los 12 años. Muchos dicen que eso es por la guerra”.

El culto a Tito no es solo cosa de hombres, como demuestran Jasmina y Alica en el Balkan Express: un bar de estilo yugoslavo en el que todavía se pueden hojear revistas originales de 1982. “Sí —dicen estas dos estudiantes de Lingüística de 21 años—, Tito era un poco dictador, pero funcionaba”. El hecho de que en los tiempos del mariscal se torturase a miembros de la oposición en la árida isla de Goli es una mancha negra en la historia de su país. Sin embargo, sería mejor recuperar el “respeto” de los tiempos de Tito que tener un 60% de paro juvenil.

Necrofilia y Jugonostalgija

“Pero si todo era tan maravilloso en aquella época, ¿por qué se fue por la alcantarilla?”, se pregunta un joven bosnio en el documental de Timur Makarević, Jugonostalgija, que se estrenó en el pasado festival de cine de Sarajevo. Querer sacar beneficio ahora con el pasado raya casi en la necrofilia. El director de esta pieza, de 36 años, se contiene con la nostalgia: solo la televisión era mejor. Timur dice que no aguanta el pop-rock yugoslavo: “Mejor Lady Gaga que Bijelo Dugme”, ríe. Sostuvo muchos acalorados debates con su colega, Mirza Ajnadžic, quien ha documentado y narrado la película.

Su documental es una de las 6 partes de la serie “Tales of Transition”.

Mirza sacude la cabeza. Este periodista de 25 años, que, entre otras cosas, trabaja para la radio estudiantil local eFM, está seguro de que el 99% de los jóvenes nostálgicos de hoy estarían en las cárceles yugoslavas: “Son demasiado liberales”, asegura. Aunque todavía sea un fan de las fiestas alternativas en los bloques comunistas y de la música de la antigua Yugoslavia, a través de su trabajo ha reflexionado sobre la yugonostalgia y ha preferido dejarla de lado: “No se puede hablar verdaderamente de yugonostalgia: los jóvenes solo quieren un sistema gobernado por el estado. El afecto hacia Tito existe solo debido a la situación política actual. Si les dieras a los jóvenes una nueva Yugoslavia, hoy no la aceptarían. Querrían tener cada vez más. Y este más no existió nunca en Yugoslavia”.

Este artículo forma parte de Orient Express Reporter II, una serie de reportajes sobre los Balcanes que ha sido desarrollada por cafebabel.com entre 2011 y 2012. Este proyecto ha sido cofinanciado por la Comisión Europea y cuenta con el apoyo de Allianz Kulturstiftung. Nuestro agradecimiento al equipo de cafebabel.com en Sarajevo.

Imágenes: portada, © Katharina Kloss; texto, © Alfredo Chiarappa.