Zbanic : "El sufrimiento de bosnia lo puede sentir cualquiera"

Artículo publicado el 21 de Mayo de 2014
Artículo publicado el 21 de Mayo de 2014

La cineasta Jasmila Zbanic está muy unida a la historia de su país. Utilizando diferentes perspectivas y a través de varias historias compartirá con nosotros el dolor y las cicatrices de Bosnia. Presenta su nueva película, la intensa y bella For those who can tell no tales y nos habla de atmósferas de rodaje y de las emociones que el trágico pasado de su país le hace sentir. 

"Bus­ca­ba crear algo que me ayu­da­ra a de­fi­nir a mi país vein­te años des­pués de la gue­rra" ex­pli­ca Jas­mi­la Zba­nic. Un amigo le habló de una obra de tea­tro es­cri­ta por la dra­ma­tur­ga aus­tra­liana y ac­triz Kym Ver­coa, ins­pi­ra­da por su pro­pia ex­pe­rien­cia en una ciu­dad bos­nia lla­ma­da Vi­se­grad. Cé­le­bre por su puen­te y su ar­qui­tec­tu­ra, se re­ve­la como el sím­bo­lo de las atro­ci­da­des per­pe­tra­das du­ran­te la gue­rra. 

Ca­fé­ba­bel: ¿Cuál es tu re­la­ción per­so­nal con la ciu­dad de Vi­se­grad? 

Jas­mila Zba­nic: Me en­te­ré de lo que pasó en Vi­se­grad cuan­do la gue­rra em­pe­zó en 1992, pero es­tu­ve allí solo una vez antes de la gue­rra, nunca des­pués. Está solo a una hora y media de Sa­ra­je­vo, pero se me an­to­ja más le­jano que París. Cuan­do de­ci­di­mos rodar la pe­lí­cu­la, se con­vir­tió tam­bién en una es­pe­cie de au­to­ex­plo­ra­ción; me hizo pre­gun­tar­me por qué es­ta­ba yo tam­bién ne­gan­do de algún modo lo que esta ciu­dad re­pre­sen­ta. Cuan­do vives en Bos­nia, es­cu­chas tan­tas his­to­rias tris­tes que tie­nes que ce­rrar los ojos y ta­par­te los oídos para poder vivir y se­guir ade­lan­te. Fue un ver­da­de­ro reto para mí rodar esta pe­lí­cu­la por el modo en el que la gente po­dría lle­gar a reac­cio­nar. Me asus­ta­ba, por su­pues­to.

Ca­fé­ba­bel: La at­mós­fe­ra de la pe­lí­cu­la es ver­da­de­ra­men­te tensa... ¿Es así como se sien­te uno en Vi­se­grad?

Jas­mila Zba­nic: Así es. Verás, fui­mos va­rias veces antes del ro­da­je. Pensé que se debía a que yo era cons­cien­te de lo que había pa­sa­do allí, pero más tarde co­no­cí a un mon­tón de gente que no sabía nada de la ciu­dad y afir­ma­ron tener la misma sen­sa­ción. Esos si­len­cios, el no ha­blar, todo eso ejer­ce una enor­me pre­sión sobre la ciu­dad en­te­ra.

Cap­tu­ran­do la carga poé­ti­ca

Ca­fé­ba­bel: Pero, al mismo tiem­po, posee cier­ta carga poé­ti­ca...

Jas­mila Zba­nic: Sí, es eso lo que me atra­jo. El puen­te es am­bi­va­len­te, por­que es her­mo­so en cier­to modo y es­tre­me­ce­dor a la vez. El río es pre­cio­so, pero cuan­do sabes que hay un mon­tón de ca­da­ve­res en él, el sen­ti­mien­to que te pro­vo­ca es di­fe­ren­te. Y esa am­bi­va­len­cia me gus­ta­ba, esa idea de que nunca pue­des estar se­gu­ro acer­ca de la be­lle­za de las cosas. 

Ca­fé­ba­bel: ¿Cuá­les fue­ron las con­di­cio­nes de ro­da­je allí?

Jas­mila Zba­nic: Yo ya había ro­da­do una pe­lí­cu­la en 2006 sobre vio­la­cio­nes en masa (Gr­ba­vi­ca, Oso de Oro en  la edi­ción nú­me­ro 56 del Fes­ti­val In­ter­na­cio­nal de Cine de Ber­lín) y los po­lí­ti­cos me acu­sa­ron en todos los pe­rió­di­cos de estar en con­tra de los ser­bios por afir­mar que se ha­bían pro­du­ci­do crí­me­nes de gue­rra. Cuan­do es­ta­ba­mos pre­pa­ran­do el ro­da­je ha­bla­mos con la gente de allí y nos di­je­ron que de nin­gún modo po­dría­mos rodar una pe­lí­cu­la de se­me­jan­te te­má­ti­ca, que no era se­gu­ro. Por suer­te, un amigo mío, un di­rec­tor ser­bio, ac­ce­dió a venir con no­so­tros, y de al­gu­na forma fun­cio­nó.

Trai­ler de For those who can tell no tales.

Ca­fé­ba­bel: ¿Cuán­do de­ci­dis­te rodar una pe­lí­cu­la ba­sa­da en esta obra de tea­tro de Kym Ver­coe? 

Jas­mila Zba­nic: En el año 2012 se cum­plie­ron 20 años del inicio de la gue­rra (yo tenía die­ci­sie­te cuan­do em­pe­zó) y me en­con­tra­ba en un punto ex­tra­ño en el que no era capaz de de­fi­nir­la, de me­ter­la en una caja y decir "ya está, eso es todo". Que­ría crear algo que me ayu­da­ra a en­ten­der cómo es mi país ahora. Bus­ca­ba una his­to­ria que cu­brie­ra este tema. Por ca­sua­li­dad vi la obra de tea­tro de Kym Ver­coe y supe que había en­con­tra­do mi his­to­ria. Me se­du­jo por­que habla de emo­cio­nes, de cómo este país es bello y ma­ra­vi­llo­so en la su­per­fi­cie, pero de que tam­bién hay mu­chas cosas que aún si­guen pa­san­do. Y así es como me sen­tía cuan­do es­ta­ba vi­vien­do en Bos­nia. 

Ca­fé­ba­bel: ¿Te sor­pren­dió que al­guien vi­vien­do en un país como Aus­tra­lia, tan lejos geo­grá­fi­ca­men­te, es­tu­vie­se in­tere­sa­do en Bos­nia?

Jas­mila Zba­nic: Sí, por su­pues­to. Kym (que in­ter­pre­ta su pro­pio papel en la pe­lí­cu­la) des­cu­brió Vi­se­grad por ac­ci­den­te, mien­tras via­ja­ba por los Bal­ca­nes. De­ci­dió visi­tar la ciu­dad y sin­tió algo muy pro­fun­do. Esto nos en­se­ña que todos los seres hu­ma­nos somos igua­les. No im­por­ta cual sea tu na­cio­na­li­dad, pue­des sen­tir las mis­mas emo­cio­nes bá­si­cas. No es solo su­fri­mien­to bos­nio; es un dolor que puede sen­tir cual­quie­ra.

crí­me­nes en­cu­bier­tos por el sis­te­ma

Ca­fé­ba­bel: ¿Son los crí­me­nes de gue­rra aún un tabú en tu país?

Jas­mila Zba­nic: El tema es que la gente que es­tu­vo con­tro­lan­do la gue­rra no tenía nada antes de que em­pe­za­ra, y ahora son mul­ti­mi­llo­na­rios, así que por su­pues­to les con­vie­ne que esta caja no se abra. In­ten­tan in­cul­car miedo y odio en la gente para que nadie pien­se que se han es­ta­do lu­cran­do con la gue­rra. El tabú pro­vie­ne de esta gente que aún os­ten­ta el poder po­lí­ti­co, con­tro­la los me­dios, la edu­ca­ción y la po­li­cía; están aún muy in­te­gra­dos en la so­cie­dad.

Ca­fé­ba­bel: Los co­ches de po­li­cía dando vuel­tas por las ca­lles de Vi­se­grad nos re­cuer­dan esta pre­sión po­lí­ti­ca...

Jas­mila Zba­nic: Sí, hay todo un sis­te­ma en­cu­brien­do estos crí­me­nes. En una ciu­dad tan pe­que­ña, cuan­do vie­nen ex­tran­je­ros, los ven como in­ves­ti­ga­do­res tra­ba­jan­do para tri­bu­na­les in­ter­na­cio­na­les, y de in­me­dia­to quie­ren ahu­yen­tar­los. Lo que pasó es que mu­chos cri­mi­na­les de gue­rra se que­da­ron en es­truc­tu­ras po­li­cia­les y tri­bu­na­les du­ran­te la gue­rra. A me­nu­do pen­sa­mos que, cuan­do esta ter­mi­na, todos los cri­mi­na­les de gue­rra des­a­pa­re­cen, pero lo cier­to es que a muy pocos se los juzga, y mu­chos se que­dan y viven vidas co­rrien­tes. 

Ca­fé­ba­bel: ¿Es esta una pe­lí­cu­la sobre el "deber de me­mo­ria"?

Jas­mila Zba­nic: Para mí, el prin­ci­pal im­pul­so de la pe­lí­cu­la son las ac­cio­nes de Kym, el modo en el que reac­cio­nó cuan­do supo de los crí­me­nes. Creo que, muy a me­nu­do, se nos en­se­ña a ser pa­si­vos en la vida, pero a veces pe­que­ñas ac­cio­nes pue­den ge­ne­rar reac­cio­nes en ca­de­na. Así es como es­cri­bió su obra de tea­tro y sur­gió mi pe­lí­cu­la, por ejem­plo. La his­to­ria viaja y la gente apren­de sobre el tema...

Ca­fé­ba­bel: ¿Qué te apor­ta per­so­nal­men­te el hacer pe­lí­cu­las sobre tu país?

Jas­mila Zba­nic: Elegí crear estas pe­lí­cu­las a causa de mi pa­sión, o mi ob­se­sión, por cier­tas emo­cio­nes y cues­tio­nes. Y para mí no tiene sen­ti­do hacer una pe­lí­cu­la si cuan­do la aca­bas estás en el mismo punto en el que em­pe­zas­te. Las pe­lí­cu­las me cam­bian, es­pe­cial­men­te cuan­do tra­ba­jo con un equi­po, y cuan­do cada miem­bro apor­ta su vi­sión al pro­yec­to. Tengo un equi­po eu­ro­peo muy só­li­do, y se con­si­gue una gran ener­gía cuan­do se tra­ba­ja con gente de di­fe­ren­tes paí­ses.