Zimbawe: ¿está el poder en manos de Suráfrica?

Artículo publicado el 14 de Febrero de 2005
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Artículo publicado el 14 de Febrero de 2005

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Frente al crecimiento de la violencia política en Zimbabwe, África del Sur apuesta por el diálogo, mientras que la Unión Europea y los Estados Unidos prefieren aplicar sanciones.

Después de unos controvertidos resultados electorales en las últimas elecciones parlamentarias de 2000, el otrora próspero Zimbabwe ha entrado en una peligrosa dinámica de violencia política. El presidente Robert Mugabe pierde popularidad desde su fracaso en el referendo sobre una nueva constitución poco consensuada en 2000 y una tímida victoria en las últimas elecciones presidenciales de 2002. Como reacción, y para recuperar la popularidad, el reelegido presidente Mugabe ha promovido la violación sistemática de los derechos humanos contra la oposición, el sistema judicial y las ONG extranjeras. Además, ha llevado a cabo una reforma agraria de expropiación de las tierras de los granjeros blancos para ganar popularidad y asegurarse la permanencia en el poder.

Así, hoy la popularidad de Mugabe ha aumentado, en parte porque su reforma agrícola permite soñar con un cambio del statu quo heredado de la época colonial. Mientras tanto, la inflación en 2003 ha sido del 431%, el PIB ha descendido un 13%, el desempleo sobrepasa el 80%, el 75% de la población vive debajo del límite de la pobreza y más de 3500 personas mueren cada semana a causa de enfermedades relacionadas con el SIDA.

Una “coalición blanca” a favor de las sanciones y una “coalición negra” por el diálogo

Con el fin de terminar con la violación sistemática de los derechos humanos, ha habido esencialmente dos tipos de reacciones a nivel internacional. De un lado, la comunidad “blanca” (Gran Bretaña, Nueva Zelanda y Australia), los Estados Unidos y la UE optan por aislar internacionalmente a Zimbabwe. Por otro lado, los Estados africanos de la Commonwealth y África del Sur optan por el diálogo.

De esta manera, los Estados Unidos y la UE han impuesto sanciones financieras y han impedido viajar al Presidente Mugabe y a 72 oficiales del gobierno y del partido después de que los observadores internacionales avaluasen las elecciones de 2002 como no libres ni justas. En 2004, la UE ha renovado sus sanciones iniciales. Zimbabwe es así un ejemplo de las “medidas adecuadas” que toma la UE a terceros países con los cuales tiene acuerdos de cooperación en caso de violación de los derechos humanos, activando la “cláusula de los derechos humanos”. Las sanciones, que incluyen el embargo de armamento, se han extendido acorralando también al jefe de la comisión electoral como responsable de los fraudes electorales, y al jefe de la comisión de medios de comunicación como responsable de la intimidación de periodistas y del cierre del único diario privado Daily News. En respuesta a los críticos que piden un endurecimiento de las sanciones, los ministros de la UE entienden que tal acción no haría sino perjudicar a la población: la diana es la elite política, no la economía. Sin embargo, los críticos piden sanciones específicas para las empresas y los familiares de los oficiales de Harare y su extensión gradual, a no ser que Mugabe empiece a cooperar con el opositor MDC y la comunidad internacional. En cualquier caso, el aislamiento internacional se está haciendo efectivo con la autoretirada de Zimbabwe de la Commonwealth desde el 12 de diciembre de 2003, después que fuera suspendido del comité de ministros de asuntos extranjeros de la misma en 2002. Pocos días después el Fondo Monetario Internacional empezó a estudiar su expulsión por no pagar y acumular una deuda superior a 273 millones de dólares.

Con una estrategia opuesta, el principal país vecino de Zimbabwe, África del Sur, utiliza una “diplomacia silenciosa”. La SADC apuesta por el diálogo para reconducir la crisis. Esto provoca que el principal partido de la oposición zimbabwense, el MDC, tilde al gobierno surafricano de colaborador de Mugabe, criticando por ejemplo el abastecimiento de petróleo a Harare. Inversamente, el gobierno de Zimbabwe critica a países europeos como Gran Bretaña, Finlandia, Alemania, los Países Bajos y Suecia como colaboradores de los opositores del MDC.

¿Cómo acabar con la violencia política sin estrangular el país?

Algunos observadores entienden que la estrategia surafricana está siendo más eficaz que unas sanciones ignoradas por Mugabe. África del Sur, el único Estado de confianza para Harare, es hoy el último puente que une Zimbabwe con la comunidad internacional. África del Sur tiene un gran interés por estabilizar un país con el cual hace frontera y no confía en una oposición que no es suficientemente amplia ni una alternativa viable. Para entender esta actitud, hace falta considerar las similitudes históricas entre Zimbabwe y África del Sur: ambos países tienen una creciente competencia por la tierra, en ambos la pobreza es extensa y el actual partido de gobierno era hasta hace relativamente poco un movimiento de liberación.

El papel central de África del Sur, sin embargo, no podría entenderse sin el aislamiento internacional que sufre Harare. Las víctimas del régimen recuerdan que el Congreso Nacional Africano de África del Sur luchó contra el apartheid duramente y no precisamente con una “diplomacia silenciosa”. La situación en Zimbabwe podría cambiar significativamente con una mayor presión por parte de Pretoria, aunque hoy no parece próxima la desaparición de la violencia y la persecución política, a tan solo escasos meses de las elecciones.