Zoé Valdés: "¡Basta de posturas políticamente correctas!"

Artículo publicado el 5 de Junio de 2006
Artículo publicado el 5 de Junio de 2006

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Zoé Valdés, escritora cubana de 47 años exiliada en París y autora de la reconocida novela Te di la vida entera, habla de su oposición al régimen castrista y de la necesidad de acabar con lo “políticamente correcto”.

Autora comprometida, Zoé Valdés nació en La Habana el mismo año en que Fidel Castro tomó el poder en Cuba. En su segundo libro, La nada cotidiana, publicado en 1995, denuncia el fracaso económico del régimen y la privación de libertades a los habitantes de la isla. Desde entonces se le considera persona non grata por el régimen cubano.

Tiene vínculos cubanos, nacionalidad española y vive en París: ¿se siente europea?

Soy cubana, con nacionalidad española y francesa desde hace algunos meses. Si me siento Europea, es sobre todo porque en el mestizaje cubano coexiste una herencia española y francesa muy importante. Además, vivo en Francia y me gusta la cultura de ese país. Me gusta su literatura, su pensamiento, el rigor que impone la lengua francesa. El exilio es a veces una fuente de inspiración, pero sigue siendo un castigo y no un regalo del cielo. Sobre todo cuando se trata de un exilio forzado.

Tiene prohibido volver a Cuba desde 1995, ¿qué piensa de la política de la Unión europea en lo que se refiere al régimen castrista?

Creo que Bruselas ha de actuar seriamente con Fidel Castro, porque es un verdadero tirano que siempre se sale con la suya. Se aprovecha del embargo económico de los Estados Unidos, de la decisión europea de restablecer los intercambios comerciales y del levantamiento de las sanciones. Lo que hay que exigir es la liberación de todos los presos políticos, sin excepción y sin condiciones. Y después, encontrar enseguida una solución pacífica para que Castro deje el camino libre a otros líderes políticos y a una verdadera democracia.

¿Cómo ve el futuro del continente sudamericano?

No soy ni una experta en política internacional, ni una astróloga. Sólo puedo afirmar que no me gustan para nada Hugo Chávez y Evo Morales, líderes populistas que apoyan a Castro, un dictador reconocido como tal. América Latina tiene una tradición de caudillismo y de corrupción bastante grande. Creo que América, de norte a sur, ha de abrirse al mundo. Las relaciones entre los países del continente han de mejorar: ya es tiempo de que sus gobiernos cesen de insultarse o de pelearse por tonterías. Nosotros, los cubanos, tenemos mucho de Europa, pero también de América del Norte. Pienso que la Unión Europea ha de considerar sus relaciones con América en general desde un punto de vista más humano, también comercial, pero humano ante todo. Algunos cubanos siguen trabajando en condiciones de esclavismo para empresas -la mayoría europeas- por un sueldo mísero, cobrando en pesos cubanos en lugar de en euros. La dictadura de Castro vuelve a la gente esclavos y otros abusan de esta situación.

Esta muy comprometida políticamente en contra de Fidel Castro: ¿considera que este compromiso es compatible con la literatura?

Si no dudo en expresar mis opiniones en la prensa, es porque no soy miembro de ningún partido político u organización anticastrista. Mi compromiso es personal y pasa por mi sufrimiento, mi vida, mi experiencia como cubana y escritora, lo que observo alrededor de mí y mi solidaridad con la gente de mi país. Otros autores latinoamericanos también se han manifestado en contra de las dictaduras en su momento. Gabriel García Márquez –salvo que él se muestra a favor de un dictador-, Isabel Allende o Luís Sepúlveda. Algunos escritores europeos y norteamericanos también han militado o militan contra la guerra, e incluso contra todo: Arthur Miller, Paul Auster, Susan Sontag: la lista es interminable. El compromiso es una cosa y la literatura es otra: es posible que se mezclen pero no de manera permanente. Hoy en día respetamos y admiramos a la gente que se implica en contra de Georges W. Bush o en contra de la guerra. Son causas políticamente correctas. Lo que es más difícil es llamar a las cosas por su nombre. Decir “¡basta ya!” a la dictadura de Castro, “¡basta ya!” al terrorismo sea cual sea o “¡basta ya!»”a lo políticamente correcto.