Zubr , un movimiento de oposición fuerte como un bisonte

Artículo publicado el 13 de Marzo de 2006
Artículo publicado el 13 de Marzo de 2006

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El objetivo de Zubr es establecer la democracia en Bielorrusia e integrar el país en la Unión Europea. La libertad de prensa es escasa, así que correr la voz no es nada fácil, pero Zubr tiene sus propios métodos.

El 14 de enero de 2001, cuarenta jóvenes se concentraron en el Parque Nacional Belovezskaya Puscha, el bosque habitado por zubr (bisontes) más grande de Europa, para fundar una nueva organización, un movimiento juvenil por una Bielorrusia democrática y europea. Antos Cialezhnikau -un joven estudiante bielorruso que tuvo que huir cuando la represión se intensificó en 2002- lidera Zubr desde Polonia y ante el resto de Europa. "Todo aquel que comparta nuestros valores (resistencia no violenta, solidaridad y valentía personal) puede ser parte de la organización. Queremos movilizar la sociedad civil a través de campañas, performances callejeras, graffitis, folletos, manifestaciones y protestas".

Zubr es todavía ilegal y raramente obtiene alguna autorización oficial. Cuenta con unos cinco mil activistas y más de mil voluntarios y se erige sobre una red de coordinadores repartidos por 152 municipios en el país. Hasta un millón y medio de copias de material impreso es distribuido cada semana.

Zubr mantiene una relación de apoyo mutuo con otras organizaciones de resistencia no violenta, como OTPOR en Serbia, PORA en Ucrania, KMARA en Georgia y YOX en Azerbaiyán, y como apunta Aliaksandr Atroshchankau, agente de prensa de Zubr en Minsk, "la característica común de la gente unida alrededor de estos grupos es que están dispuestos a sacrificarse por la democracia y la independencia de sus Estados. Sentimos las penas del prójimo y nos deseamos suerte en nuestras batallas. Se podría decir que es un claro ejemplo de hermandad: la familia entera lucha por la libertad".

Protesta no violenta para conseguir la democracia

Aliaksandr añade que "aquí la situación es muy diferente de la de Ucrania. Antes de la 'Revolución Naranja', existían algunos medios de comunicación independientes y oposición en el Parlamento; la represión contra la sociedad civil no era como la que sufrimos aquí en Bielorrusia. Después de la revolución, Ucrania dio pasos de gigante hacia la democratización. Los bielorrusos que participan en movimientos de oposición son plenamente conscientes del riesgo que corren de ser arrestados, despedidos de sus trabajos o expulsados de la universidad. Las autoridades están haciendo todo lo que pueden para marginar a esas personas del conjunto de la sociedad".

La relativa estabilidad económica y el comportamiento represivo de las autoridades son razones de peso para que los ciudadanos acepten el régimen actual con actitud pasiva. El escollo más importante en Bielorrusia es la falta de información, que desemboca en un miedo cada vez mayor a cambiar de sistema. Como Aliaksandr defiende, "los medios bielorrusos pertenecen a Lukashenko". Lukashenko cerró más de 25 puntos de venta de publicaciones independientes tan sólo en 2005. Como consecuencia, la comunicación hacia la población en general se realiza a la vieja usanza: gracias a las imprentas ilegales. Internet también gana enteros, a pesar de que el monopolio gubernamental ha generado tarifas de conexión caras, dejando en un 10 por ciento la población nacional con acceso a la red. Además, el Gobierno puede vigilar toda la actividad de Internet y, por tanto, tiene un fuerte control sobre ella.

Zubr ha establecido un acto especial que se celebra el día 16 de cada mes para protestar en apoyo a los presos políticos y para homenajear a las víctimas de la represión política. Esos actos cada día tienen mayor apoyo popular. Todo comenzó el 16 de septiembre de 2005, durante un mitin en Minsk dedicado a los desaparecidos Viktar Hanchar, político opositor, y Anatol Krasouski, empresario. La policía empezó a dispersar a los participantes y confiscó sus banderas. Un miembro de Zubr se quitó su chaqueta vaquera e hizo una bandera con ella. Fue duramente golpeado y pasó una semana en el hospital. Cuando fue puesto en libertad, se encontró con que varias personas llevaban lazos de tela vaquera para expresar su solidaridad con él. "Y decidimos en ese momento que el 16 de septiembre celebraríamos el día de la solidaridad. Cada 16 de cada mes, le pedimos a los bielorrusos que apaguen las luces de sus casas a las 8 de la tarde y que pongan velas en las ventanas durante 15 minutos", explica Aliaksandr. Desde entonces, cada día aparecen cientos de lazos vaqueros en monumentos, cancelas, farolas y en la ropa de gente joven, que las llevan por su cuenta y riesgo.

Bielorrusia: parte de Europa

Tanto a Antos como a Aliaksandr les gustaría ver un futuro donde su país estuviera integrado en la familia europea y de hecho se consideran a sí mismos europeos sin ninguna duda. Según Aliaksandr, "todos los principales Estados europeos tienen relaciones muy estrechas con el régimen, preocupándoles muy poco las violaciones de los Derechos Humanos y civiles. Me gustaría ver una declaración contundente de la UE que exija la libertad para presos políticos, el fin inmediato a la persecución política y en la que se establezcan las medidas adecuadas para los casos en los que se violen esas premisas". "Libertad, verdad y justicia son valores europeos fuertes", Antos añade, "y precisamente nosotros los estamos reclamando".

Para terminar con palabras de Aliaksandr, "la futura pertenencia de nuestro país a la UE no tiene sólo importancia política o económica. Es una cuestión de Historia. Tenemos que elegir ya entre el miedo y un futuro europeo".